Entrevista con Pedro Franco

Ser o no ser gestores teatrales

Leonardo Estrada • La Habana, Cuba

A raíz del panel Gestión y producción teatral en la escena cubana de hoy, desarrollado como parte de los espacios teóricos del VII Festival Nacional de Teatro Joven, indagamos con Pedro Franco, director del grupo El Portazo, para conocer su criterio sobre las estrategias económicas dentro del proceso artístico y creativo.

Imagen: La Jiribilla

Sabemos cómo la gestión se ha imbricado a tu manera de concebir el hecho teatral. ¿Qué importancia le concedes para desarrollar tus puestas en escenas con el proyecto El Portazo?  

Lo primero es aceptar que tu capacidad de producción determina tu potencial estético. Todo lo que seas capaz de agenciarte dentro de un proceso creativo va a condicionar ese resultado final; y nunca podemos perder de vista que el arte termina en consumo, de lo contrario es un ciclo incompleto. La estrategia de El Portazo deviene integrar la gestión al proceso creativo y no verla como algo aparte. En Semen es donde más evidente se hace, con el inacabado de la puesta en escena, con la poca factura escenográfica, la violencia en los cortes. Siempre ha sido una motivación personal a partir de la propia experiencia del grupo, lo que nos ha tocado vivir, por ejemplo el tema de los salarios. Al desaparecer el  dinero tuvimos que salir a las calles, luego pensamos por qué no decir cómo lo estamos buscando y hacer de eso una poética, imbricarlo a la ficción y que la gente se vea reflejada ahí.

¿Cómo cuidas la calidad artística de tus espectáculos vendibles sin perder de vista la ficción teatral?

Ninguno de los espectáculos, ni Por gusto, ni Antígona, ni Semen, se concibieron con la intención de comercializarlos, sin embargo, a ese camino se llegó después. He querido armar un grupo con una estructura de casa editorial, con varias líneas, con un perfil comercial y un perfil artístico, todo dentro de la misma gestión. Pero una cosa no tiene porqué mezclarse con la otra; tampoco tienen que ser antagónicas.  Hay que huirle al producto rápido y prefabricado, al teatro puzle, hay que lograr vender un buen producto aunque sea comercial. Primero el intelecto, pensar; luego, con una calculadora, resolvemos lo de los números.

Hay que huirle al producto rápido y prefabricado, al teatro puzle, hay que lograr vender un buen producto aunque sea comercial. Primero el intelecto, pensar; luego, con una calculadora, resolvemos lo de los números.

Hemos sido parte de esa legalidad poética que distingue tus piezas teatrales. Por ejemplo, en Antígona articulas a la estructura dramática un intermedio para vender al espectador productos como afiches o café.

Antígona surge profundamente influenciada por Antigonón y la escena de “necesito una flor de Pimpinela.” Llegué a Matanzas convencido de que quería hacer algo así. El problema es que no podía inyectarlo de repente al espectáculo, porque ya llevaba más de 15 funciones. Entonces decidí dividirlo a la mitad e insertarle lo que yo deseaba.  A la vez ocurre en un momento donde el Consejo de las Artes Escénicas dijo que no tenía dinero para asumirnos como grupo. Tuve que hacer muchísima presión desde La Habana para que se nos tomara como proyecto subvencionado y protegernos. Empezamos entonces a discursar sobre nuestras necesidades. Sigo ese patrón como alternativa, ya sea desde un intermedio, o bien podría ser en un prólogo o epílogo. Se trata de hablar también de nuestras urgencias.

La sociedad contemporánea ha amalgamando dispositivos tecnológicos con la estructura social. El arte teatral también la ha hecho suya. El teatro comercial es una de las muestras más fehacientes  para explicar este fenómeno. ¿Has dialogado con  referentes de este tipo de teatro?

Hay un nivel de catarsis en el teatro, como el que puedes lograr en una discoteca; y eso se paga. Por supuesto hay que pensar cómo persuadir a   volúmenes de personas. Pero no puede hacerse eso nada más. Todo tiene que formar un complemento, sino los espectadores saldrían sin querer repetir. Yo pacto con el teatro comercial, ahora estoy pensando más en serio, dispositivos comerciales como la comunicación rápida y directa con un espectador; pero no abandono la tesis de que necesita tener por debajo un discurso, un concepto, una ira, una ironía. No es solamente dos trapos y lentejuela. Por ejemplo, podemos citar como referente el teatro de Carlos Díaz que te fascina, te deslumbra y te lleva muchas veces al mismo espectáculo, porque hay mucho más que eso: los cuestionamientos, salir pensando. 

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