Violencia contra las mujeres:

Desafíos para su tratamiento en la prensa cubana

Helen Hernández Hormilla • La Habana, Cuba

Un joven que abuchea a la novia en plena calle; la adolescente cambiando de acera para no transitar entre el grupo de hombres reunidos en la esquina; el cuerpo semidesnudo de una rubia en la portada del disco Éxitos del reguetón 2014 que exhibe un vendedor ambulante por la calle 23; la madre-esposa-profesional cargando 6 kilogramos de viandas y vegetales para alimentar a su familia; la historia de la vecina violada; la confesión de la amiga manipulada y subvalorada por el novio tan simpático que conocí el otro día; el rumor sobre la que mató su marido cuando “la cogió con otro”; las secuelas psicológicas en la que ha sufrido los golpes del esposo y el abuso sexual del padrastro; el hermano gay burlado por los amigos; la talentosa colega tildada de histérica y loca; la televisión y el paquete con sus videos clips retumbando el cerebro; los realitys shows y las series sexistas entre lo más gustado del banco de películas; las patéticas versiones nacionales para Nuestra Belleza Latina y La Voz Kid; las escenografías con modelos silentes escoltando a presentadores masculinos…

Esa es la violencia de género. Está ahí, latiendo en casi todos los espacios que habitamos, subiendo los decibeles como en una fiesta de barrio y dejando secuelas indelebles, aunque algunas logren sobrevivirla.

No siempre se ve, pero se percibe aguda, aun cuando no se llega a definirla con criterios académicos o no exista conciencia sobre su origen social y las múltiples formas en que se manifiesta. La agresividad machista, ejercida casi siempre contra las mujeres y las niñas, afecta a millones de seres humanos en el mundo y Cuba no se encuentra exenta.

Se trata de un problema social extendido, un asunto público y una responsabilidad de Estado, que no disminuye a pesar de la participación social femenina en los últimos 50 años de Cuba. Como fenómeno nos alcanza a todas, porque sus bases parten de procesos subjetivos de poder muy arraigados en nuestras culturas.

Convendría razonar los porqués de la invisibilidad, de la aceptación acrítica de múltiples manifestaciones de maltrato que tienen como origen las inequidades entre lo femenino y masculino, impuestas “caprichosamente” por la sociedad, la historia y las prácticas cotidianas. Para desentrañar la naturalización de esos daños debemos comprender, en primer término, las causas culturales de la violencia machista, asentada en el patriarcado hegemónico que se extiende, ya sea de modo sutil o rasante, en todas las sociedades conocidas.

Para prevenir la violencia de género y avanzar en los mecanismos de atención se requiere de un acto tan sencillo como enmarañado: hacerla visible, una responsabilidad que, en el mundo de hoy, corresponde en buen término a los medios de comunicación masiva.

Propongo entonces compartir algunas reflexiones que, a partir de mi ejercicio periodístico y la lectura crítica de los medios nacionales, me motivan a pensar en desafíos para llevar estos temas a la prensa cubana siguiendo tres núcleos de pensamiento: las fortalezas y retos del ejercicio periodístico con perspectiva de género en Cuba, la representación de la violencia de género en los medios cubanos y la agresividad contra las profesionales de la comunicación como una expresión de la violencia machista.

Un paso… ¿hacia dónde?

Sobre el quehacer periodístico en Cuba cualquiera parece tener una opinión que, en la mayoría de los casos, no supone juicios favorables. El sistema de medios de comunicación de la Isla responde a estructuras y políticas editoriales singulares, que no siempre privilegian lo noticioso, actual y/o socialmente relevante. Una buena parte de la realidad social que preocupa a la ciudadanía carece de correlato en la prensa, o se aborda de manera edulcorada.

La violencia de género resulta uno de esos asuntos eludidos con frecuencia. No obstante, en poco más de una década pasó de ser tabú a tocarse de manera incipiente en las páginas, ondas radiales y pantallas mediáticas, especialmente a partir de la sensibilización e interés personal de sus profesionales, las acciones del Grupo Nacional de Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar bajo la coordinación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) (hoy disuelto), los resultados de investigaciones sobre el tema, la responsabilidad asumida por instituciones como Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y varias organizaciones no gubernamentales y la celebración desde 2006 de la Jornada Cubana por la No Violencia hacia las Mujeres y las Niñas.

La violencia de género resulta uno de esos asuntos eludidos con frecuencia. No obstante, en poco más de una década pasó de ser tabú a tocarse de manera incipiente en las páginas, ondas radiales y pantallas mediáticas, especialmente a partir de la sensibilización e interés personal de sus profesionalesA esto se suma el interés gubernamental expreso por combatir el problema en documentos que constituyen política pública como la Plataforma de Seguimiento a la Conferencia de Beijing, los informes de Cuba ante la CEDAW con sus respectivas recomendaciones y las líneas de acción expuestas en la Conferencia del Partido Comunista de Cuba, en 2011, órgano rector del sistema de medios en el país. Todos estos textos mencionan la necesidad de enfrentamiento a la violencia contra las mujeres y las niñas y hacen referencia a los medios de comunicación como difusores del tema.

En líneas generales, el último lustro muestra cierto avance en el tratamiento de la violencia de género en la prensa cubana, con algunos reportajes investigativos, sobre todo en los medios impresos; el seguimiento de actividades y campañas que involucran a figuras públicas; entrevistas a expertas y expertos; programas televisivos dedicados al tema y auge de dramatizados de actualidad que intentan representar, con mejor o peor suerte, las complejidades de este tipo de conflictos en la relación de parejas heterosexuales, así como su incidencia en el desarrollo psicosocial de menores implicados.

Debe resaltarse aquí la capacitación a periodistas y comunicadores desarrollada por la Cátedra de Género y Periodismo Mirta Aguirre del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, dirigida por Isabel Moya; la Editorial de la Mujer de la FMC y, más recientemente, el Grupo de Género y Cultura “Mirar desde la Sospecha” de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades con acompañamiento del Sistema de Naciones Unidas. Los resultados de estas capacitaciones son notables en todo el país, pero por su inconstancia aún no reportan el vuelco informativo que la sociedad necesita.

Corresponsalías de agencias internacionales como Inter Press Service y el Servicio de Noticias de la Mujer de América Latina y el Caribe (SEMlac) presentan un seguimiento consecuente al tema desde finales de la década del noventa, con variedad de fuentes y profundidad investigativa, al que seguramente será necesario acudir cuando se pretenda historiar su evolución en el país en las dos últimas décadas. 

Si bien lo expuesto ilustra un paso adelante, no lo creo suficiente en cantidad ni en la calidad de sus resultados. Muchas veces, con buenas intenciones, se terminan transmitiendo los propios estereotipos que se pretenden desmontar.

Sin temor a ser juzgada de impaciente, considero que en este asunto ya no valen los paños tibios ni se puede esperar por lentos procesos de transformación individual en quienes tienen a su cargo el ejercicio periodístico. Precisamos de una exigencia plausible en políticas públicas, monitoreo constante y la recurrencia de la voz crítica desde el activismo feminista.

Debilidades y propuestas

En función de suscitar análisis posteriores a partir de aspectos concretos, me gustaría apuntar algunas ideas sobre las debilidades que, según aprecio, continúan limitando el tratamiento acertado de este asunto en la prensa cubana. Cada una entraña un reto a superar con estrategias de trabajo novedosas, que exploten de los medios su verdadero rol crítico:

- Falta de especialización en género de las/los profesionales de la comunicación, sobre todo de quienes dirigen los medios:

Aunque todos y todas tenemos una experiencia como mujeres y hombres que, de una forma u otra, nos ha hecho interactuar con manifestaciones de violencia machista, la práctica no es suficiente para acercarse a este tema.

Si solo dejamos correr la sensibilidad individual, existe el peligro de equivocarse porque la violencia de género está naturalizada y las representaciones sociales hegemónicas al respecto tienden a reproducir mitos.

Si solo dejamos correr la sensibilidad individual, existe el peligro de equivocarse porque la violencia de género está naturalizada y las representaciones sociales hegemónicas al respecto tienden a reproducir mitos.Se trata de un campo del conocimiento que requiere estudio y bagaje informativo, lo mismo que cuando se trabaja cualquier otro aspecto de la realidad social.

Como la mayoría de las y los periodistas carece de información al respecto, les resulta más complejo identificar la violencia de género con todos sus entresijos, y tienden a quedarse en los márgenes o los aspectos más evidentes.

No faltan tampoco quienes se jactan de ignorancia al reportarla como un tema menor, siempre prescindible ante una información de última hora sobre el desarrollo de la campaña de arroz o la visita rutinaria de un funcionario público a una provincia.

La falta de sensibilidad ante la violencia de género provoca, sobre todo, que a nuestra prensa se le escapen constantemente conflictos sociales de actualidad donde se manifiesta la inequidad de poder entre hombres y mujeres. Por tanto, debemos incorporar de una vez estos temas como materia obligatoria en la formación de todas las carreras humanísticas y, con especial atención, incorporarla como perspectiva transversal en las carreras de la Facultad de Comunicación, donde Isabel Moya imparte desde hace unos años la asignatura optativa de género y se ha esforzado por motivar a estudiantes de varias generaciones a incorporar estos “lentes” para entender su realidad.

Por otra parte, hay que insistir en la superación de quienes dirigen los medios, pues de nada valen periodistas sensibles y capaces de abordar con calidad la violencia de género si luego esos trabajos nunca llegan a publicarse debido a prejuicios de sus superiores. La decisión final de publicar o no un material en la prensa no corresponde directamente al reportero/a, sino a sus jefes editoriales, subdirectores, directores y funcionarios del PCC que conducen la prensa. En este sector también debe operarse el cambio de mentalidad.

- Cobertura escasa de las actividades frente a la violencia

De las actividades que realizan ONGs junto a instituciones cubanas para eliminar la violencia por razones de género, apenas un 20 por ciento salen en la prensa. Visibilizar a esa sociedad civil activa desde las comunidades y pequeños gremios para erradicar este problema, nos daría un aliento para continuar la batalla y rompería con la imagen institucional un tanto ociosa en cuanto al tema.

- Mensajes que repiten con frecuencia mitos y estereotipos sobre la violencia machista:

Este es uno de los aspectos más peligrosos de un tratamiento inadecuado de la violencia en los medios, pues continua arraigando estereotipos en la conciencia colectiva.

Profundizar en la verdadera causa de la violencia de género: la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, impuesta por la cultura patriarcal, nos ayudaría a dejar de repetir supuestos sociales injustos.El alcoholismo, la pobreza, el bajo nivel educacional y la sumisión de las mujeres son algunos de los mitos a los que más se apela, sobre todo en series dramatizadas y reportajes, tal vez para agregar dramatismo a los conflictos.

Profundizar en la verdadera causa de la violencia de género: la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, impuesta por la cultura patriarcal, nos ayudaría a dejar de repetir supuestos sociales injustos. 

- Falta de sistematicidad:

No existe seguimiento del tema en los medios. Se han publicado reportajes o informaciones al respecto, pero de manera aislada y no integrados orgánicamente a las agendas de la prensa. Por lo general se realizan alrededor del 25 de noviembre o el 8 de marzo, cuando se celebran los días internacionales por la Eliminación de la Violencia contra las mujeres y el de la Mujer.

La violencia de género debe ser una línea editorial transversal, que se trabaje desde múltiples enfoques y con mayor creatividad. Se requiere captar los sucesos sociales donde se exprese este tipo de violencia y exponerla en su singularidad, con sus causas reales en el orden jerárquico y desigual de los géneros.

También se requiere dar seguimiento a los casos expuestos, las noticias de campañas, acciones, etc. De lo contrario resulta más complejo captar la esencia sistemática de este problema.

Conviene también mirar a las experiencias que en las comunidades buscan establecer sus propios mecanismos de atención y prevención y no solo a las figuras de mayor presencia pública, como hasta el momento se ha hecho. Por otra parte, el trabajo de la prensa requiere encontrar los nexos entre la violencia de género y otros tipos de violencias y discriminaciones, evitando confundirlas.  

- Incongruencia entre los mensajes:

Falta una visión integral que incorpore el enfoque de género en las líneas editoriales de los medios de comunicación cubanos, lo que provoca que, por ejemplo, aparezca un comentario sexista y legitimador de la violencia de género en la misma publicación donde existe un reportaje para denunciarla, frecuente sobre todo en la televisión.

El caso de los video clips es probablemente el más visible y burdo, pero sucede lo mismo en las columnas de opinión, los programas juveniles, etc. Por otra parte, prima un lenguaje sexista no solo por la invisibilidad de las mujeres en el masculino genérico, sino por la reiterada utilización de calificativos, imágenes y descripciones que acentúan su posición subordinada en la sociedad, las presentan como objetos del deseo masculino, las sobrecargan como super-womans y terminan conformando manifestaciones específicas de violencia simbólica por razones de género.  

La coherencia de la prensa deberá ser uno de sus cambios imprescindibles, no solo en el tema que hoy nos conmina, sino en todo su trabajo.

- Mensajes crípticos que alientan la confusión sobre el tema:

Al ser un asunto escabroso y sensible para buena parte de las personas, pareciera existir cierto recelo en tratarlo de manera explícita, pues se apela a representaciones con un elevado vuelo simbólico que no siempre garantizan la comunicación con la audiencia.

Si se trata de un tema naturalizado en la identidad de mujeres y hombres, el silencio social y las prácticas cotidianas, conviene mostrar ideas más directas, que dejen claros los conceptos fundamentales sin renegar de la intencionalidad artística.Esta tendencia me parece preocupante, sobre todo, en las campañas de bien público difundidas recientemente. Nos encontramos entonces spots contra la violencia de género que ubican a las mujeres como histéricas, refieren la negativa a tener sexo como un caso de violencia contra los hombres o, con la máxima de no representar la violencia con violencia, muestran imágenes difíciles de anclar en el tema, personajes en silencio y/o sonrientes, al punto que solo nos es posible comprender el mensaje cuando llegamos al slogan final.

Si se trata de un tema naturalizado en la identidad de mujeres y hombres, el silencio social y las prácticas cotidianas, conviene mostrar ideas más directas, que dejen claros los conceptos fundamentales sin renegar de la intencionalidad artística.

Por otra parte, es hora de ir pasando  a otras aristas del fenómeno y, al mismo tiempo que se hace visible la existencia del maltrato machista, comunicar a las posibles víctimas sus estrategias de enfrentamiento y los recursos –poquísimos- legales y de asistencia pública a los que pueden acceder.

Apostemos por nuevas campañas con objetivos comunicativos concretos y públicos segmentados. Algunos de los propósitos de estas pudieran ser lograr una ley de violencia, establecer un sistema de atención a las víctimas, denunciar el maltrato del personal que atiende a las víctimas en la policía y los centros de salud, resaltar el compromiso público con la denuncia del tema, sacándolo del espacio privado, sensibilizar a posibles redes de apoyo, etc.

- Excesiva retórica, confusión entre términos y abuso de bustos parlantes y entrevistas especializadas.

Para legitimarse en la academia, las feministas han debido investigar profundamente y produjeron una de las teorías sociales más influyentes del siglo XX, la de género. Pero, a veces, pareciera que junto a estos saberes surgió una retórica propia, con palabras complejas que dificultan la comunicación con el público no entendido.

De ahí la importancia de explicar conceptos como patriarcado, género, feminismo, hegemonía, androcentrismo, etc., ajenos a una audiencia amplia. La prensa tiene sus propias leyes y recursos comunicativos y es deber de los y las periodistas decodificar los discursos académicos cuando se llevan a públicos masivos.

Se abusa además de las entrevistas a expertos, muchas veces refiriéndose al tema en estos mismos códigos elevados, sin que se comente o explique luego con otros recursos del lenguaje periodístico.

La presencia de especialistas en temas género en nuestros medios resulta una ganancia vital, pero debe acompañarse de recursos comunicativos que sensibilicen, historias de vida, informaciones desglosadas, investigación de campo y explicaciones sencillas y directas sobre estos asuntos complejos.

- Desestímulo, burla y ultracríticas a quienes trabajan género y violencia en la prensa

Un camino espinoso suelen desandar quienes eligen escribir sobre estos temas en nuestra prensa. Por lo general, se encontrarán con colegas que le desestimularán aconsejando que son demasiado difíciles, que se buscarán problemas, que sus enfoques exageran la realidad, que hay otras cuestiones sociales y económicas más importantes.

De equivocarse, las críticas suelen ser más severas y, con el tiempo, las y los  periodistas que abordan estos temas comienzan a ganar fama de problemáticos en sus redacciones, porque, como me dijo una vez un compañero cuando le advertí el marcado sexismo de una caricatura con que ilustraría un comentario: “siempre estás sacando el género a todo”.

Los reconocimientos de periodismo nacionales, exceptuando el Premio Especial de la Editorial de la Mujer del Concurso 26 de Julio, no suelen distinguir trabajos con perspectiva de género sino sobre otras áreas de la realidad. Por tanto, pocas veces una/o periodista con visión de género accederá a los lauros del gremio (una apreciada excepción fue el otorgamiento del Premio Nacional de Periodismo José Martí a Gladys Egües, de la Editorial de la Mujer).

Tales prejuicios se van transformando, con demasiada morosidad, pero cambian. Sin embargo, aseguro que algunas colegas que asumieron para siempre los “lentes de  género” son acosadas por ciertos compañeros y directivos que, antes de reflexionar ante la evidencia informativa, prefieren mofarse. Estrategia antigua del patriarcado, que también debilita desde las ideologías profesionales y las rutinas productivas el periodismo con enfoque de género.   

- Limitaciones para acceder a la información. Vacíos informativos:

Este aspecto pudiera funcionar para casi todos los temas a los que se acerca la prensa en Cuba. La mentalidad de plaza sitiada se ha posicionado en las fuentes, unida al temor por la crítica o al halón de orejas de los jefes tras haber revelado alguna información “sensible”.

Por consiguiente, faltan estadísticas sobre imprescindibles aspectos sociales y económicos de Cuba y, las que existen, casi nunca vienen desagregadas por género, color de la piel y edad. Ni hablar del relamado dato nacional de cuántas mujeres mueren al año a manos de sus parejas, cuántas son violadas, cuántas denuncias se realizan por este motivo, en fin…

Las investigaciones que hasta el momento podemos referir se basan en pequeños grupos o comunidades pues responden en su mayoría a tesis de maestría y doctorado en especialidades de Ciencias Sociales. Una muestra de mayor envergadura requeriría tal vez la intervención de los principales centros de investigación estatales, con excelentes profesionales para realizar una empresa de este tipo. 

Además, las pocas investigaciones sobre violencia de género en Cuba apenas se difunden, y no existe regularmente un sistema comunicativo eficiente entre los centros de investigación y los medios. A veces se “teme” decir algo a la prensa, como si sus profesionales no tuviéramos la capacidad de reflejar estos temas con seriedad y comprendiendo sus agravantes.

- Violencia de género ejercida hacia las mujeres periodistas.

Si hablamos de la agresividad por motivos de género en la prensa, no podemos obviar los episodios de acoso y subvaloración experimentados por algunas periodistas por parte de fuentes de información, colegas o superiores. Aun prima la valoración de las mujeres por su aspecto sobre su intelecto y esto trasciende a los medios de prensa. Las que intentan trabajar asuntos económicos, deportivos o políticos, suelen tenerlo más difícil al ser áreas aún consideradas “de hombres”.

- Faltan mecanismos de denuncia

Sin llegar al sensacionalismo de otros contextos, la prensa debe ser parte de un sistema de denuncia para la violencia de género y, cuando el caso lo amerite, ilustrar algunos casos significativos. Para ello, existen pautas y recomendaciones en múltiples manuales de periodismo con visión de género para no revictimizar a las mujeres ni transmitir mitos a los cuales podemos acudir. Las historias de vida suelen ser muy impactantes en estos casos. No las desperdiciemos.

Acto de fe

Cuando expuse algunas de estas ideas en un espacio de debate público reciente, algunas personas percibieron cierta negatividad en mi enfoque. Incluso, hubo quien bromeó imaginando mi imagen enardecida por las calles con el estandarte del feminismo.

Es cierto que advertir los óbices acarrea el peligro de los desencantos. Es cierto que si miramos atrás, se ha avanzado en la presencia pública de las campañas contra la violencia de género en los medios cubanos. Sin embargo, las mujeres que a diario viven ese maltrato no pueden esperar por cambios a largo plazo. Para ellas, para todas, se trata de un asunto urgente, un asunto que requiere acción y compromiso.

Según aprendí, el oficio de la prensa está en ser la voz crítica de una sociedad. No le toca solucionar los conflictos, pero sí hablar sobre ellos, abrir el debate y sugerir estrategias para superarlos. Le toca informar a la sociedad sobre sus problemas, en una era donde lo que no está en los medios pareciera no existir.

Responder a los retos aquí anotados no tendrá más antídoto que continuar impulsando desde el activismo, la investigación y las organizaciones con este encargo social un mejor ejercicio de la prensa, con perspectiva de género, que a mi juicio impone el rigor investigativo, la profundidad analítica y el sentido ético del feminismo.

Comentarios

Como siempre Helen con su acostumbrado reportaje profesional nos demuestra su agudeza al comentar sobre un tema tan latente en nuestra sociedad actualmente. A más de cincuenta años de revolución es increíble el comportamiento de los hombres sobre todo de muchos jóvenes, después de igual número de años de lucha a favor de una sociedad mejor.

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