Cuba no debe su independencia a EE. UU.: Una tesis necesaria

Francisca López Civeira • La Habana, Cuba
Martes, 10 de Marzo y 2015 (11:58 am)

 

En 1950 salió a la luz el libro Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, escrito por Emilio Roig de Leuchsenring y publicado por la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, cumpliendo un mandato del Noveno Congreso Nacional de Historia, donde se había discutido este asunto.

En la Nota Preliminar a la primera edición se aclara la necesidad de esa publicación, por cuanto “en la tergiversación de la verdad histórica sobre la lucha cubana de cerca de dos siglos por lograr la democracia, libertad, justicia, cultura y civilización, y especialmente acerca de nuestra Gran Guerra Libertaria de los Treinta Años, se encuentra la causa de nuestro derrotismo republicano, de fatales proyecciones para la estabilidad y engrandecimiento de la propia República”1.

La propia Nota explicaba que, en los congresos nacionales de Historia, se había planteado el propósito de estimular el estudio y difusión de la historia nacional más allá del círculo de especialistas, para que llegara al pueblo como forma de reafirmar los valores de la nacionalidad cubana y estimular el “sano patriotismo”. El problema de mayor preocupación radicaba, según afirma esa Nota, en que “malvadamente o con inconsciencia se ha hecho creer al cubano que es un pueblo tan infeliz, incapaz y desgraciado, que ni siquiera pudo romper por su propio esfuerzo el yugo que lo esclavizaba a España y alcanzar su independencia”, por lo que necesitó que otra nación (Estados Unidos) viniera a liberarlo. Esto llevaba a la idea de impotencia congénita. Por ello, se consideró necesario publicar “estas verdades históricas” en amplia tirada para el pueblo cubano.

La obra que comentamos, a 65 años de su salida, tiene un propósito bien claro y explícito, por lo que su lenguaje y modo de exposición está en correspondencia con ello. Sin duda, un historiador de hoy puede encontrar aspectos de la exposición general con los que disiente al calor de los estudios históricos más contemporáneos pues, como suele ocurrir, el conocimiento se construye desde cada época, con los instrumentos y perspectivas que le son contemporáneos, con lo que se alcanzan nuevas precisiones y visiones, pero todos tendríamos que concordar en que su tesis fundamental conserva toda su validez y utilidad para el pueblo cubano.

El autor, acorde a los planteamientos de los congresos nacionales de Historia, expresa la preocupación por la manera en que se enseñaba la Historia de Cuba, aunque también el problema estaba en el uso que se le daba desde el discurso político. En este sentido, puede verse la reiteración acerca de la gratitud que Cuba debía al país del norte por su independencia, así como la manera en que se presentaba la relación histórica entre ambos países. El 28 de enero de 1946, el Primer Ministro del Gobierno que presidía Ramón Grau San Martín y futuro presidente, Carlos Prío Socarrás, pronunció un discurso de homenaje a Martí en el Senado, en el cual dijo que el Maestro había conocido a Estados Unidos cuando el capital financiero daba sus primeros pasos “en la hermana República” y “confió la suerte y el destino de nuestras naciones a la alianza permanente con el noble pueblo norteamericano, confiado en que las orientaciones futuras de la gran Nación estarían imbuidas del espíritu de Lincoln (…)”. Después de una manipulación tan evidente hoy, afirmó que ningún latinoamericano conoció tanto a Estados Unidos como él.2

En las normativas para la enseñanza de la Historia de Cuba de ese período, se puede encontrar un discurso intencionado, como la Circular 133 de 1944, que contenía el Plan y cursos para escuelas primarias en lo relativo a Historia de Cuba, emitida por la Junta de Superintendentes de Escuelas de la República de Cuba. Aquí se plantea para el cuarto grado, en la Meta Octava, el tema Guerra Hispano- Americana donde se plantea como “esenciales”: La ayuda de un pueblo amigo: el mensaje a García y la llegada de los americanos. Lucha entre valientes, además, en la Meta Novena referida a la República, se expone en “esenciales”: Cómo se reconoció la libertad de Cuba. El Tratado de París y el Gobierno Interventor. Realización del ideal: la República. Para el sexto grado, los esenciales de la Meta Novena eran: La colaboración cubano-americana en la guerra. Y en la República se volvía a plantear Realización del ideal: La República.3

Los ejemplos señalados evidencian la manera en que se hacía uso de la Historia de Cuba y sus héroes más paradigmáticos dentro del sistema de dependencia neocolonial, lo cual explica el interés de los congresos nacionales de Historia en tratar de llevar al pueblo una visión diferente, en este caso de las relaciones con Estados Unidos a lo largo de nuestro devenir como nación. A partir de estos presupuestos, se puede entender el tono y el discurso del libro de Roig de Leuchsenring que aquí comentamos.

La primera parte de esta obra se titula, intencionalmente por supuesto, Por su propio esfuerzo conquistó el pueblo cubano su independencia. En esta sección, el autor hace un repaso del proceso histórico cubano, con énfasis en las guerras independentistas, la participación popular y su capacidad de lucha frente al dominio español, en lo cual utiliza testimonios de figuras relevantes españolas que reconocían la pujanza de las tropas cubanas, así como el costo para el poder español de la guerra, iniciada en 1895 y que a principios de 1898 ya resultaba casi insostenible para la Corona, en lo que también acude a los criterios de los mandos ibéricos. En esta situación, Roig expone las maniobras hispanas de última hora y el reconocimiento por algunas de sus figuras de la pérdida, de hecho, de Cuba al finalizar el año 1897 y comenzar el siguiente. A continuación, repasa los pasos que dio Estados Unidos para intervenir en la guerra desde el mensaje del presidente McKinley del 11 de abril de 1898, destacando la participación decisiva del Ejército Libertador en apoyo del ejército norteamericano para derrotar al cuerpo español, lo que fue reconocido por algunos de los jefes militares estadounidenses.

La segunda parte del texto se denomina El Estado norteamericano fue siempre enemigo de la independencia de Cuba, en la cual Roig hace una síntesis de otros libros de su propia autoría, basada en fuentes documentales, fundamentalmente norteamericanas, para demostrar la tesis que adelanta en el título.

Desde 1805, con palabras del presidente Thomas Jefferson, se inicia la exposición del temprano interés de aquel país por Cuba, pasando después por el enunciado de la política de fruta madura, los intentos anexionistas de mediados del siglo XIX hasta llegar a la actitud oficial frente a los empeños cubanos por su independencia, de indiferencia o de oposición, de acuerdo con las circunstancias, con especial énfasis en los períodos de guerra.

Roig hizo un destaque especial de la actitud y opiniones de José Martí sobre Estados Unidos y sus intereses respecto a Cuba, por lo que dejó un “legado precioso” para la Revolución y la República. El autor también se detiene de manera particular en la guerra de 1895 y la actitud del poder estadounidense en correspondencia con la marcha de la contienda, así como la política que siguió McKinley a partir de su toma de posesión en 1897, en lo cual vuelve a hacer uso de la documentación de aquella procedencia, especialmente en lo referido a la Resolución Conjunta del Congreso norteño de abril de 1898 y los intereses que se movieron detrás de ella. El libro termina con la siguiente afirmación: “Demostrado queda, absoluta y totalmente, que el estado norteamericano fue siempre enemigo de la independencia de Cuba”.

Independientemente de que las investigaciones acerca de estos temas, realizadas después de aquel 1950, hayan arrojado más luz sobre ese acontecer, el libro de Emilio Roig de Leuchsenring, publicado sesenta y cinco años atrás, fue un aporte necesario para el conocimiento de la Historia de Cuba, en particular de las relaciones conflictivas con Estados Unidos desde su génesis. Este esfuerzo sigue siendo útil y necesario.

Notas: 
1. Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos. Ediciones La Tertulia, La Habana, 1961, 4ta edición, p. s/p. (Todas las citas de este libro corresponden a la misma edición)
2. Carlos Prío Socarrás: Martí (Arquetipo de lo cubano). Publicaciones Oficiales del Senado. Editora Publicitas, La Habana, 28 de enero de 1946, pp. 30-31.
3. Documentos reproducidos por José Rodríguez Ben: La enseñanza oficial de la Historia de Cuba (1842-1958) contextos, contenido y métodos de enseñanza. (Inédito)
Fuente: Trabajadores

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