Julieta Fierro: ¿Hacer ciencia?, como andar en bici

Celia Medina • La Habana, Cuba

Qué es un hueco negro, cómo se forman las galaxias, cuántas estrellas hay en el universo fueron algunas de las preguntas que Julieta Fierro contestó este sábado, entre bailes y risas, en la sala Alejo Carpentier de La Cabaña, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana. Leyó bien: entre bailes y risas, entre canciones incluso. Y no, no era una presentación para niños… se trata de una manera distinta de concebir la ciencia, de ponerla en escena, porque la ciencia no es cosa de genios, de observación contemplativa, sino de hacer: “como cuando quieres aprender a andar en bici, no hay de otra”.

Imagen: La Jiribilla

Cuarenta libros, concepción y construcción de museos y observatorios en México, Puerto Rico y EE.UU., artículos para periódicos y revistas de educación y divulgación de la ciencia, diseño de talleres y conferencias en diversos países avalan la labor de la astrónoma mexicana: “todo lo que he podido hacer lo he hecho… con tanta edad…”. Como es difícil ocultar la perplejidad, sobre todo si sabemos que siempre quiso ser acróbata, que llega por azar a la astronomía, “porque era tonta”, según su hermana mayor, Julieta procura restar importancia a la conversación, como si fuera posible: “descubrir una estrella es fácil, porque hay tantas”.

La cosmología, que es decir el origen y evolución del universo, determinar los elementos químicos de los gases que están entre las estrellas y cuántas han vivido en esos espacios, en qué tiempos se formaron, cómo cambian los componentes químicos en las galaxias, cómo están conformadas, constituyen los actuales campos de estudio de la investigadora… pero, haciendo memoria, todo comenzó con un cometa: “siendo muy pequeña mi papá me despertó para ver un cometa, debo haber sido muy pequeña, porque me levantó en brazos para asomarme a la ventana, me pareció maravilloso. Después fui a un colegio francés, no entendía nada, pero sacaba 10 en matemáticas. A partir de ahí dije: voy a ser científica, nunca lo dudé. En la universidad matriculé en la Facultad de Ciencias. Había un anuncio, que creo era equivocado, que decía: Carrera de astrónomo, matriculé algunas asignaturas que me fascinaron y a eso me dediqué”. Por aquí empieza esta entrevista, que tiene como preámbulo la conferencia interactiva en la sala Carpentier. Julieta continúa regalando sonrisas, no importan el bullicio de la Feria ni las preguntas que se suceden. Tampoco los prejuicios que atraviesan el campo de las ciencias en torno a las mujeres:

“Por fortuna han cambiado las cosas. Cuando matriculé en la universidad en muchas materias éramos muy pocos alumnos, en algunas yo era la única mujer. He ido a congresos a Alemania o Japón donde soy la única mujer. Se han hecho muchos estudios y se ha descubierto que las mujeres no hacen carreras científicas porque creen que no van a poder. Pero las investigaciones han demostrado que son construcciones, que nos va igual de bien, pero las chicas creen que no pueden. Donde está peor es en las físicas: las mujeres comienzan pero luego se casan y dejan los estudios”.

Usted ha defendido la inversión de nuestros países en ciencia y tecnología, en el impulso de las ciencias básicas…

Claro. Por ejemplo, pondré el caso de la astronomía: si quieres estudiar el universo, o sea, las galaxias, las estrellas, la materia oscura… y quieres saber el origen y la evolución de los astros, los planetas, los cometas… debes basarte en otras disciplinas: las físicas, las matemáticas, la biología, la química. Hay quien puede preguntarse por qué los países pobres deben dedicar tiempo y recursos a las ciencias básicas, pero las ciencias básicas siempre acarrean tecnologías que sirven para otras esferas de la vida.

Creo que todavía nos mata la colonia, sentimos que no podemos, en muchos de nuestros países hay mucha pobreza y prima una visión asistencial del problema; tenemos que transformar nuestras realidades: en México la educación es muy pobre, hay muchos analfabetos, la calidad de la educación no es buena, hay muchísimos conflictos… si no trabajamos con las comunidades, si no limpiamos el ambiente que rodea a las escuelas, nunca vamos a tener educación de calidad.

Pero repito, conviene invertir en ciencia y tecnología, de lo contrario no vamos a resolver nuestros problemas propios y los países desarrollados no tienen por qué solucionarlos por nosotros. La ciencia ayuda a resolver todo tipo de problemas.

Julieta, usted se ha pronunciado por la exportación de cerebros desde nuestros países…

México exporta muchísimos cerebros y también Latinoamérica. Diferentes naciones reciben a este talento, que llega de todo el mundo. Hay gente que se queja de eso, pero yo creo que cada vez la ciencia es más internacional: con Internet puedes estudiar en Hong Kong, trabajar en Sigapur y tener colaboradores en Sudáfrica. Los países no pierden: sus profesionales se vinculan con grandes proyectos mundiales y pueden utilizar los instrumentos de esos espacios.

Paralelamente a su labor como divulgadora de las ciencias —pienso en sus 40 títulos, en su acompañamiento a la construcción de museos, en su trabajo con publicaciones de diversa índole— ha mantenido sus investigaciones… de regreso de esas incursiones, ¿cómo la recibe el campo científico?

Se ve un poquito feo a los que hacen divulgación, pero ya no les queda otra que soportarme.

Usted rompe moldes, quiero decir, transgrede las formas tradicionales de enseñar las ciencias…

Siento que las ciencias se tienen que entender y tienen que agradar, en una conferencia las personas no aprenden nada, lo que pueden aprender es que la ciencia no es necesariamente terrible. Regalo libros en mis presentaciones porque si alguien está interesado en un tema tal vez después revise el texto, o se lo regale a un vecino que termine leyéndolo. Ahí se puede dar el aprendizaje.

¿Siguiendo estas premisas es que se hace del mambo a Galileo?

Sí, mandé a hacer Y sin embargo se mueve para el Año Internacional de la Astronomía, que fue el año de Galileo; tenía un grupo de mamberas e íbamos por el mundo con nuestro número, hasta en el Zócalo de la ciudad de México nos presentamos. He hecho relajo y como ya estoy vieja hago lo que se me da la gana.

Ha apostado también por la televisión…

Pues sí, ando inmersa en un proyecto de televisión que va a salir, Sofía Luna, donde soy una investigadora que está en el espacio… es para niños, se me antoja mucho y nunca había hecho una serie con directores, productores, directores de cine, o sea, 46 personas pendientes de todo y yo leyendo de un tele-prompter… fue muy emocionante.

Pero había hecho otro programa para televisión, Más allá de las estrellas…

Sí, pero era diferente, yo llegaba y echaba mi rollo. En esta nueva serie trabajo más como actriz y estuvo muy divertida.

¿Sostiene, como dijo en la conferencia, que la tragedia de la ciencia es que hay que hacerla para entenderla?

Sin duda, por eso los museos que diseño son de interacción, no son contemplativos, son museos donde se pueden manipular los materiales. Ver a alguien hacer cosas es un método muy ineficiente, aprendes cuando haces: si quieres aprender a andar en bici tienes que subirte a una, no hay de otra. 

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