Un tesoro romano recién descubierto en La Habana

Arassay Carralero • La Habana, Cuba

Lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo…
J.L. Borges

Un catálogo de monedas romanas, realizado por la joven profesora e investigadora Mariana Fernández Campos1, ha tenido —según hemos comprobado en las presentaciones y en diálogos suscitados a raíz del libro— una formidable acogida. La autora de Monedas romanas en La Habana. Redescubrimiento de una colección universitaria, publicado por la Editorial UH en el 2013, pensó que su recepción estaría “sobre todo [en] los alumnos de las carreras de Letras e Historia del Arte, y en general [en] los estudiantes universitarios”2. Y en efecto, los estudiantes universitarios y los aficionados a la numismática pueden encontrar aquí una bibliografía que cumplimente su formación y satisfaga curiosidades; pero el catálogo consigue no solo eso, que ya sería suficiente.

Hacia el invierno del 2008 —declara la autora en el “Estudio preliminar”—  la actual directora de la Cátedra de Filología y Tradición Clásicas de la Universidad de La Habana, Elina Miranda Cancela, consulta  al especialista en epigrafía y numismática  barcelonés, Marc Mayer Olivé, sobre la colección de monedas que posee el Museo de Arqueología Clásica Juan Miguel Dihigo. El intercambio de criterios arrojó la primera luz sobre lo que se convertiría en el objeto de análisis del volumen que comentamos. La colección de monedas, consideradas copias hasta entonces, comenzó a metamorfosearse por medio de la exhaustiva investigación de Mariana Fernández Campos, y un tesoro de monedas romanas originales fue redescubriéndose en La Habana.

A las imágenes de los 173 ejemplares que conforman el catálogo precede un estudio que enmarca la colección. La numismática en Cuba —asevera Mariana— tuvo su primera publicación periódica en 1977 (Boletín Informativo del Museo Numismático); no obstante, los indicios de la existencia de coleccionistas cubanos anteriores a esa fecha revelan los avatares de una historia que —en palabras de la investigadora— “se hizo en silencio” hasta bien entrado el siglo XX. A partir de la década de los 70 de la pasada centuria, cuando se funda oficialmente el Museo Numismático y van aflorando varias publicaciones dedicadas al tema, es que cobran consistencia y visibilidad los estudios numismáticos en Cuba.

Precarias, sin embargo, continuaron siendo las investigaciones cubanas en el ámbito de la numismática clásica. De ahí la pertinencia del texto que nos ocupa. Porque Monedas romanas en La Habana tiene el afán de presentar un corpus perteneciente al museo Juan Miguel Dihigo, pero ofrece al lector,  también, una panorámica del  status quo de la numismática clásica en Cuba; un repaso de los métodos de catalogación empleados en otras instituciones prestigiosas; un acercamiento a los tópicos de la cultura latina necesarios para la mejor comprensión de la muestra catalogada; y, entre otros aspectos, una bibliografía actualizada sobre este campo. Lo anterior no viene solo a llenar vacíos, sino que de alguna manera sistematiza una trayectoria, en parte hecha “en silencio”, en parte a viva voz, de la numismática en nuestro país.

Las piezas aparecen en la segunda parte del libro. Las primeras 87 pertenecen a la época republicana; el resto, 86,  al Imperio. Una pormenorizada descripción acompaña a cada ejemplar. Primero, una descripción técnica que comprende, por ejemplo, el tipo de moneda según el sistema monetario romano, el período en que se emitió y los responsables de la acuñación, la composición química, el peso y las dimensiones. Tal descripción se hace asequible también para quienes desconocemos esos procedimientos numismáticos, porque, junto a las nomenclaturas especializadas, términos de otro registro explicitan las características de la pieza en cuestión. Después, dos apartados más nos describen el anverso y el reverso de la moneda. Allí se detallan los elementos que conforman los relieves de ambas caras: representaciones de los dioses, escenas míticas, retratos de emperadores y emperatrices, alegorías, símbolos de la cultura romana, rúbricas, et al.  Estos relieves, complementados con las notas al pie, permiten que el receptor encuentre un modo —dulce et utile— de apropiarse de la cultura latina.

Decíamos al inicio que tanto los estudiantes universitarios como los aficionados a la numismática tienen con este volumen un instrumento para la formación, pero no concluye ahí el alcance del catálogo. El “Estudio preliminar”, que  cuando ahonda en cuestiones técnicas o emplea palabras específicas del mundo grecolatino hace que los lectores menos avezados leamos con mucho detenimiento, resulta el preámbulo para penetrar ese delicioso entramado que se extiende de relieve en relieve. De manera que en esos  momentos más arduos, como los de “[l]a tipología de la moneda romana y su metrología”, consigue complacencia el erudito; pero en la diversidad de imágenes, en la historia que encierra cada una, en esos rasgos que sabemos signos de una cosmovisión,  no hay manera que no se regodee incluso hasta el “neófito” y termine diciendo al observar el catálogo: “todo nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo…”



Notas: 

1. Mariana Fernández Campos (La Habana, 1985): Licenciada en Letras y Doctora en Ciencias Literarias (2012) por la Universidad de La Habana. Actualmente es profesora de la Cátedra de Filología y Tradición Clásicas de la Facultad de Artes y Letras, donde imparte Latín y Civilización y Cultura Romanas. Ha realizado, además de la investigación de la cual surge este libro, otras sobre la traducción de autores clásicos y la repercusión de estos en Hispanoamérica.

2. Mariana Fernández Campos: Monedas romanas en La Habana. Redescubrimiento de una colección universitaria. Ed. UH, La Habana 2013, p., 24.

 

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