Entrevista con Norma Vasallo

“Lo importante es que sobre la base de las diferencias no se construyan desigualdades”

Celia Medina • La Habana, Cuba

La Dra. Norma Vasallo sabe cómo atraer a sus audiencias: las cifras se amontonan, el volumen de información apabulla, pasa una diapositiva, luego otra. Los tiempos vuelan. La docente no se anda con remilgos para nombrar los problemas que afectan a las cubanas en la contemporaneidad. Las mujeres entran a escena, las preguntas de investigación cambian: ¿cómo impacta la vida de las mujeres el proceso de actualización del modelo económico cubano?, ¿de qué manera nuestros medios de comunicación reflejan las realidades de las mujeres? Las respuestas no tienen que ver con lo que hemos aprendido, los caminos para encontrarlas tampoco: hay que desvestirse de concepciones preestablecidas, de engaños del sentido común, de gestos que por repetidos se nos hacen naturales. No es coser y cantar. Pensemos en la trayectoria de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana, la celebración del Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI, la inclusión en el debate nacional de una perspectiva de género, la incorporación de asignaturas sobre el tema en unas pocas carreras universitarias. No ha sido fácil en el mundo, aclara la profesora, y nosotros hemos llegado tarde a estos estudios… por el comienzo de estas investigaciones en Cuba, por el esbozo de algunos conceptos que no debemos perder de vista a la hora de luchar, ilustrar, conversar y debatir sobre los derechos de las mujeres, comienza este diálogo con la autora de Ecos distantes, voces cercanas, miradas feministas (Editorial de la Mujer, 2012).

Imagen: La Jiribilla

“Diríamos que los estudios de género buscan hacer visible cómo la realidad desigual que conocemos hoy, donde las mujeres en la mayoría de los ámbitos de la vida están por debajo de los hombres, es el resultado de una construcción sociocultural: no es natural, no es inherente a la condición de ser macho o de ser hembra. Pero hagamos un poco de historia: hay un boom por influencia del movimiento feminista en las universidades importantes de EE.UU. y Europa, excepto en España, a partir de los años 60. Comienza el acercamiento a la mujer, a la mujer ausente como sujeto y objeto de la ciencia; después el enfoque pasa de «la mujer» a «las mujeres», por una crítica al concepto universal «mujer», liderado fundamentalmente por las intelectuales negras norteamericanas: se rescata la categoría «experiencia vivida», no es lo mismo ser una mujer blanca de clase media que ser una mujer negra en EE.UU.

(...) La cultura se ocupa de construir las diferencias entre hombres y mujeres para minimizar las similitudes entre ambos, que son más. Lo importante no es si somos o no somos diferentes. Diferentes somos todos los seres humanos. Lo importante es que sobre la base de las diferencias no se construyan desigualdades, que es lo que ha ocurrido

“Hay un debate sobre el origen de la opresión de las mujeres, vemos que utilizan el concepto opresión tomado del marxismo, porque hay una influencia de la concepción marxista en el análisis de estas realidades. En el texto El tráfico de mujeres. Notas para una economía política de la sexualidad de Gayle Rubin se explica el sistema sexo-género, la construcción que hace la sociedad de las relaciones de sexualidad entre las personas, que es lo que marca, por ejemplo, la heterosexualidad como obligatoria, los trabajos desarrollados por hombres o mujeres. Se basa mucho en los materiales de Lévi-Strauss y enfatiza, reconoce que la cultura se ocupa de construir las diferencias entre hombres y mujeres para minimizar las similitudes entre ambos, que son más. Lo importante no es si somos o no somos diferentes. Diferentes somos todos los seres humanos. Lo importante es que sobre la base de las diferencias no se construyan desigualdades, que es lo que ha ocurrido”.

Hablemos de los estudios de género en Cuba

Estos estudios comienzan en nuestro país tardíamente: en el momento en que se da este debate estábamos en muchas transformaciones sociales que fueron parte del proceso de la Revolución cubana, que incluyeron leyes que beneficiaron a toda la población, pero de manera particular a las mujeres…, sin duda, se produjo un avance muy grande en las décadas del 60 y el 70. Paralelamente, fuimos construyendo una conciencia de que en Cuba no había discriminación. Nos llevó tiempo reflexionar en torno a formas de discriminación que no están presentes en las regulaciones o leyes, que son más subjetivas, que están más en las normas de comportamiento, en las costumbres, en la cultura patriarcal, que se reproduce y que las leyes no pueden cambiar rápidamente. Ese es un elemento. El otro es que estuvimos ausentes en un debate sobre feminismo: a pesar de que fuimos un país con un amplio movimiento feminista en la primera mitad del siglo XX, después de la Revolución, con la unificación de las organizaciones de mujeres en la Federación de Mujeres Cubanas, no volvimos a hablar de feminismo. Desde mi punto de vista tiene que ver con el hecho de que aquello que no fuera explícitamente marxista no se consideraba compatible con nuestra sociedad. Así pasó con otras expresiones del pensamiento y con el feminismo.

Estuvimos ausentes del debate sobre el tema en el mundo, llegamos 15 años después, a finales de los 80, principios de los 90, sobre todo desde las academias e instituciones, el tema cogió un poco más de fuerza con las Conferencias de las Mujeres de Naciones Unidas, que llevan estos análisis a los gobiernos. La Cátedra de la Mujer se constituyó oficialmente en septiembre de 1991. El objetivo fundamental de su creación era estimular el interés de estudiantes, profesores e investigadores en la mujer, en singular, que fue como le llamamos en aquel momento. Comenzamos el evento internacional (Taller Internacional Mujeres en el Siglo XXI) en 1995, que irradiamos junto a la maestría (la primera edición fue en 2004) hacia otros territorios del país”.

Usted ha mencionado una sacudida en las dinámicas de las mujeres cubanas, sin embargo, todavía queda muchísimo camino por recorrer 

Las mujeres cubanas han avanzado en su lugar en la sociedad y muchas tienen conciencia de que lo que están haciendo se diferencia de las oportunidades que tienen otras mujeres en el mundo, estoy pensando en la participación en el mercado laboral, la posibilidad de ser independientes, de desarrollarse profesionalmente más que su pareja. Pero en términos subjetivos, en el ejercicio de representarnos que los roles tradicionalmente masculinos no son tales, ya es más difícil. Todavía hay preferencias por un tipo de actividad que tradicionalmente ha sido femenina, el hecho de que no se vean desempeñando actividades agrícolas u otras modalidades del empleo por cuenta propia, que son una alternativa de empleo actualmente, puede limitar su desarrollo.

(...) En mi opinión en Cuba falta mucho por avanzar en cuanto a la violencia de género, por discutir sobre la violencia psicológica, la económica, la patrimonial y las formas de violencia en otros espacios que no son la pareja, como el acoso sexual en la escuela, en el trabajo, formas de violencia de género de las que se habla menos pero que existen.

En el espacio doméstico desde mi punto de vista es donde está el mayor desafío, hemos avanzado en el espacio público, pero el espacio doméstico no se ha transformado: las mujeres seguimos siendo las máximas responsables de las tareas en el hogar, entonces nuestra participación en otras esferas es sobre la base de una sobrecarga de trabajo, de una mayor exigencia e intensificación de la jornada de trabajo, y eso lógicamente afecta la salud de las mujeres.

Por otro lado, en mi opinión en Cuba falta mucho por avanzar en cuanto a la violencia de género, por discutir sobre la violencia psicológica, la económica, la patrimonial y las formas de violencia en otros espacios que no son la pareja, como el acoso sexual en la escuela, en el trabajo, formas de violencia de género de las que se habla menos pero que existen. Nos falta preparación a los especialistas que tenemos que atender el asunto, falta la elaboración de protocolos de actuación, porque no basta con estar capacitados, debemos tener un plan de acción para cuando nos lleguen casos de violencia a consulta, a urgencias, a un bufete.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación masivos en la transformación de estas realidades?

Los medios siempre han sido considerados como esenciales en la socialización de las personas. En la actualidad, probablemente los niños y adolescentes estén más tiempo expuestos a los medios que compartiendo con sus padres. Los medios transmiten imágenes, información, discursos textuales y simbólicos que contribuyen a la formación de puntos de vista, de valores, de percepciones sobre la realidad, de intereses, de motivaciones. Los medios tienen un papel esencial en la formación de los ciudadanos.

¿Cómo observa el tratamiento del tema en nuestros medios?

Creo que el cambio que necesitamos no se ha producido en cierta medida por cómo se ven las mujeres, cómo se muestran en nuestros medios: en nuestros audiovisuales vemos a la mujer representada como objetos sexuales… realmente no siempre los medios transmiten informaciones adecuadas. Ese es un problema que pasa por la falta de profesionalidad de las personas que trabajan en los medios. Los temas de género, como están ausentes de los contenidos de las carreras, se desconocen más. Hay una mexicana, Marta Lamas, que en su artículo “Usos posibilidades y dificultades de la categoría género”, habla de cómo en español la palabra tiene otras acepciones; creemos sin estudiar que género es masculino y femenino y con eso operamos, y no es así, el género es la construcción socio-cultural de las diferencias entre hombres y mujeres, hay que buscar los procesos que construyen esas diferencias.

Las personas que hacen un reportaje, que preparan un programa, que asesoran un espacio deben prepararse en estos temas, no podemos responsabilizar a las mujeres por la baja natalidad, por ejemplo, eso significa no haber escuchado a expertos sobre este tema, claro, que esto lo dice un periodista y también lo dicen personas que toman decisiones. Tenemos que cuidar los usos errados de conceptos sobre género. Estas posturas equivalen a hacerle juego al machismo, desde el desconocimiento. No se puede improvisar.

Siempre digo que se trata de sensibilizar a los creadores, realizadores, periodistas… A la creación no se le puede poner trabas, camisas de fuerza, pero debe haber conciencia de las consecuencias de lo que se está haciendo, de qué estamos transmitiendo, qué estamos diciendo a los jóvenes sobre qué pueden o deben hacer y qué no… En Telesur, en la forma de dar las noticias, de abordar algunos asuntos, se nota una preparación en el tema género. Qué bueno que lo estén poniendo en Cuba para que lo oigamos todos: los medios, los que toman decisiones, la población en general.

En el caso de Internet, ¿revoluciona esta plataforma los puntos de vista sobre las problemáticas de las mujeres?

No soy experta, pero la sociedad tiene su expresión en Internet: todas las organizaciones, todas las instituciones, pues transmiten sus ideas, sus valores, sus principios, sus objetivos. Y las personas llegan ahí y reciben esa experiencia. Podemos encontrar pornografía y expresiones de violencia sexual, de violencia hacia la mujer, tratamiento de la mujer como objeto sexual, como algo que está a la mano, al alcance, al uso, que se desecha en cualquier momento. En estas plataformas se reproduce lo que sucede en nuestras sociedades. Lo mismo que en el periódico te lees un artículo con errores conceptuales, con un mal tratamiento a un asunto desde la perspectiva de género, en Internet lo encuentras igual. Mientras en la sociedad persistan formas de discriminación o tratamientos desiguales estas estructuras se verán reflejadas en estos espacios.

Lo mismo que en el periódico te lees un artículo con errores conceptuales, con un mal tratamiento a un asunto desde la perspectiva de género, en Internet lo encuentras igual. Mientras en la sociedad persistan formas de discriminación o tratamientos desiguales estas estructuras se verán reflejadas en estos espacios.

Pero también las feministas tienen páginas web. En Internet encontramos revistas feministas digitales muy buenas, las personas que trabajan estos temas tienen tanto interés en que avance que distribuyen buenos libros gratuitamente… algunas organizaciones que trabajan la violencia hacia la mujer, la planificación familiar en países donde esto es un problema, construyen formas de comunicación desde Internet. En Cuba se están abriendo espacios, hay iniciativas, interés, pienso en publicaciones como SEMlac (Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe), en las listas de discusión de mujeres emprendedoras, en plataformas feministas que han surgido.

En sus conferencias llama la atención sobre la importancia de observar la Actualización del Modelo Económico Cubano desde el impacto que puede significar para las mujeres…

Creo que es uno de los retos fundamentales, tomar en consideración los impactos que sobre las mujeres pueden tener estas medidas, no estoy segura de que en todos los casos se prevea, por lo menos no se divulga, entonces no sabemos. Por ejemplo, cuando dejan de funcionar las instituciones internas para estudiantes son mujeres las que asumen las labores que desempeñan esas instituciones. La racionalización del empleo estatal afecta directamente a las mujeres, porque son mayoría las mujeres en labores administrativas, sin embargo las opciones de empleo, muy enfocadas en el trabajo por cuenta propia y la agricultura, con la entrega de tierras, son actividades, especialmente esta última, que las mujeres consideran tradicionalmente masculinas, para las cuales subjetivamente no se encuentran preparadas. Esto puede alterar la presencia de la mujer en la fuerza de trabajo, en su autonomía económica, logros que hemos tenido y que podrían afectarse. Un desafío importante es considerar los impactos que pueden tener estas transformaciones sobre las mujeres. Sobre todo buscando alternativas que puedan amortiguar los efectos negativos.

En el mundo se ha puesto énfasis en la presencia de las mujeres en la toma de decisiones, justamente para que haya una mirada de género en las políticas que se discuten y aprueban. En Cuba el 48 por ciento de la Asamblea Nacional está conformada por mujeres, pero hay que preparar a las mujeres para que en esos espacios tengan una mirada crítica, para que transmitan sus necesidades, dificultades, experiencias y para que alerten sobre los posibles impactos negativos que en la vida de la mujer pueden tener las medidas adoptadas. 

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