Hablar correctamente no es imposible

Míriam Zito • La Habana, Cuba

-Ey, asere, qué bolá, le espeta un joven a otro, pensando quizá que su exclamación es acertada.

Sin embargo, mucho dice esa manera de hablar sobre la educación de ese joven, que llama la atención por su vulgaridad y chabacanería, afirma el doctor Sergio Valdés Bernal, miembro de la Academia Cubana  de la Lengua.

Imagen: La Jiribilla

Foto: Luis Pérez Borrero

“No poco se ha estudiado el léxico de la juventud, en particular la vulgarización del lenguaje, porque a veces se interpreta mal la democratización y se cae en modelos que no debemos imitar, reitera.

“A mí no me molesta que los jóvenes se llamen entre ellos asere, monina o ecobio, me preocuparía más que empezaran a tratarse de brother, sister o men, porque esas no son nuestras raíces. Ahora bien, deben saber en qué contexto usar esas palabras, por cierto, de origen africano. Y a veces no hemos sabido llevar esta enseñanza a la juventud, problema que debemos corregir”.

De acuerdo a como uno maneje la lengua, es como se desarrolla el cerebro. Lenguaje y pensamiento están estrechamente vinculados. “A medida que usted desarrolla más el lenguaje, más evoluciona el pensamiento. Y mientras más pobre sea el léxico, no sabrá la palabra concreta para denominar un objeto determinado, lo que indicará pobreza de pensamiento y de expresión”.

El fenómeno no es privativo de Cuba, sino internacional, asevera este hombre estudioso de la lingüística. “He asistido a varios congresos de la Asociación de Academias de la Lengua, y en uno se efectuó una mesa redonda sobre el habla juvenil. La preocupación de los académicos se centró en tratar de trasladar a sus hijos una lengua más correcta en su expresión. No estamos hablando solo de los hispanohablantes, sino como norma internacional para cualquier idioma.

 “Por ejemplo, gran preocupación genera que una de las características del habla juvenil en las hembras hoy sea el uso de palabras obscenas. Y esto demanda sumo interés, porque la mujer siempre ha sido más conservadora en cuestiones del lenguaje, e influye más sobre la educación del hijo. Es un fenómeno internacional, que es necesario atajar” —insiste.

Tradicionalmente, los jóvenes tratan de llamar la atención y diferenciarse de las personas mayores en la vestimenta, el peinado y hasta en la forma de hablar. “Es necesario abordarlo de forma inteligente. Darles una explicación y  herramientas para que comprendan por qué no pueden tratar a un profesor de asere ni de ecobio o tío, pues eso indica mala educación".

“No hay buenas ni malas palabras, todo depende de su connotación. Aquí una palabra que es correcta, en otro país hispanohablante resulta obscena. Un ejemplo es el verbo coger, que en Cuba no tiene ninguna connotación negativa, pero en México o Chile, es malsonante”.

La función de la lingüística en cada contexto se centra en estudiar esa forma de expresarse del pueblo, investigar y establecer patrones. ¿Cuáles son las reglas que evidencian que una persona es culta? “Ese el modelo que debemos seguir, aunque el habla popular siempre influirá en la culta. Ahora, no quiere decir que el habla popular se deje influir excesivamente por la vulgar, o por el español marginal o delincuencial, son diferentes niveles”.

Si la norma culta del español en Cuba establece que se diferencie la L de la R en el habla —patrones básicos del lenguaje—, resulta preocupante que hasta por televisión no se pronuncie como es debido, y es un fenómeno que se está generalizando.

De gran impacto, la lingüística permite conocer qué es lo que estamos hablando, quiénes somos desde el punto de vista idiomático y hacia dónde va nuestra lengua o cómo evitar desviaciones que suceden en todos los idiomas.

Una lengua nacional no es un fenómeno homogéneo, tiene niveles y estilos funcionales. “Las lenguas son cuerpos vivos, están en constante movimiento. Si usted lee el poema “Al partir”, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, ella escribe: “la chusma diligente”, palabra que en el siglo XIX, significaba grupo de personas. Sin embargo, en el siglo pasado (siglo XX) ha tomado otra connotación. Se habla también del latín vulgar, que procede de vulgo, pueblo. Hoy decir latín vulgar a los no especialistas suena un poco raro, pero es que vulgo en latín significaba "pueblo", o sea, "el latín de pueblo", mientras que hoy vulgar tiene una connotación peyorativa”.

Como toda sociedad, toda lengua es sumamente complicada. El problema es que cada individuo debe saber en qué contexto utilizar los diferentes registros. “Por eso, en una conferencia trato de cuidar mucho mi forma de expresión, más que cuando hablo con un amigo, porque ahí estoy en un nivel popular”.

¿Es consecuencia del proceso revolucionario?

No puede aseverarse tal cosa. Es indiscutible que el proceso revolucionario ha influido en nuestro idioma. Hubo un cambio social muy violento y profundo. Se crearon nuevas instituciones y palabras, como por ejemplo “cederista”, que proviene de CDR, siglas de los Comités de Defensa de la Revolución. Son procesos evolutivos que responden a situaciones políticas: “señor y señora” cayeron en desuso, se impusieron “compañero y compañera”, y ahora el “tío”, que estuvo de moda en los años 50, pero que me molesta mucho.

En fin, la lengua cambia acorde con las transformaciones sociales. Subsiste, además, una serie de modelos que no tienen nada que ver con los problemas políticos, sino con determinadas formas correctas o incorrectas de comportamiento social, lo que se refleja en el decir de una sociedad. El lenguaje es su mejor termómetro y estudiarlo nos permite entrever muchos problemas de diversa índole, no solo culturales.

Autor de una veintena de libros y vicepresidente del consejo científico de la Fundación Fernando Ortiz, Sergio publicó en los 80 Visión Lingüística del África del Sur del Sahara, y un libro en dos tomos, referido a lenguas indígenas de América y el español de Cuba, Premio Nacional de Ciencias Sociales

“Aunque en Cuba no existe una política lingüística oficialmente instituida, tenemos que seguir estrechando los contactos entre el Ministerio de Educación, porque a veces nos vemos obligados en determinados contextos a formar profesores rápidamente, y descartamos ese importante aspecto que es saber comunicar, y para saber trasmitir conocimientos, hay que dominar el idioma”.

Hablemos del idiolecto

En la terminología de la sociolingüística, la forma de hablar de un individuo se llama idiolecto, que es —según Sergio—, como el carné de identidad. “La forma en que uno habla manifiesta su procedencia social, tendencias y filosofía de la vida, y hasta se puede identificar a una persona, de dónde procede y saber cuál es su profesión, pero muchos no se dan cuenta de ello. Lengua y cultura, lengua y pensamiento no pueden desvincularse. La lingüística da la posibilidad de  hacerle una radiografía a la persona con quien estoy conversando”.

Palabra de orden para el doctor Valdés Bernal es insistir en la campaña por la lectura y no abusar de la computación o los juegos de atari, pues antes, un niño para entretenerse leía y con ello volaba su imaginación, convirtiéndolo en personaje protagónico de miles de aventuras. “Creo que eso lo hemos perdido y bastante. Leer es una forma de fijar el idioma, pues mientras uno más lee, más enriquece el léxico”.

Sin lugar a duda, la lengua es el soporte idiomático de la cultura. No puede existir una cultura sin lengua, ni una lengua sin cultura. A través del estudio de la variante cubana de la lengua española, puede observarse el proceso evolutivo de la nación cubana, es decir, en qué grado fue el mestizaje o el intercambio lingüístico a consecuencia de la herencia indígena o de las distintas etnias africanas.

“Hemos heredado una gran cantidad de vocablos indoamericanos y de origen subsahariano, matiz identitario de nuestra forma de hablar el español, que a la vez compartimos con los puertorriqueños y los dominicanos”.

Como forma de hablar el español, Cuba integra una gran zona dialectal denominada caribeña. “Nuestra forma de hablar se parece mucho a la de los dominicanos, puertorriqueños, venezolanos y panameños, e incluso a los nativos de determinadas regiones de la costa mexicana. Dentro de eso, el santiaguero y el guantanamero guardan más especificidades con el puertorriqueño y el dominicano, no así el occidente de la Isla, donde hubo más contacto con México y otras regiones como Venezuela y Colombia”.

El influjo de la lengua francesa fue muy fuerte en determinado momento de la historia de Cuba, a lo que se suma el proceso migratorio desde Haití. “Casi todos nuestros intelectuales del siglo XIX hablaban francés, hubo momentos de gran migración franco haitiana de las zonas orientales, y en Santiago muchas personas lo hablaban también”.

Una verdadera explosión

“Antes de la Revolución no había lingüistas profesionales ni existía la investigación como tal por personal especializado, menos una institución que la respaldara. Sí personas que por diversos motivos se interesaron por los problemas del lenguaje, como Don Fernando Ortiz, quien se dedicó a estudiar la presencia africana en Cuba, o Esteban Pichardo, que se fue acercando al estudio del lenguaje en sus numerosos recorridos por la Isla en su función de agrónomo”.

La verdadera explosión de la lingüística se produce después del triunfo revolucionario, cuando una serie de jóvenes estudian la especialidad en el extranjero. “Soy graduado de eslavística en la Universidad Carolina de Praga, de la otrora República Socialista de Checoslovaquia. Conocí a algunos de los fundadores del Círculo Lingüístico de Praga, que fueron mis profesores, y tuve una buena preparación”.

A su regreso a Cuba, en 1969, comenzó a trabajar en el Instituto de Literatura y Lingüística, ya que la idea de crear una cátedra de eslavística en la Universidad de La Habana no llegó a materializarse. Como los objetivos principales de esta institución son el estudio de la literatura cubana y la descripción del español hablado en Cuba, se vio obligado a reorientarse hacia la hispanística y la romanística. “El trabajo en el Instituto me posibilitó familiarizarme con nuestra cultura”.

Su formación como profesional dedicado al estudio de la lengua española se enriqueció y consolidó con los grados científicos que obtuvo en la Universidad Carolina de Praga en 1975 (Doctor de Filosofía en la especialidad de Hispanística) y 1979 (Doctor en Ciencias en la especialidad de Romanística).

Los conocimientos adquiridos durante sus estudios universitarios en Praga le aportaron la metodología de la investigación, enfoques y experiencia. “Eso es lo que he ido aplicando en la investigación en Cuba, es decir, estudiar el vínculo existente entre la lengua española con el proceso del surgimiento de la nación cubana. He podido comprobar el aporte africano a la caracterización de nuestra variante cubana de la lengua española, que en este caso resulta doble, porque nos llegó no solo en la boca de los esclavos procedentes del África subsahariana, sino también de la España arabizada... Lo mismo sucede con la introducción del negro africano, cuya inserción en nuestro país mediante la trata aportó numerosas palabras que utilizamos, como ñame, bongó, quimbombó, entre otras”.

Hasta su jubilación, como investigador titular del Instituto de Literatura y Lingüística, Sergio ha estudiado también el influjo de la lengua inglesa y de la francesa, además del poblamiento regional hispánico, o sea, lo que aporta cada parte de España. “Aunque hablemos el castellano, al expandirse por la propia península e imponerse en América, se impuso el uso de llamarlo español más que castellano. Es indudable que el peso de nuestro poblamiento fue canario y andaluz, lo que se evidencia en nuestra forma de hablar y pronunciar”.

Abundan también muchos gitanismos. “Usted las oye y muchas personas no saben que son voces gitanas como puro, pura, jeva, gao o prajo”.

Pero, en la primera etapa de colonización, arriban españoles del sur de España, que trajeron consigo esa forma de hablar propia de los extremeños, de los andaluces y los canarios, “todo eso se mezcla y va creando una base lingüística que se enriquece al contacto de las lenguas indígenas. En este nuevo contexto, el español encuentra una realidad y naturaleza tan diferentes a la suya, que tiene que denominarla de alguna forma. Uno de los recursos fue tomar palabras de esas culturas indígenas que conocían el medio, por eso empleamos vocablos como jaba, tiburón, bohío e incluso la propia palabra Cuba, que significa tierra labrada o habitada”.

Profesor titular adjunto de la Universidad de La Habana, considera que “la lingüística es descifrar misterios, saber por qué en el habla de los abakuá hay tales o más cuales palabras que responden a una determinada comunidad y no a otra; cómo se presenta esa lengua, si mantiene sus características africanas o no, y si su jerga es un español matizado con voces africanas, este es un enigma —entre otros— que poco a poco vamos descifrando. Todavía queda mucho por investigar y por hacer, pero repito, es necesario hablar correctamente.

“¿Cuál es la aspiración de un joven? Ser útil a la sociedad, entonces hay que estudiar, y para ello es necesario saber expresarse bien, poder definir las ideas a través del lenguaje. Importantísimo incluso hasta para enamorar, porque si lo hacen en una forma chabacana, no van a tener éxito”.

Apasionado de la lingüística, que por otra parte, es mucho más que el bien decir, Valdés Bernal reitera: “Aunque me vi obligado a hacer un giro en mi destino profesional, no me arrepiento de haber iniciado y continuar investigaciones en este campo. Siempre estoy indagando, pues este trabajo, debido a su complejidad, me obliga a leer mucha información no solo de la especialidad, sino de otras disciplinas imprescindibles para mis planteamientos, como la historia, la arqueología, la sociología, la psicología, la etnografía, la economía, la antropología y la biología. Todas me ofrecen pistas para hallar las respuestas que expliquen las características de nuestra identidad lingüístico-cultural”.

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