Nosotros

Cira Romero • La Habana, Cuba

Desde los inicios coloniales muchas congregaciones religiosas, preferentemente católicas, se establecieron en Cuba con el propósito de abrir escuelas desde nivel primario hasta la enseñanza media superior, tanto para hembras como para varones, rara vez mixtos. Una de esas congregaciones fue la de los hermanos de La Salle, francesa, solo para el sexo masculino,  y que en 1905 abrió su primer colegio en La Habana y llegó a tener hasta 11 en la capital, uno de ellos se ubicaba donde hoy se levanta el edificio que albergóla mal llamada Compañía Cubana de Electricidad, y que se convirtió, tras el triunfo de 1959, en  Ministerio de la Industria Básica, en la céntrica Avenida Salvador Allende. Al constituirse este en varios ministerios, abriga en la actualidad al nuevo organismo creado.

Al igual que otros colegios, el de los Hermanos de La Salle tuvo centros de enseñanza en otras provincias, como Santiago de Cuba, donde, por cierto, estudiaron en algún momento muchos cubanos relevantes y baste solo citar a Fidel y Raúl Castro.  Un rasgo que los caracterizó fue tener revistas propias donde se reflejaba la vida de la institución, pero también podía ocurrir, como es el caso que nos ocupa, de que sus exalumnos las crearan. De tal modosurgióNosotros, como revista mensual, en septiembre de 1919 y bajo el subtítulo de “Órgano oficial de la Asociación del colegio La Salle”. Era dirigida por Guillermo Martínez Márquez, quien posteriormente intervendría en la vida política del país, y Guillermo Alamilla y contó con la dirección artística de Armando R. Maribona, destacado caricaturista quien junto con Conrado Massaguer, Rafael Blanco, Sirio y Salcines, entre otros, elevaron esta expresión a un alto rango creador. También pintor y contemporáneo de otros como Domingo Ramos y Esteban Valderrama, fue su trabajo en la caricatura lo que lo elevó a un sitial destacado. Tenerlo como director artístico de Nosotrosera, sin duda, una ganancia notable para la revista.

Publicó cuentos, relatos históricos, artículos, poemas, algunos de ellos inéditos, de poetas cubanos conocidos. Además, reflejó la actualidad cultural  y social de su época. En sus páginas aparecieron las firmas de Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Enrique Serpa, Agustín Acosta, Luis Felipe Rodríguez, Aurelia Castillo de González, Alberto Lamar Schweyer, Dulce María Loynaz y Ciana Valdés Roig, entre otros. Como puede apreciarse, la inclusión de mujeres fue, indudablemente, una apertura que hizo la revista, pues, como dijimos, el colegio no las admitía. Por lo tanto, su carácter de ser órgano de exalumnos del colegio se desvirtúa un tanto. Tampoco lo fueron Martínez Villena, Marinello y Serpa. Quizá fue su director, Martínez Márquez, amigo de este grupo de intelectuales, quien procuró su admisión en las páginas que dirigía. Pero lo cierto es que acogió numerosas poesías de los escritores señalados, todos aún en ciernes. Así, de Martínez Villena publicaron  “Capricho en tono menor”, de resonancias modernistas, del cual propongo este fragmento:

¿Llegas?... Se asombra, te nombra,
Se enciende el duende que entiende
Tu mirada:
Se tiende sobre la alfombra
De tu sombra perfumada.
¿Andas?... la estatua se mueve.
Grave, leve, breve y suave
Tu pie de nieve que sabe
La gracia de los minués:
En silencio y de rodillas
Reverencio las sencillas
maravillas de tus pies.

De Marinello dieron a conocer el titulado “Mi corazón”, que goza de ciertas reminiscencias románticas:

Mi corazón, como el tuyo,
Werter. Es un niño enfermo,
llora con las alegrías
de los otros, y los besos
se le figuran traiciones
fraguadas en el silencio
de las lamas.
          Nunca supo,
la causa del desconsuelo
que lo mata.
       Como el tuyo,
Werter, es un niño enfermo.

“Destrucción” fue el poema escogido de Dulce María Loynaz:

Deshacer en la tierra y en el aire
la bruma de mi cuerpo y de mi alma
y todo ese temblor ardiente y largo
y todo ese huracán consciente y vivo,
un poco más de tierra entre la tierra
y un poco más de aire para el aire…
¡Y no ser ya…, no ser ya para siempre!

Nosotros tuvo la vocación de invitar a sus páginas a escritores que, algunos años después, ocuparían un lugar prominente, sobre todo en nuestra vida poética. Su desaparición ocurrió, al parecer, en octubre de 1920. Con ella culminaba una revista que tuvo en la lírica su mejor desempeño. 

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