Selección de poemas

Sheyla Valladares • La Habana, Cuba

That’s me in the corner
That’s me in the spotlight...
R.E.M

Elijo mi confesión,
la tumba donde sepultaré mis huesos
y la ira,
la lujuria por este tiempo y esta luz.
Elijo las muescas que lucirá mi piel,
todos los agujeros visibles y supurantes.
Ha habido demasiado silencio sobre
la intensidad de las cosas cotidianas.
Me arriesgo a poner todos mis pedazos en subasta,
para comprobar el tamaño de la codicia,
la cantidad de monedas,
los mercaderes y su triste abundancia.
Los momentos de éxtasis
ya están trucados.
Adoramos fingir bienestar
bajo las luces del escenario fraudulento.
Y quizá, sin saberlo,
terminamos siendo compasivos
con los gestos del desaliento.

 

Bendice a esta mujer

Bendice a esta mujer
que no se mutiló el pecho
para disparar el arco,
que cabalgó a horcajadas
sobre el centauro
y clavó las flechas
donde pudo:
a la distancia mínima
o llevándola en su propia mano
hasta la presa necesaria.
Bendice a esta mujer
que no olvidó la antigua lengua
de las madres
que desandaron la noche,
calladas,
con la piel teñida de colores y signos,
con el cuerpo más secreto,
cerrado a los intrusos
y los nombres de los hijos
colgados en las bocas como alabanzas;
mujeres que un día, sorpresivamente,
también en silencio,
hundieron una estaca en medio de la lluvia
y abrieron un camino.

 

Rituales

Venimos a abrirnos de piernas
a abrirnos de alma,
pese a la molesta ingenuidad que supone,
pero esto último no es lo más importante,
según ese que nos convoca.
Venimos a danzar,
a mover las caderas,
a volvernos líquidas,
a provocar espasmos.
Venimos a agotar,
a distender los músculos,
a provocar el sueño,
a aliviar al otro.
Olvidadas de nosotras mismas
y de los jirones
que fuimos esparciendo
tras cada acometida
de rutina
instintiva,
visceral.

 

Revelaciones de las hijas de Eva

Las mujeres ya no guardamos
los diarios debajo de la almohada.
No nos preocupa
quién pueda venir a develar nuestros secretos,
a conocernos,
a decir ella se parece a mí
o que mujer tan loca e irreverente.
Ya no sentimos vergüenza
por las palabras que utilizamos.
Decir deseo, está bien,
decir masturbación, está bien,
decir no quiero ser madre, está bien.
Ya no le tememos a los castigos,
a los insultos,
a que amemos a otra mujer
u otro hombre,
a ser felices,
aunque nos hayan dicho toda la vida
que la felicidad no existe.

 

Nota: Los poemas pertenecen al libro La intensidad de las cosas cotidianas
Ficha: Sheyla Valladares Quevedo. Unión de Reyes, 1982. Licenciada en Periodismo. Poeta y narra­dora. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Obtuvo mención en el concurso de cuentos César Galeano, 2010; finalista en el Concurso Internacional de Minicuentos El Dino­saurio, 2013, y premio Pinos Nuevos, 2014 con el libro Lo que se me olvida (Gente Nueva, 2014). Tiene publicado el poemario La intensidad de las cosas cotidianas (Sed de Belleza, 2014). 

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