Padura vs Padura

Las contradicciones sobre las cuales se ha erigido, en los últimos tiempos, el discurso público del destacado escritor Leonardo Padura, pudieran, como condición indispensable del desarrollo, beneficiar una obra que cada vez más se sigue leyendo, pero de la cual también se sabe, cada vez más, qué esperar.

En una entrevista reciente que le realizara el diario español El País (en el cual el lector siempre halla un mismo estilo estandarizado para abordar punzantemente la realidad cubana, no muy diferente, en tanto esquema, al discurso “sinflictivo” atribuido a la prensa oficial de la Isla), puede leerse con inquietud:

Título: “Mis personajes son trágicos como la realidad cubana”

Primera línea del cuerpo de texto: “El escritor Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha aterrizado en Madrid con las alforjas llenas.”

Obviamente, en este caso la referencia a las “alforjas llenas” no es literal, sino que alude a los proyectos que el escritor tiene entre manos –presentación de libros, películas, series, etc. De cualquier modo, el sintagma es representativo de un éxito que contrasta con la tragedia en la que, en su opinión, ha vivido sumida su generación dentro de la realidad cubana, desde la década del 90 a la actualidad.

Otras paradojas siguen aflorando en esta breve entrevista que, por momentos, parece haber sido escrita muchas veces ya, como si formara parte de un material que cada cierto tiempo se reelabora, se le incluye algún elemento de anclaje a la actualidad, y vuelve a circular en los medios.

En esta realidad “trágica y descarnada” –insiste Padura, o enfatiza el reportero-, donde los cambios “se han notado poco, pero se han notado”, a la vez se constatan paladares en las que “hay que reservar con dos o tres días de antelación” y los “hoteles están llenos”.

Efectivamente, muchas personas viajan por estos días a Cuba, motivadas por el hecho de que hasta su propio contendiente histórico reconozca en ella a un pueblo….

No obstante, el autor prefiere exaltar las debilidades de la “mucha gente que se dejó vencer”: la mucha gente que, por ser mucha, no equivale a mayoría; la mucha gente que puede catalogarse o no como vencida en dependencia del patrón de triunfo de quien ejerza el criterio de clasificación. Y lo más lamentable es que esta vez la condena generacional no queda en el plano ficcional o subjetivo de una narración, sino que se declara con todas las letras, nutriendo la línea editorial de El País.

¿Se percibirán los amigos a los que el escritor alude como “vencidos”? ¿Y los que se quedaron, y no se prostituyeron ni tampoco se alcoholizaron, y se sobrepusieron al golpe de la utopía postergada, y aterrizaron con la madurez sus sueños, también figurarán en el catálogo de los derrotados?

El investigador Stephen Wilkinson, Director de The International Journal of Cuban Studies y autor de Detective Fiction in Cuban Society and Culture, parece haber tenido la misma sensación de inconsistencia, no ya al leer la referida entrevista del Premio Nacional de Literatura sino Herejes, su novela más reciente. Así lo plasma en un texto titulado Mario Conde: el viaje más largo a ninguna parte, y publicado por Catalejo, blog de la revista Temas.

“Después de la Revolución, ningún otro novelista cubano ha ganado tantos premios, ni ha sido publicado en tantos países, ni traducido a tantos idiomas”, comenta Wilkinson sobre quien ha tomado como eje central de su obra la desilusión, el sueño frustrado.

Expresa en su crítica el estudioso que “…esta Habana de 2007 (refiriéndose al momento recreado en la novela) sigue siendo el mismo mundo donde Conde viviera diez o quince años atrás. Ni él ni, lamentablemente, su creador, parecen haber avanzado con los tiempos. Es una pena, porque, cuando el lector se percata de esto, la puesta en escena aparece poco creíble. (…) Para mí, que lo he seguido fielmente como estudioso de su obra y como amigo, Padura está empezando a perder sutileza y corre el riesgo de tornarse demasiado repetitivo.”

Pero no solo la reiteración amenaza la obra de Padura: Mario Conde, “el luchador” romántico con quien tantos cubanos se han identificado desde su nacimiento –por las penurias compartidas, sí, pero también por la capacidad de sobrevivir a ellas, de amar la literatura y su condición redentora, de disfrutar casi sensualmente una colada de café- puede llegar a convertirse en un extraño.

De un Mario Conde lleno de valores, que es “decente”, “legal” y “buen amigo”, “capaz de dar hasta lo que no tiene”, se ha dicho en esta entrevista que “casi nunca tiene nada”.

Hasta hoy, Mario Conde ha tenido TODO lo imprescindible para que muchos lectores cubanos lo hayan anclado a la lista de sus personajes necesarios, de sus ficciones entrañables. O constituye esta otra contradicción -ejemplo del estado de conflicto interior que a la larga permitirá dar un salto en la literatura de Padura-, o la pretendida “gran estafa” que el autor recrea en cada una de sus obras pudiera estar a punto de volverse contra él mismo.

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