La desgracia de tener ingenio

Julio César González • La Habana, Cuba

Conocí a María del Pilar Díaz Castañón en el año 2003 aproximadamente. La había visto un montón de veces en la Universidad, pero nunca habíamos hablado. Estoy casi seguro que fue Lourdes Morales quien nos presentó, pero no lo recuerdo. Estaba yo por ese año escribiendo un texto que se ofreció a leer y después me hizo un elogio: “Este es el libro de 300 páginas que te gustaría escribir; le faltan 200”. Yo quedé satisfecho. Si no hablaba muy bien de mis dotes como escritor y comunicador, algo decía de mi poder de síntesis. El texto nunca pasó de las 100 páginas que tenía en aquel momento, pero después de sus recomendaciones mejoró tanto, que dejé de envidiar a Michel Foucault durante una hora aproximadamente.

Imagen: La Jiribilla

Profesora titular en la Universidad de La Habana, María del Pilar Díaz Castañón se ha dedicado al estudio de la Historia más reciente de Cuba, y figura, entre sus méritos, el haber aunado a una parte de sus colegas y discípulos en la labor de desmontar, reconstruir y divulgar sucesos poco conocidos de nuestra historia u otros que fueran deformados por la mala praxis de los investigadores, por la reiteración o por los prejuicios y las modas de cada época.

Producto de su labor profesional y su colaboración con otros estudiosos, son los títulos Ideología y Revolución… y la colección “Pensar en Cuba”, compuesta por los volúmenes Perfiles de la nación I y II, Éditos inéditos…, y Prensa y Revolución: la magia del cambio.

La desgracia de tener ingenio, del sello de la Casa Editora Abril, es su trabajo más reciente. “Es un libro (…) para curiosos” que reúne 16 artículos escritos entre 2009 y 2014: “Aventuras, venturas y desventuras de una nota al pie”, “El cuarto Dumas” y “Allá va de nuevo”, son varios de los títulos recogidos en el volumen, donde algunos se combinan en función de reforzar una idea o contraponer dos realidades: “Notas sobre la sociabilidad francesa” y “Notas sobre la sociabilidad cubana”, “La desgracia de tener ingenio” y “La importancia de tener defectos”, “¡Buenos días!” y “¡Buenos días, Mirell!”, son algunos de los binomios.

Dispone el texto, además, de una introducción o preludio titulado “De cómo y por qué”, donde da cuenta del origen de estas crónicas:

“Los muchachos de la Facultad de Filosofía e Historia —nos dice la autora— querían sacar un boletín (…), pero había que llenar cuatro páginas a dos columnas. Y tenían que ser en lo posible, interesantes, simpáticas y que hablaran de esos terribles acontecimientos que solo se entienden desde una especialidad condenada a leer muchísimo y escribir un poco”.

El dato, por supuesto, no debe asumirse como verdad sin ser sometido a crítica.

La Historia, según se desprende de las páginas de su libro, es una invención que cambia con el paso del tiempo y la necesidad de los hombres de interpretarla en cada época, por lo cual un investigador debe poner en duda las conclusiones a que arribaron sus colegas en el pasado… también a las que arriban sus colegas en el presente.

Por ejemplo: Por qué alguien sacaría un boletín así, porque sí, y mucho menos uno de filosofía.

Alguna razón tendrían los muchachos, pero al no explicarla Pilar, ya verán las cosas que dirán los historiadores pasadas algunas décadas.

Advierto, de igual modo, que no hay que asustarse por el uso de la frase “terribles acontecimientos”, pues la autora —partiendo del principio de que el aprendizaje no tiene que ser tedioso—, nos conduce a la reflexión por medio del humor, tratando asuntos tan antiguos como la toma de la Bastilla o tan contemporáneos como la estulticia, que no es privativa de ningún tiempo.

Devela el libro, también, algunas de las herramientas que permiten al investigador llegar a una conclusión o plasmar una idea, y que forman parte del cómo al que alude la autora en el prefacio.

En el primero de sus artículos —“Aventuras, venturas y desventuras de una nota al pie”—, nos habla del sistema de referencias en los textos de ciencias sociales, el cual contribuye a preservar su ilación y su apariencia científica.

La autora, en este caso, no solo explica la utilidad de una nota y en qué lugar ponerla, sino también los desvelos que puede ocasionar un apunte por simple que parezca.

Aunque no queda asentado en el cuerpo del artículo, el texto parece advertir que el éxito científico de una investigación es proporcional a la capacidad del investigador para desvelarse, lo cual tiene el mérito de enseñar a sus alumnos, en este caso a sus lectores, que es válido perder el sueño por alcanzar otro, lo cual no es necesariamente una paradoja.

Dos artículos más adelante, este se titula “La importancia de tener defectos”, está abordando un tema tan “sencillo” como la identidad o qué cosa es un ser humano, para lo cuál nos remite al cuento “¿Existe realmente Mr. Smith?”, de Stanislaw Lem, que no es mejor que “Nightfall”, de Isaac Assimov.

¿Sabías eso?

Una vez que uno se entera que Mr. Harry Smith es una máquina con medio hemisferio  cerebral o medio hemisferio cerebral acoplado a una máquina —ese es el dilema—, se siente abrasado por el deseo de leer el cuento de Lem y, por qué no, también el de Assimov, que no tiene nada que ver con el artículo.

Y un poco más adelante, dejando por medio “El cuarto Dumas”, “Notas sobre la sociabilidad cubana” y “La desgracia de tener ingenio”, llega el turno de “My dear Holmes”, que da deseos de ver a Sherlock en su versión rusa por eso de los estereotipos, y de  aprender los nombres de todas las actrices y de todos los actores a los que Pilar menciona, para poder presumir de cinéfilo con los amigos.

Por supuesto, que un poco antes te lamentarás por no haber visto —en vivo y en directo— el mítico recital de Les Luthiers en el teatro Mella el 18 de marzo de 1984.

El resto de los artículos tratan sobre la estulticia, las expectativas (entrecomillas o no en dependencia del lector de "Se vende"), la doble moneda (el peso-peso y el peso-cuc) y la cortesía, que la autora busca sin mucho éxito en las páginas de “Buenos días Mirell” y “Buenos días”.

En contraposición a lo que pueden esperar muchos lectores de un profesor veterano, en este caso una profesora, La desgracia de tener ingenio  resuma humor y echa mano a la ironía y al absurdo.

Recuerdo, que una vez que tuve el libro y revisé el índice y algunos párrafos, quise leer todos los artículos… Pero no uno primero y otro después, sino todos a la vez, lo cual no pude conseguir hasta practicar lo suficiente.

(Por supuesto que no es verdad, no pierda el tiempo intentándolo).

Vale destacar, en otro sentido, el uso racional de las imágenes, que comienzan por la carátula —ilustrada por una puerta—, la cual  parece recordarnos el ingenio humano (no olviden que las primeras habitaciones de los hombres no las tenían), aunque también pudiera advertirnos que estamos a punto de descubrir un secreto una vez abierto el libro, o que, a pesar de tratarse de textos que abordan temas de actualidad desde una perspectiva hermenéutica, pudiéramos cogernos cualquier parte de la anatomía con la carátula.

Y todo eso sugerido por una simple puerta.

En su interior, cuenta el libro con 16 ilustraciones a página completa, que en cada caso preceden el artículo y van desde una caricatura de Dumas hasta un grupo de monedas, después de haber pasado por un inodoro... Me refiero a las imágenes, por supuesto, no a las monedas de un peso y 10 centavos de c-u-c que aparecen en la foto.

Aclara Pilar, desde la segunda página de su libro, que el mismo está conformado por “comentarios de lo que ve y cómo lo ve”, lo cual lo convierte, también, en un libro sobre nuestra historia más reciente, la condición humana y el día a día, que incluye un pelador de papas para zurdos y un equipo de televisión rebajado de precio por el simple defecto de no tener tubo de pantalla.

“Algo anda mal, y no precisamente en Dinamarca”, dice uno de los artículos.

La desgracia de tener ingenio es un libro divertido, que recuerda la Caída y decadencia de casi todo el mundo a manos de Will Cuppy, la visión de Juan Ángel Cardi de Eso que llaman “civilización” o la Leve historia de Cuba, vista por los narradores Enrique Del Risco y Francisco García.

Si usted sonrió alguna vez con Les Luthiers ayudará al éxito de este libro, pero si nunca entendió a Les Luthiers no se preocupe.

Según refiere Pilar al final del texto introductorio, La desgracia de tener ingenio es un libro para todas las audiencias, todos los oficios y todas las edades. Basta con que el receptor sepa reír, solo eso.

Lo único que se me ocurre decir a modo de conclusión es que no tema ser ingenioso… La desgracia de tener ingenio quizá lo vete para obtener el Premio Príncipe de Asturias, pero si escribe un libro como el que hoy presentamos no le faltarán lectores.

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