¿De quién es la gran culpa…?

Erian Peña Pupo • La Habana, Cuba

La obra Culpa —primera obra escrita y dirigida por Rosa María Rodríguez, con la que obtuvo la beca Milanés, que otorga cada año la AHS— es a simples rasgos, un compendio de una visualización a veces epidérmica, otras no tanto, de un país cuya realidad palpable y oficialmente underground compone eso que llamamos cotidianidad nacional. Parte también de las tantas y variadas influencias en materia dramatúrgica que componen la mirada de los novísimos o posnovísimos dramaturgos cubanos. «No tuve que tirarte mierda encima. Que rico es poder dialogar...», le dice la oficial instructora (interpretada por Rosa María) al profesor de biología, ejemplificando el discurso “hacia la violencia” que viene caracterizando parte de esa joven dramaturgia cubana. En esto y en el enfoque de otros temas, Culpa recuerda textos de otros jóvenes dramaturgos, como Semen, de Yunior García y Por gusto, de Abel González Melo. Además, muestra los matices de una violencia explícita, bien delineada en toda la obra: violencia verbal, física, superioridad y mando anclado en patrones sociopolíticos de una realidad que, por compleja, puede resultar poco creíble, como quisieran muchos, pero a la vez demasiado interesante.

Imagen: La Jiribilla

Pero la Culpa de Rosa María es real, o al menos eso intenta ella: «aquí cualquiera puede ser culpable»; incluso el espectador. Pero de qué: la culpa queda implícita, el asesinato que parece ser eje conductor de la investigación policial también, y la historia puede llegar a ser polisémica... Muestra la recreación de la caída y decadencia de casi todo el mundo, comenzando por un sistema moral enclaustrado en cánones tambaleantes desde sus orígenes.

Imagen: La Jiribilla

Culpa recuerda textos de otros jóvenes dramaturgos, como Semen, de Yunior GarcíaPor gusto, de Abel González Melo. Además, muestra los matices de una violencia explícita, bien delineada en toda la obra:

Una realidad que en el coqueteo constante resulta atractiva y singular, aunque también familiar y tautológica en varios aspectos: un indeciso profesor de biología que paga el alquiler y tiene sexo (o se masturba mientras observa) con una menor de edad, interpretada por Lisa María Velázquez, una especie de chispeante Lolita tropical, una putica del pre como ella misma se define: «soy pu-ta y vivo en un musical», dice, pero más inocentemente puta y seductora que el personaje de Nabokov o la rubia de Kubrick. O quizá malvadamente puta y seductora, lo que hace del personaje y la interpretación de Lisa María, uno de los elementos más interesantes de la obra. 

Una esposa insatisfecha que todo lo que quiere es templar y templar: así lo pide a gritos, mientras observa la vida a rayas frente a un televisor desintonizado sin que su esposo llegue a complacerla, pues «mientras más años más mierda se acumula»; hasta que encuentra a un adolescente, un fiñe dice, casualmente hermano de la Lolita seductora, con quien tiene sexo en una parada de ómnibus. La historia se complica y los caminos se bifurcan, pero todo de manera circular y a veces desenfrenado: la esposa se acuesta con el adolecente pero también con su hermana, la alumna de pre se “tira” al profesor y a su esposa, el adolescente se enamora del profesor, lo besa y casi al final aparece travestido… y en esto recuerda, por algunos puntos de conexión, a Por gusto, de González Melo.

Todo se mueve alrededor de un asesinato que al final parece no resolverse del todo o disolverse en otras historias y deja la obra en una especie de ambigüedad dramática. Por su parte, el diseño escenográfico, que llega a ser minimalista, complementa la  estructura en una especie de visualidad 3D, tres espacios físicos individuales que se complementan en escena y que el actor se permite transgredir cuando irrumpe en otra locación.

Imagen: La Jiribilla

Culpa debe cuidar un poco la actuación en busca de una organicidad dramatúrgica que haga la historia más convincente; pues, como dice el texto, que pude leer en una primera versión,  «tiene una buena historia que contar», y actores que saben defenderla. Al final, la culpa de todo esto la tiene...quién sabe. Quizá todos, quizá el muerto. Lo más probable: nadie.  

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