Rockeros tocan el cielo con Dead Daisies

Michel Hernández • La Habana, Cuba
Lunes, 2 de Marzo y 2015 (12:25 pm)

Imaginen cientos de personas viajando en grupo a La Habana con la certeza de que podrán ser parte de una de esas experiencias que vale la pena vivir, aunque sea para decir yo estuve ahí. Imaginen un atestado teatro al que no le cabe un alma más y en las afueras aguarda un público enfebrecido para tratar de hacerse un hueco en el concierto de unos malditos genios del rock and roll. Imaginen unas cuantas le­yendas del mapa mundial de la música que se comen el escenario despachando unas cuantas dosis de canciones con sa­bor a carretera, a viaje por las cañerías del mundo, a bares y a noches de celebración. Imaginen eso y mucho más y podrán acercarse, solo acercarse, a lo que ocurrió hace apenas 72 horas en La Habana, cuando los Dead Daisies debutaron a lo grande en el Maxim y más de 500 cubanos tocaron el cielo del rock and roll.

Imagen: La Jiribilla

No era demasiado difícil vaticinar que el concierto de Dead Daisies en Cuba iba para histórico y el grupo hizo honor a los pronósticos con un show impresionante, in­tenso y contundente, en el que el pasado de lo que se entiende como rock adquirió una dimensión mítica. Los Dead Daisies, liderados por el guitarrista David Lowy, abrieron fuego con It´s gonna take time en un show impecable en el que todos los mú­sicos tocaron con precisión fo­rense y descubrieron al público alguno de esos se­cre­tos que solo se conocen después de ha­ber muerto mil veces y vuelto a resucitar en las catacumbas del rock and roll.

Frente a un público que no paraba de vitorear a sus ídolos, la banda, que tuvo co­mo teloneros a los locales de Anima Mun­di y se hizo acompañar de la baterista cubana Yaimí Karell, desplegó cada tema con una técnica perfecta y un poderío vocal que en más de una ocasión pusieron la sorpresa y el susto en la cara de muchísimos rockers que poblaron el Maxim. Y es que John Corabi vol­vió a ratificar  que es uno de los grandes vo­calistas del mundo del rock, aunque una par­te de la crítica y de los fans a Motley Crue no haya comprendido  ca­balmente sus aportes en el disco homónimo de la banda en 1994.

Corabi dominó a sus anchas el escenario. Se desplazó con extrema facilidad de un registro a otro defendiendo cada tema con una potente y a veces desgarrada voz en la que se podía escuchar el espíritu más intratable del metal hasta los ecos del glam y el grunge. En varias ocasiones, abandonó el escenario para perderse detrás de las panderetas. Se sabía, en ese momento, que su puesto solo podía ser ocupado por otro vocalista que también pudiera considerarse un tesoro mundial del rock. Y ahí entró en juego Bernard Fowler, que puso su garganta stone al servicio de un directo en el que también se escucharon temas iconos como Evil, de Howlin‘ Wolf , y Helter Skelter,  de Los Beatles. En este último los Dead Daisies, quizá sin saberlo, cometieron un acto de justicia al llamar a la cantante cubana Beatriz López, de Tesis de Men­ta, quien ofreció un magistral desempeño y de seguro cumplió otro de sus sueños al com­partir escenario con estas figuras que forman parte de sus héroes mu­sicales. Poco antes el grupo también le había cursado una invitación al líder de Te­sis, Roberto Perdomo, otro de los músicos lo­cales que defienden con dignidad el rock clásico en la Isla.

Si bien salió a la ruta hace apenas tres años, la banda ya ha publicado algunas canciones imperecederas como Yesterday, que fue esta noche otro de sus caballos de batalla. La misma suerte corrió Angel in your eyes, de su primer Ep Face I Love. Muy pocos les sacaron los ojos de encima a los magistrales performances de los ba­jistas Marco Mendoza y  Darryl Jones, el tecladista Dizzy Reed y el guitarrista Ri­chard Fortus. Fortus sabía muy bien que en el planeta que estaba esa noche el nombre de Guns N’ Roses significaba mu­cho y facturó sin detenerse poderosas interpretaciones que rindieron a un público que en un inicio, como era de esperar, avivó la controversia comparándolo con ese fuera de se­rie que es Slash. Pero el bueno de Fortus no se hizo el tímido y desafió las sombrías amenazas de las comparaciones para convertirse, de paso, en otra de las es­trellas de la noche.

Hablando de momentos memorables sería un pecado de lesa humanidad pasar por alto el casi inhumano virtuosismo de Brian Tichy. Al drummer no le bastó con sudar a conciencia detrás de las baquetas y entregarse a la música como si se tratara de un acto de fe. De ahí que después de dejar en claro que es uno de esos bateristas imprescindibles en cualquier formación se empeñó en cerrar con broche de oro su trabajo en la retaguardia de las margaritas muertas. Y lo hizo con una interpretación que prendió fuego en la cabeza y dejó en la boca la sensación de haber visto uno de esos momentos que se dan muy pocas veces en el rock. Tichy arrojó las ba­quetas a los espectadores para despachar un im­presionante solo con las manos (sí, con las manos) como si fuera lo más natural del mundo, una técnica que solo los monstruos del rock pueden desplegar con éxito sin naufragar en el camino.

Muchos cubanos de todas las generaciones despertaron hoy con el sueño de ver nuevamente en vivo a una banda que, como ya dijimos, resume una parte de la historia del rock.Y los Dead Daisies han de­mostrado que no solo se hacen responsables de los sueños, sino también de sus consecuencias. Así que para esta noche en el Salón Rosado se vivirá la segunda parte de una historia que cobró fuerza con esta banda y que quizá, para un futuro cercano, guarde otros capítulos memorables.

Fuente: Granma

 

 

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