Entrevista con Alicia Jrapko

Mientras el bloqueo siga en pie, nuestro trabajo no está terminado

Fernando Luis Rojas • La Habana, Cuba
Fotos: Bill Hackwell
 

Alicia Jrapko es activista del movimiento de solidaridad con Cuba en los EE.UU. y merecedora de la distinción Félix Elmuza otorgada por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en 2006 y la Medalla de la Amistad que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba en 2014.

Imagen: La Jiribilla
Alicia acompañada por el dramaturgo e historiador norteamericano Howard Zinn
 

Alicia, tomemos como punto de partida su experiencia de vida. Nació en Buenos Aires y creció en Córdoba —ciudad argentina recordada como centro de la Reforma Universitaria en América —. ¿Qué recuerda de esos primeros años y por qué tuvo que trasladarse a los EE.UU. en la década del 70?

Hasta los seis años, cuando fallece mi padre, viví en la ciudad de Altagracia, bella y pequeña pero con mucha historia. Allí vivió el Che por razones de salud cuando era niño. Luego nos mudamos a la ciudad de Córdoba, donde estaba el resto de la familia por parte de mi madre. Viví allí hasta que salí de mi país en 1976.

Mis recuerdos de Córdoba son muy gratos, tuve una infancia feliz, con muchas carencias pero también con mucho amor sobre todo por parte de mi madre. Mi más grato recuerdo es el de haber ido a colonias de vacaciones de verano con niños y adolescentes de todas partes del país. En ese lugar, que generalmente era en las sierras de Córdoba aprendí por primera vez sobre Fidel, el Che, y la Revolución Cubana. Íbamos para divertirnos y conocer a otros jóvenes, pero mi familia era progresista y obviamente sabía que allí aprenderíamos muchas cosas buenas. Recuerdo los fogones, el compañerismo, las caminatas largas. Allí aprendí canciones sobre Cuba y Fidel.  Esos días compartidos con otros jóvenes ayudaron mucho a mi formación. Córdoba es la ciudad donde se fundó la primera Universidad del país, la llaman La Docta. Recuerdo que en la escuela primaria cantábamos nuestro propio himno cuando izábamos la bandera. Comenzaba así: “Córdoba, la Córdoba argentina, la cuna santa del saber, Córdoba que diste a la Patria Hombres ilustres,  que te hacen gran honor”.

Políticamente Córdoba siempre fue considerada de vanguardia, por las universidades pero también por todas las fábricas que había allí. La combinación del movimiento sindical y el movimiento estudiantil llevó a Córdoba a ser el escenario de importantes batallas como el Cordobazo. Por eso mismo la represión allí después del golpe del 76 fue tan brutal.  Después vino la universidad, el golpe,  la represión, el miedo, la desaparición de mis mejores compañeros y amigos y la tristeza de haberme ido dejando atrás la familia y todos los sueños.

Mi compañero de entonces y yo nos vimos forzados a salir al exilio. Nosotros nunca esperábamos un golpe tan brutal y no estábamos preparados para enfrentarlo. En nuestra historia siempre hubo golpes de Estado, pera  nunca planeados para exterminar una generación entera. Los líderes de las organizaciones revolucionarias fueron asesinados o salieron al exilio. Nosotros éramos muy jóvenes, y reinaba el miedo y el terror. En  aquel entonces los que tenían familiares en otros países buscaban la forma de salir. Fue así que con profundo dolor partimos siempre pensando en regresar. Después la vida se encargó de llevarnos por otro camino.  

¿Cuánto hay de los recuerdos de los años de dictadura en su constante vocación solidaria con el pueblo cubano y su práctica de lucha por un mundo más justo?

Como te decía, me tocó vivir en Córdoba los duros años antes y durante la dictadura militar, donde lo cotidiano era el estruendo de las bombas, las noticias de los secuestros y los asesinatos con total impunidad. En el año 1973 ingresé a la universidad de “Ciencias de la Información”.

Nosotros, como parte de la juventud argentina fuimos seguidores de la Revolución Cubana, soñábamos con una transformación de la sociedad donde las riquezas fueran distribuidas igualmente y los recursos naturales se pusieran al servicio del pueblo. Creo que eran sueños de todos los jóvenes conscientes de América Latina por esos años. Pero el enemigo aprendió y no iba a permitir más Cubas en América Latina. Como joven me sumé al movimiento por el cambio, y cuando se da el golpe de Estado la represión fue total, no solo contra los líderes revolucionarios, también contra los simpatizantes, los amigos de los simpatizantes, sus familiares, nadie se sentía a salvo. Mis compañeros de estudio comenzaron a desaparecer. Tengo muchos amigos desaparecidos, y mis tres hijos llevan como segundo nombre los de tres de esos compañeros. Fue una etapa muy dolorosa, y quedaron pocos para contar la historia.

Imagen: La Jiribilla
Con el reverendo Lucius Walker en Ciudad de México, 2001
 

Ese sueño de transformación social del que hablabas, se articuló de alguna forma con las caravanas de Pastores por la Paz. ¿Cómo se produjo ese acercamiento? ¿Cómo recuerda al Reverendo Lucius Walker?

A  medida que pasaba el tiempo y ya resignada a que mi regreso a la Patria estaba cada vez más lejos, busqué una causa en EE.UU. con la cual podía sentirme útil. En 1994 me enteré de que un grupo de estadounidenses estaban desafiando el bloqueo a Cuba. Averigüé y me enteré que el grupo se llamaba Pastores por la Paz, que estaban en New York. Llamé por teléfono y me uní por primera vez a la caravana en 1994. La experiencia me cambió la vida, porque fui a Cuba y pude ver con mis propios ojos la realidad con la que tantos de nosotros habíamos soñado y por la cual los mejores jóvenes de mi generación dieron su vida. Con la caravana sentí que los había encontrado.

Cuando conocí al Rev. Lucius Walker me quedé muy impresionada con él, tanto que en cuanto regresé de mi primer viaje, llamé a la organización para ofrecerme para hacer trabajo voluntario con ellos. De repente me vi en medio de una organización en la zona donde vivo, el Área de la Bahía de San Francisco, cuya meta era reclutar gente para las futuras caravanas, y organizar conferencias para dar a conocer la realidad cubana. Yo no tenía experiencia en organizar actividades y Lucius me alentó a trabajar, y me dio todo su apoyo. En una ocasión en que fuimos a Cuba fui seleccionada  junto a un grupo pequeño de caravanistas para participar en las actividades del 26 de julio en Santiago de Cuba. Fue una experiencia inolvidable. Allí pude escuchar por primera vez al Comandante Fidel Castro. Lucius era un ser humano excepcional,  carismático, fuerte, que nunca se daba por vencido ante la adversidad, y sumamente  sensible. Él fue una de las personas más queridas por la solidaridad en EE.UU. y su muerte dejó un vacio que hasta el día de hoy ha sido muy difícil de llenar. Un poco antes de su muerte, Lucius y yo habíamos estado conversando sobre cómo trabajar juntos y más en la campaña por la libertad de los Cinco

En el ámbito cubano, las caravanas de Pastores por la Paz se han asumido siempre como el desafío que constituyen al bloqueo estadounidense. Pero las caravanas también llegaron a Chiapas, ¿por qué allí?

Las caravanas a Chiapas y a otras partes de América Central eran completamente diferentes a las caravanas a Cuba. Las caravanas a Cuba eran para desafiar el bloqueo, para que los que gobiernan EE.UU. conocieran que no pueden decirnos a qué pueblo podemos visitar o a cual no. Siempre se tenía en claro que la ayuda humanitaria de ninguna manera iba a resolver el problema, no éramos una organización de caridad, todo lo contrario, desafiábamos las leyes injustas contra Cuba y la ayuda humanitaria era simbólica. Lo que resolvería el problema es el levantamiento del bloqueo.

En Chiapas la situación de las comunidades indígenas, era muy difícil. Y la ayuda humanitaria era real, aunque Lucius siempre nos enseñó que la ayuda no era al azar o a quien se nos cruzaba en el camino, sino que había que hablar primero con los líderes de esa comunidad, preguntarles qué necesitaban y entregársela a ellos para que la distribuyeran entre sus comunidades. Hubo momentos difíciles durante las caravanas a Chiapas donde se corría siempre un riesgo, a la policía local le molestaba nuestra presencia y hubo muchos momentos de tensión, pero Lucius siempre salía adelante en las situaciones más difíciles y confiábamos en él ciegamente.  Solo participé en dos. La primera con un grupo grande, con Lucius; la segunda cuando la caravana Zapatista con el Subcomandante Marcos y los otros Comandantes en 2001 visitaron varias provincias mexicanas hasta llegar al Zócalo del Distrito Federal. Lucius me pidió en aquella oportunidad llevar al grupo que representaría Pastores por la Paz, fue un honor muy grande para mí su confianza.

Imagen: La Jiribilla
Con Gerardo en la prisión de Lompoc
 

Durante los últimos 15 años, concentró sus esfuerzos en la lucha por la libertad de los Cinco y desde 2006 coordinó en los EE.UU. el Comité Internacional por la Libertad de los 5 Cubanos. Más que relacionar las actividades que organizaron, me interesaría su valoración sobre los obstáculos que enfrentaron, los apoyos que encontraron y los caminos que descubrieron en esta lucha, sobre todo desde la experiencia del lugar donde se procesaron y permanecían encarcelados los Cinco.

Los obstáculos que enfrentamos fueron muchos, primero el gran silencio mediático: se escucha mucho hablar de eso, pero para los que vivimos en EE.UU. era una dura realidad. Cómo llegar al pueblo norteamericano ya prejuiciado contra Cuba, a quienes se les miente con un descaro total  para explicarle quiénes eran los Cinco. Pasaron años hasta que comenzaron a aparecer artículos, no eran buenos pero al menos hablaban del caso, porque lo peor que nos podía pasar es que los Cinco fueran ignorados para siempre en los medios. Gerardo me solía decir “mejor que las noticias sean malas a que no haya ninguna noticia”.  Ya casi al final, en el 2014, los medios comenzaron a hablar del caso, cuando se percibía un ambiente de cambio y la posibilidad del regreso de ellos. Lo que no nos imaginábamos es que también con el regreso de los Cinco vendría la posibilidad de un cambio de política de EE.UU. hacia Cuba. Otro gran desafío fue llegar a otros sectores del pueblo estadounidense que no fuera  la izquierda tradicional. La lucha por la libertad de los Cinco comenzó en los grupos de izquierda, creo que pasó igual en todas partes del mundo, y no es que no era importante seguir trabajando allí, al fin y al cabo son los aliados naturales, pero había que llegar a otros sectores; tocar otras puertas, buscar otras voces.

Al principio decíamos que íbamos a hablar a algunos lugares y nadie conocía del caso, con el pasar del tiempo algunos se conformaban diciendo que cuando íbamos a hablar a algún lugar casi todos sabían quiénes eran los Cinco, pero la realidad nos demostró que no era gracias a nuestro trabajo que se conocía el caso, si no que seguíamos hablando con la misma gente. Ese fue un gran desafío que nos llevó a cambiar el trabajo que veníamos haciendo. Tuvimos que aprender a llegar a sectores que no pensaban como nosotros pero que estaban interesados en el caso, tuvimos que aprender a hablar con congresistas y senadores y hasta con oficiales del Departamento de Estado, y hablarles a ellos con un lenguaje diferente al que se le habla a los amigos solidarios. Aprendimos a hacer alianzas con todos los que se querían sumar a una causa común; independientemente de las razones.

A través de esa línea de trabajo logramos apoyo de sectores religiosos, sindicales, intelectuales, artistas, entre otros. Personalidades que nunca habían hablado de los Cinco públicamente lo hicieron, y eso nos ayudó muchísimo. Que el Secretario General del Consejo Nacional de Iglesias de EE.UU. hablara de los Cinco no era igual que si nosotros lo hiciéramos, tenía gran alcance en sus comunidades; que reconocidos actores firmaran cartas pidiendo la libertad de los Cinco ayudaba a que sus fans conocieran sobre el caso; que un coronel retirado del ejército de EE.UU. hablara de los Cinco nos ayudaba a entrar a sectores nuevos. Solo para nombrar algunos, el historiador Howard Zinn, el lingüista Noam Chomsky, la reconocida activista y profesora Angela Davis, Danny Glover, una alcaldesa de una ciudad importante como Gayle McLauglin, el escritor William Leo Grande, el político Tom Hayden. Otro problema que enfrentábamos es que los familiares de los Cinco nunca pudieron estar con nosotros. Viajaban a todas partes del mundo para hablar en Parlamentos, pero acá no fue posible. Sus voces y sus experiencias hubiesen podido ayudar mucho también.

Imagen: La Jiribilla
Alicia junto a Salim Lamrani
 

El apoyo que recibimos de personalidades dentro de los EE.UU. y de amigos solidarios de todas partes del mundo fue impresionante. Creo que llegamos a un momento donde amigos de la solidaridad, sin dejar de lado el trabajo en sus países, entendieron que la batalla más dura estaba en Washington, donde las decisiones se iban a tomar. Nos apoyaron con recursos económicos, y humanos, participando en las últimas jornadas. Y buscaron apoyo en sus parlamentarios para que también participaran. Se creó un movimiento realmente de carácter internacional y conocimos personas maravillosas, que hablaban otros idiomas y que tenían otras culturas pero todos unidos por una causa común. No puedo dejar de mencionar el constante apoyo de la Fundación Brownstone y de su Presidente Gilbert Brownstone que nos ayudó con el proyecto de traer a EE.UU. a La Colmenita, pero después de esa gira siempre siguió apoyando nuestro trabajo. Debo decir también que la proximidad con los Cinco fue otro factor que nos ayudó mucho, porque ellos eran nuestra constante inspiración. Y conocer a sus familiares también fue otra gran fuente de aliento para continuar nuestro trabajo.

Quisiera mencionarle algunos nombres —algunos ya citados por usted — para que me hable de la relación que han mantenido en estos años: Salim Lamrani, Gayle McLaughlin, Danny Glover y Danny Rivera.

La gira con Salim  Lamrani y su libro Superpower Principles, una compilación de ensayos sobre los Cinco fue la primera y resultó muy exitosa, logramos llegar a muchas universidades y hablar con jóvenes estudiantes. Salim es un joven intelectual que sabe cómo llegar a las juventudes y fue importante contar con él. Con Salim hemos mantenido una relación todos estos años y él ha participado en una de las Jornadas en Washington “5 días por los 5”; en las últimas dos, nos fue posible contar con él porque le negaron visa para entrar a los EE.UU., pero mantenemos una estrecha relación.

La Alcaldesa de Richmond, California, Gayle McLauglin ha sido dentro de los “oficiales de gobierno electos” nuestra mejor aliada, una mujer sensible y maravillosa. En una oportunidad quiso visitar a Gerardo pero le negaron la visita. Ella siempre apoyó nuestro trabajo, con campañas de cartas, con videos, nos prestó un espacio para filmar para Youtube a Danny Glover y Peter Coyote, en todas las actividades por el Día Internacional de la Mujer en la ciudad de Richmond, nuestro comité siempre fue invitado a participar activamente para llevar el caso a una ciudad a la cual de otra forma no hubiésemos podido llegar. Nos acompañó en la última jornada de Washington en el 2014. Su participación en la jornada fue utilizada por la multinacional Chevron para atacarla durante las elecciones, hasta con fotos de ella marchando por la libertad de los Cinco, pero a pesar de todo logró ganar las elecciones. Hace poco estuvo con nosotros en la celebración del regreso de los Cinco. Fue la única que sabiendo que le harían una campaña negativa por su apoyo a Cuba y a los Cinco, nunca escatimó su apoyo a la causa.

Danny Glover es un excelente actor, y no solo apoyó la causa de los Cinco sino que apoya todas las causas justas dentro de este país. Ha sido el artista más activo y siempre nos ha apoyado, incluso con su limitado tiempo visitó a Gerardo en varias ocasiones. Gracias a él logramos que otros actores se sumaran a la causa. Hemos seguido en contacto y sabemos que podemos contar con él para las actividades futuras de solidaridad con Cuba. El 17 de diciembre le mandé un mensaje de texto para avisarle que los Cinco ya estaban en Cuba y me llamó y me dejó un mensaje tan conmovedor, que aún lo tengo guardado en mi teléfono.

Imagen: La Jiribilla
Con Saul Landau, el Padre Michael Lapsley de Sudafrica, Danny Glover y su esposa
 

Danny Rivera también es un ser humano excepcional, que nos acompañó cuando ningún otro músico quiso “jugarse por los Cinco”. Y a ellos es a los que más agradecidos les estamos. También Pablo Marcano de Puerto Rico, un pintor reconocido que vino con Danny durante aquel concierto que organizamos en New York, el primero, “Cinco Estrellas y un Canto”. Recuerdo que hasta tuvimos una manifestación de cubanos de New Jersey protestando frente al teatro. Marcano nos donó cinco serigrafías con las cuales pudimos recaudar fondos tan necesarios para nuestro trabajo.

Es impresión mía, o las acciones artísticas tuvieron un significativo peso en la campaña por la liberación de los Cinco.

Yo evalúo que las acciones artísticas tuvieron un peso en la campaña porque mucha gente que no necesariamente pudiera estar de acuerdo con el sistema que Cuba ha elegido, puede conmoverse ante la música o ante una pintura o una caricatura. Siempre hemos tratado en lo posible de incluir actividades culturales en nuestra campaña.

El proyecto de La Colmenita fue muy especial y exitoso, le tocó el corazón a miles de estadounidenses. En la última jornada contamos con el reconocido grupo Hip Hop Dead Prez que contó con una gran concurrencia. Por último hicimos un buen número de exposiciones de pinturas de Tony y caricaturas de Gerardo, y también ayudó mucho a la causa. Pero además compartimos las exposiciones con solidarios de EE.UU. o les enviábamos los archivos de las pinturas y caricaturas para que ellos reprodujeran la obra. Hicimos lo mismo con solidarios de todas partes del mundo, y eso contribuyó a que las exposiciones de arte se multiplicaran por todas partes.

Finalmente Alicia: de regreso los Cinco en Cuba, se anuncia el inicio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, se desarrollan las conversaciones iniciales…. ¿Final, continuidad o punto de inflexión del movimiento de solidaridad con Cuba en los EE.UU.?

Yo diría que continuidad sí, final no. Como dicen los niños de La Colmenita al terminar la obra Abracadabra: “Y ahora, ¿qué otra cosa podemos hacer?”.

El 17 de diciembre fue un día histórico y memorable para los pueblos del mundo, fue el triunfo de la justicia: los Cinco ya están en su Patria con sus seres queridos.

Pero para nosotros los que vivimos en los EE.UU., mientras la política oficial norteamericana sea la de propiciar el cambio de régimen en Cuba nuestro trabajo no está terminado. Mientras no se respete la soberanía de Cuba, mientras la Isla continúe en la lista de países que patrocinan el terrorismo, mientras Guantánamo continúe ocupada, mientras existan restricciones para viajar a Cuba, mientras cualquier parte del bloqueo siga en pie, nuestro trabajo no está terminado. Dentro de nuestro comité estamos conversando sobre los próximos pasos, una parte importante de nuestro trabajo será participar del diálogo que se está llevando en muchos sectores; vamos a utilizar la experiencia acumulada para continuar visitando congresistas y senadores y vamos a alentar a amigos solidarios para que también lo hagan. La meta fundamental es el levantamiento del bloqueo y el respeto por parte de EE.UU. a la soberanía y autodeterminación de Cuba.

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