Para mirarnos por dentro

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba

Llegué al Festival de Teatro Joven de Holguín a la altura de su edición séptima, cerrada hace pocos días, pero como para muchas cosas en la vida nunca es tarde,  mi demora se benefició al encontrar un evento que transita un camino de maduración de objetivos, que puede preciarse de una ajustada organización, que aprovecha bien los auspicios institucionales, y que, sobre todo, mira adelante con suficientes energías e inquietudes como para llegar más lejos.

Porque si bien reunir en cuatro días nueve puestas en escena creadas por jóvenes —incluidos dos colectivos de artistas no profesionales, o no de “dedicación sistemática”, como los calificaría Patricia Ariza—, más dos montajes invitados, un panel de gestión y producción teatral, una sesión abierta de análisis y crítica, la puesta en circulación de publicaciones especializadas, y el espacio de intercambio con un maestro como el Premio Nacional de Teatro 2015 Carlos Díaz, es suficiente para sentir que uno ha aprovechado el tiempo y ha sido parte de un vital intercambio de saberes; percibir además en el equipo organizador presidido por Junior García la conciencia de que hay que activar nuevos resortes para profundizar el alcance, exteriorizada en pleno desarrollo del VII Festival, indica cómo la complacencia cede paso a la voluntad de crecer.

Imagen: La Jiribilla

La amplitud de proposiciones en términos de lenguajes expresivos mostró cómo para estos núcleos de jóvenes creadores no hay fórmulas cerradas, pues sus montajes recorren del teatro costumbrista a la vanguardia, de la intención por dialogar de modo directo con la inmediatez de la realidad a la construcción de metáforas que se nutren de la poesía y de la tradición teatral, pasando por ejercicios de escritura escénica llenos de riesgo y a contrapelo de adversidades prácticas. Como denominador común, más allá de los resultados, el apego y el compromiso con cada propuesta por parte de sus hacedores. Y la necesidad de entender la realidad, de debatirla y de compartir sus preocupaciones con los otros, conscientes en su mayor parte de los espectadores para los cuales trabajan.

El diálogo abierto que se aproximó a la mayor parte de los espectáculos —salvo los del día final—; la confrontación inmediata con impresiones y valoraciones mejor fundamentadas, compartidas por varias voces en tres tiradas del boletín Palco 13, así como las ideas que centraron el panel de gestión —no limitado a una mirada pragmática—, apuntaron a la exigencia de propósitos ideoestéticos, a la necesidad de seguir investigando y perfeccionando procedimientos estéticos a la vez que profundizando en contenidos, a contrapelo de dificultades y limitaciones ciertas en muchos órdenes.

Llamo la atención nuevamente sobre el imperativo de pensar la escena desde dentro, sumando a los procesos creativos la mirada crítica de un asesor para ampliar la mirada colectiva antes del estreno, con el potencial de teatrólogos que ha dado el ISA.

Llamo la atención nuevamente sobre el imperativo de pensar la escena desde dentro, sumando a los procesos creativos la mirada crítica de un asesor para ampliar la mirada colectiva antes del estreno, con el potencial de teatrólogos que ha dado el ISA.

El valor compartido de que la autogestión —como reclamo ineludible de estos tiempos— debe de estar aparejada al reclamo a la institución como derecho inalienable, y de que la sustentabilidad requiere de pautas no únicamente económicas sino también relacionadas con la ética profesional, se dio la mano con la atención a un sentido de la competencia artística como elemento medular y aspiración permanente junto con otros mecanismos extra, a menudo sobrestimados en medio de la confusión de los cambios de este momento.

Valdría la pena que el VIII Festival de Teatro Joven pudiera reunir a algunos de estos mismos artistas para apreciar la próxima escala de sus trayectorias. Y ojalá que lleguen otros, con elecciones estéticas diversas. Para entonces, la programación podría plantearse explorar otros espacios menos tradicionales, y doblar las funciones de cada obra para satisfacer las expectativas de un público ganado, a la vez que para darle a los grupos la posibilidad de un ritmo más intenso para afinar sus trabajos, a veces insuficientemente probados ante los espectadores por dificultades logísticas, falta de sede y otras limitaciones.

También, a partir de la vocación de insertar puestas invitadas de dentro y de fuera, toca afinar la selección más allá de nuestras fronteras para acercar expresiones de teatro joven que puedan ensanchar productivamente el intercambio de experiencias.

También, a partir de la vocación de insertar puestas invitadas de dentro y de fuera, toca afinar la selección más allá de nuestras fronteras para acercar expresiones de teatro joven que puedan ensanchar productivamente el intercambio de experiencias.

Más allá de la función apenas introductoria de este pórtico, resalto la feliz conjunción en una misma noche de dos montajes como La panza del caimán, desde la experiencia del grupo camagüeyano invitado Teatro del Espacio Interior, bajo la dirección de Mario Junquera, y Pasaporte, del local Trébol Teatro, conducido por Junior García, donde procedimientos polares confluyen en miradas ontológicas y dirigidas a un objetivo de cuestionamiento social, junto al rigor de dos actrices en la frontera entre la infancia y la adolescencia al recrear tensiones afines a su mundo en Jardín de estrellas, de la Compañía Teatral Danzaria La Andariega, que dirige Luis Orlando Antúnez (Bambino), y el modo orgánico con el que explican sencillamente su trabajo.

También, el arrojo de equipos como los de La Guerrilla del Golem con Menudos pedazos, Alasbuenas con Culpa y Punto Azul con A puertas cerradas, aún a medio camino en sus búsquedas y abocados a reevaluar referentes, y hasta la honestidad del teatro imperfecto que con humor practican los estudiantes de Ciencias Médicas guiados por Hendricks Morales para aprender a curar no solo el cuerpo sino sobre todo los males del espíritu que pueden aquejarlo, corrompido por la indolencia y el estancamiento.

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