Manuel=Manuel, siempre Manuel

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Una vez más, Ediciones Matanzas obsequia el tesoro de un libro bien cuidado, con el sello particular del extraordinario diseñador Johann Trujillo, aunque el reto fuera inmenso: un cuaderno dedicado en textos y dibujos al mayor humorista gráfico de Cuba de los últimos 50 años (y más, me atrevo a decir). La periodista Lis García Arango realizó uno de esos trabajos que merecen gratitud eterna: indagó sobre la vida y el quehacer de Manuel, recopiló informaciones entre amigos, familiares y colegas, hasta conformar una exquisita galería de testimonios a la que se añaden, claro está, imágenes de algunos de los dibujos humorísticos y fotos personales del maestro.

Que Manuel es el paradigma del humor gráfico cubano no es sorpresa para nadie, pero que se recojan en vida tantos criterios sobre su obra, y al mismo tiempo se ofrezcan de forma amena, sin ínfulas ensayísticas de tal vuelo que resulten incomprensibles para el gran público, sí es digno de reconocer. Supe que Manuel no asistió al lanzamiento de su libro Manuel = Manuel, programado en la Feria Internacional del Libro de La Habana, con lo cual, según Jape (uno de sus más férreos admiradores, cuyo testimonio aparece en el libro) comentó que se trataba de un curioso hecho, porque era algo así como “Manuel sin Manuel”, algo típico de la modestia del hombre cuyo arte, al decir de la crítica Adelaida de Juan “comunica inmediatamente algo que a nosotros nos interesa, esa capacidad grande de encontrar el tema, comentarlo como nosotros quisiéramos haberlo comentado y plasmarlo en un dibujo de una manera que nunca fue hiriente, con gracia, con gran vigencia, tocando puntos cardinales de la vida cotidiana del cubano de la época”.(p.78)

Además de la familia inmediata de Manuel (cuya valoración es justa, a pesar del elemental lazo afectivo), opinan muchos artistas de variada naturaleza, como el narrador Leonardo Padura, el periodista Enrique Núñez Rodríguez, el crítico Alejandro Alonso, la ceramista Isabel Gimeno, el pintor Nelson Domínguez, la poeta Carilda Oliver, el dibujante Juan Padrón, entre otros, y claro está, sus compañeros de trabajo, sobre todo aquellos que tuvieron la oportunidad de disfrutar de su compañía y del magisterio que sin querer prodigaba Manuel. Ares, Adán Iglesias, Jape, Laz, Pitín, todos ofrecen la admiración y el respeto hacia quien (también sin proponérselo) ha obtenido importantes reconocimientos. Cuando leemos su larga lista de Premios, no queda más alternativa que rendirnos ante su proverbial sentido de la humildad: Gran Premio Esopo de Oro, Medalla Pablo Picasso, Premio Nacional de Periodismo José martí, Premio Nacional del Humor, y su nombre figura entre los 100 mejores caricaturistas del mundo del siglo XX.

Me gustaría destacar un nombre de entre los testimoniantes, porque se trata de otro de los grandes, sin cuya evocación hubiera resultado incompleto el retrato de Manuel, y la historia del humorismo gráfico cubano: Alberto Morales Ajubel, conocido por su apellido materno. Este excelente dibujante, radicado en España desde hace muchos años, no tuvo reparos en reverenciar a quien considera uno de los gráficos más agudos e inteligentes que haya conocido: “Cuando me refiero al DDT, digo que poseíamos talento menos él, que era el genio del grupo. […] Le estoy agradecido por la generosidad con que compartió sus conocimientos y el ofrecimiento de su amistad. Soy mucho Manuel, porque en mi estructura, en el andamiaje de mis experiencias, está Manuel”. (pp.63, 64)

Los siete capítulos que conforman Manuel = Manuel permiten no solo el acercamiento a esta gran figura, sino un recorrido temporal y temático de su obra, hasta llegar a la actualidad. Así, «Añoranza de una época; «Ilusiones encontradas», «Elevando el vuelo», «Memorias de DDTeros», «Visionando el mundo», «De vuelta a los orígenes» y el «Testimonio Gráfico», a la manera de una estructura arquitectónica, permiten el soporte sobre el cual se erige la mejor radiografía que hasta el presente se haya realizado sobre el inmenso creador que no asistió al lanzamiento. Quizá no hizo falta verlo de cuerpo presente, tal vez su ausencia forme parte de su inagotable caudal de chistes, porque ya se sabe, Manuel es como sus dibujos, y disfrutar de este libro es volver a sentirlo, pequeño y gigante, risueño y laborioso, siempre amado, y siempre medio escondido, aunque guarde en alguna gaveta el montón de medallas que ha ganado en su vida.

Notas:
1. Manuel es Manuel, Ediciones Matanzas, 2014, p.p. 78
2. Ibídem, p.p. 63-64

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