Dafne Usorach: desafiando nuevos horizontes

Analía Casado Medina • La Habana, Cuba

Con fríos y lluvias llega Dafne Usorach al Centro Pablo. Las presentaciones son rápidas: “soy de un pueblo en la Argentina, de Guatimozín, verán que con el nombre que llevo y el lugar donde nací no me quedó sino hacerme artista”. Llegan compases de carnavalito y milonga. Y entre canción y canción la anécdota que ayuda a comprender el sentido de las palabras que se entrelazan con variados ritmos del folclor argentino, de la tradición musical de esa nación.

Imagen: La Jiribilla

No es difícil imaginar a la creadora en otras geografías cubanas: en Matanzas, junto a los cantautores Lien y Rey; en Villa Clara, en esa plaza de trovadores que ha devenido el Mejunje; en Holguín, desde la Casa de Iberoamérica… Y en cada escenario su copla “libre como el viento que corre buscando nuevos horizontes”, que enamora y sorprende por más de una razón: por los textos juguetones, sentidos; por los cuidados arreglos, por la calidad de la banda que la acompaña, que la sostiene. Pero sobre todo, sin dudas, por la capacidad de la artista de conectar con sus públicos, de conversarles sobre las familias, los hogares, los amores, como quien habla a un vecino o a un amigo de largos años. Desenfado y humor del bueno complementan una sólida propuesta musical, para decirlo en una frase.

En cada uno de los escenarios mencionados, como este viernes 20 de febrero en el Centro Pablo, Dafne desanda títulos de su nueva producción discográfica, Libre en mi raíz, disco doble que agrupa temas propios, salidos de sueños, de diálogos al azar, de paisajes entrañables; que agrupa otros, tomados de las más variadas geografías, que han venido a conformar —resalta— su repertorio, pero también su manera de entender la canción.

Atravesando el pequeño laberinto técnico que el sonidista Jaime Canfux ha preparado en la zona posterior del patio de Muralla, Víctor Casaus da la bienvenida a Dafne, “para estar con ella, con su raíz, que es nuestra raíz”. De esta manera el Centro Pablo cierra su participación en la Feria Internacional del Libro, que contó con la presentación de seis títulos publicados por Ediciones La Memoria y el volumen Puentes de memoria, en colaboración con la Universidad Nacional de Río Cuarto. Así destaca el poeta y cineasta, subrayando que estas jornadas han develado una vez más las relaciones de amistad y ya de amor entre nuestras culturas, entre el Centro y amigos y amigas de Argentina.

Imagen: La Jiribilla

“Nos alegra mucho que hayan podido llegar a distintas provincias por las experiencias que recogen, por lo que brindan como artistas, tanto y tan hermoso”, añadió. Los lazos intensos y las diferencias que nos unen dialogan en este proyecto coordinado por María Santucho e impulsado entre los Ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores y Culto de Argentina y el Centro Pablo, con el apoyo del MINCULT de la Isla. Este proyecto creador, Todas las voces todas, hermana países distintos e iguales a la vez: “esa es la maravilla de la vida: la diversidad”.

Un documental del argentino Theo Figueroa, que explora la apuesta de una actriz por el teatro callejero, prepara la escena, los instrumentos terminan de afinarse. Llueve todavía. El concierto comienza. Dafne nos pasea por su geografía: Guatimozín (“cada camino vive en ti pueblo mío”); el río Paraná, que divide la ciudad de Rosario, “qué pasa contigo cuando duerme la ciudad”, se pregunta la cantora; calle angosta de San Luis “te canto porque siempre estás en mi memoria”; San Antonio, lugar muy lindo donde “tuve una epifanía: descubrí que era feliz con muy poco”, dice; “miro tus ojos y veo futuro”, dice entonces la canción...

Sabrina Galimbertti en la percusión, Andrés Gonnella en el bajo y Julian Rossi en los teclados, guitarra y coros, acompañaron la milonga y la cueca de Dafne; su intento de son, sí, de son. Es que esta no es la primera vez de la argentina en Cuba: antes había recorrido estas tierras como parte del dúo Jano, desde aquellos tiempos se empeña en componer un son, pero sale, apunta, cualquier cosa. No importa si un son o una danza argentina, las clasificaciones huelgan: con Dafne no podemos dejar de atender las letras, que abrazan la historia para detenerse en la apreciación de las cosas y circunstancias que nos rodean: “cuando pienso en mi canción de libertad comprendo que no es suficiente”, pero “no quiero convencerme de que no hay nada más”, cuenta y dedica su canto a Víctor Casaus y María Santucho, a todos los trovadores que siguen la presentación: “será que muero un poco en cada gesto indiferente”, entona, “yo no canto por cantar, si no canto muero, / quiero aliviar con mi voz el dolor del mundo entero”.

Hablamos de la banda que complementa en escena a Dafne, que hace equipo con ella, que ríe y siente —no puede ser de otra manera— las imágenes de las historias que juntos componen, completan; y a ellos se une la productora Victoria Gallego, quien atiende las proyecciones que desde el comienzo de la jornada ilustran de las más variadas maneras la magia de la canción: fotografías, dibujos, videos desfilan mientras Dafne nos muestra cómo ser libres en la raíz. Porque eso nos enseñó Dafne Usorach este viernes, mientras llovía, mientras despedíamos en el Centro Pablo otra Feria del Libro: a reverenciar nuestra tradición, nuestras raíces; a ser libres, “como el viento que corre buscando nuevos horizontes”.

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