El reto de asumir al rock como cultura

Guille Vilar • La Habana, Cuba

Si  hiciéramos un cuestionario a la población promedio norteamericana acerca de qué entiende por música cubana, las respuestas no serían muy diversas. La mayoría hablarían de una música bulliciosa que está interpretada con maracas y tumbadoras. Y si ahora mismo, salimos a la calle y le preguntamos a la gente qué es para ellos el rock, muchos dirán que no saben de qué les estamos hablando, mientras que otros no son capaces de hablar más allá de la obra de Los Beatles, pero otros más dirán que no les gusta porque se trata de una música escandalosa.

Por supuesto que en ambos casos, las respuestas están muy lejos de la verdad. En el caso de la música cubana, la amplitud de géneros es sumamente enriquecedora mientras que un universo tan abarcador como el rock, está conformado por tantas manifestaciones  como preferencias individuales se puedan tener y obviamente es mucho más que una música escandalosa. Lo que lamentablemente sucede, es que por múltiples razones, entre nuestros medios de difusión masiva, se percibe una tendencia a favorecer géneros como el metal por encima de otras modalidades diferentes  y entonces pudiera darse la impresión equivocada de que el rock es solamente eso.

Basta revisar las listas de popularidad en la radio norteamericana desde la segunda mitad de los años 60 hasta finales de los 70, para descubrir que el rock representa una poderosa manifestación de la música popular y por lo tanto para hablar con propiedad acerca del rock, por lo menos hay que intentar conocer de este todo lo más que se pueda. En las mencionadas listas, lo mismo aparecen canciones de Los Beatles compartiendo lugares con propuestas tan diferentes entre sí como las de Jimi Hendrix o los éxitos de Los Jackson 5 entre tantos otros, pero todos marcando su territorio por el derecho a existir.

En tal sentido, en nuestro pequeño Submarino Amarillo [1], cada noche rendimos tributo a los que en su momento, hicieron lo que ahora se conoce por rock clásico. Formaciones variadas de los roqueros cubanos, abordan como suyas aquellas canciones que todavía hoy en día, al cabo de casi 50 años, permanecen con la frescura y el atractivo de entonces. Sin embargo, en la noche del pasado 6 de marzo, con motivo del 4to Aniversario del sumergible encantado, decidimos ampliar todavía más el contexto del rock que habitualmente se presenta en dicha instalación cultural. La presencia en nuestro escenario del grupo Polaroid conformado por Jenny Díaz, Juan Carlos Suárez, Miguel Díaz y Ramses Arencibia constituye no solo un cambio  del punto de giro en cuanto a presupuestos estéticos se refiere sino que además expresa una definición concreta de la voluntad de asumir al rock como un hecho cultural mucho más allá de la inevitable carga de nostalgia.

Acompañados por los músicos Carlos Ríos, Roberto Luís Gómez y Claudio Pairot, Polaroid ha aceptado el reto de convertir a los incrédulos de la magia del rock en confesos admiradores del irresistible encanto del género. Obviamente, no hay tiempo para errar en los disparos a la diana, y  se concentraron en un repertorio así de exigente como de exquisito. Si bien los cantantes Jenny, Juan Carlos y Miguel provienen de un entorno trovadoresco, hubo momentos del concierto en que no sabíamos si eran músicos que invitaron al rock a sonar desde las cuerdas de la cubana guitarra o si fue que los creadores de estos clásicos, quienes quizá desconocían la belleza de nuestra trova, pero por intuición plasmaron dicha esencia en las composiciones interpretadas, pues todo sonaba dentro de la más equilibrada armonía.

Canciones de antaño como “A horse with no name” de America, “Flying Sorcery” de Al Stewart y “Dedicated to the one I love” de The Mamas And The Papas, marcaron el sutil entorno de una noche dispuesta para navegar por aguas tranquilas. Incluso, hasta para apropiarse de éxitos actuales como el movido “Get Lucky” de Pharrel Williams, no se desprendieron del rumbo fijado que marcó el tempo del concierto. Tampoco lo hicieron cuando llegó el turno a la música de Los Beatles.

Alejados de los temas más conocidos del famoso cuarteto británico, interpretar desde una personal perspectiva canciones como “Dear Prudence” o “Girl” es un acto de profunda justicia para con la prolífica diversidad estilística del repertorio beatle, diversidad que contribuyó, decisivamente, a marcar la distancia entre sus contemporáneos. No por gusto, Enrique Carvallea, el productor y realizador de este inspirado proyecto, propone como canción de cierre, a “In my life”, antológica composición de Lennon cuya hermosa poética, devela hacia donde estaba encaminado el posterior trabajo de Los Beatles, ese que por su alta dosis de ingeniosa creatividad, los ha ubicado entre las principales agrupaciones de música popular de todos los tiempos.

Definitivamente, la presencia del grupo Polaroid en el Submarino Amarillo, marca el inicio de un ambicioso sueño por concretar, donde además de los grupos habituales que allí se presentan, se pueda llegar a alternar no solo con la participación ocasional del propio Polaroid sino hasta con figuras de la talla de Silvio Rodríguez o de Chucho Valdés quienes pudieran ofrecer una sugerente interpretación de cómo estos pilares de nuestra cultura, confrontan el legado de Los Beatles y el del resto de los grupos de aquellos años.

 

Notas: 
1. El Centro Cultural Submarino Amarillo de Producciones Artex, ubicado a tan solo pasos de la estatua de John Lennon en el capitalino parque de 17 y 6 en El Vedado, desde hace cuatro años convoca a los amantes del rock para disfrutar no solo de la actuación de grupos cubanos en versiones a los clásicos del género sino que además ofrece una selecta diversidad de videos de época por sus mejores intérpretes.

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