Fiesta de títeres en Martinica

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba

Del 31 de enero al 7 de febrero del presente año Teatro de Las Estaciones viajó a Martinica, departamento francés de ultramar, y puedo decirlo ahora que la conozco,  una de las islas más bellas de Las Antillas, hermana geográfica de la República Dominicana y Guadalupe, islas caribeñas que también nuestro conjunto teatral ha visitado.

Imagen: La Jiribilla

Tras varios entuertos aéreos por el camino llegamos al 5to Festival Bamboula Bwabwa et Marionnettes (BBM), auspiciado por la titiritera, escritora y narradora de cuentos Jeannine Lafontaine (Jala), y el CEMEA, institución que brinda servicios sociales a la infancia y adolescencia de la comunidad martiniquense, presidida por una mujer activa y solidaria llamada Claudie Eguienta.

El evento se desarrolla en su mayoría en la ciudad Case Pilote, una pequeña villa con más casas antiguas que nuevas, palmeras, arboles marinos, gallos y gallinas con sus pollitos por las calles, gentes mestizas, blancas, con por ciento superior de raza negra. Como sedes principales fungieron la Casa de Cultura de la Juventud, donde se representaban los espectáculos; el salón de reuniones de la gobernación, sitio donde se impartieron las conferencias; el Jardín de L`Enclos, espacio ideal para los talleres de realización artesanal y el Mercado Jean Baptiste Armet, que acogió la exposición central del festival.   

La música que se escucha en la isla inunda bares, restaurantes y mercados, lleva influencias africanas, hindúes, caribeñas y un ligero toque francés. Todos desandan en bicicletas, motos y carros modernos por entre montañas y carreteras marcadas por los efectos volcánicos. Entiendo las razones del escritor Aimé Cesaire,  al estar tan enamorado de su tierra. Fort de France, la capital, queda a 20 minutos de camino de la ciudad del festival, exhibe una mezcla de arquitectura añeja combinada con otra rabiosamente moderna, patinada con los colores folclóricos que no han podido ser ahogados por la contemporaneidad. Martinica tiene un extraño sabor para el viajero, pues liga exotismo con melancolía, las mismas mixturas que hallé en las presentaciones titiriteras del comediante y titiritero Virgil Venance, en el colectivo Cat Appahm, especializado en animaciones culturales, en la agrupación de CEMEA y en la dulce Jala, todos artistas locales.

Frente a la Casa de Cultura de la Juventud se encuentra el cementerio. En medio de la plaza hay una fuente de influencia decimonónica; en uno de los costados está la gobernación; allí se realizaron dos conferencias, la primera a cargo de Roland Brival, invitado de honor del festival, creador nacido allí y fundador, en los años 80, del laboratorio artístico del cual surgió la tropa Bwabwa. La desaparecida compañía construyó sus títeres con materiales naturales y llevó a escena los personajes de los cuentos populares del país. La segunda charla corrió a mi cargo y versó sobre la historia del teatro de títeres cubano, con especial acento en la transformación del panorama titeril nacional luego del triunfo de la Revolución, en 1959.

Imagen: La Jiribilla

Invitado especial fue el Teatro Nacional Popular de las Islas, de la región de Nantes, en Francia. Ellos presentaron el espectáculo La lettre d`affranchissement, historia con animales que habla de la amistad y el amor, sostenida escénicamente por recursos tan  sencillos como imaginativos. Nuestra agrupación fue invitada con la obra Por el monte carulé, cuya función transcurrió a salón lleno, y con personas que nos pidieron volviéramos dentro de dos años. No nos hizo falta saber francés para entender tanto cariño y aceptación. El Bola cantó mucho en ese idioma, y de una manera particular, henchida del espíritu caribeño. Fue él quien nos abrió los corazones de Martinica, él, siempre él, con sus canciones que ríen y lloran a la vez.

La segunda función de Por el monte… fue en Precheur, ciudad a una hora y media de camino de Case Pilote. La sala de fiestas donde improvisamos un escenario con la ayuda de los coordinadores del festival, resultó un espacio más teatral que el de la Casa de Cultura de la Juventud. El almuerzo lo hicimos en familia, en Chez Alice, un sitio verde, naranja y amarillo, puro Caribe. Las bebidas y comidas bien martiniqueñas, rico trago Planteur, de frutas y alcohol, el ron Depaz, jugos de granada y guayaba. A escoger pescado o pollo Colombo, picantes ambos y para cerrar helado artesanal, más las risas y las bromas de la dueña, una mulata jacarandosa y bullera muy servicial y atenta, llamada por supuesto Alicia.

Nos llevaron después a conocer Morne Rouge, departamento donde está asentada la montaña-volcán Monte Pelé. La carretera se alza entre casitas, arboles tropicales y una mezcla de calor y fresco, en fin, el paraíso. Visitamos las ruinas del teatro Maison de Moliere, en Saint Pierre. Allí, en 1902, el gobernador de la isla pidió calma y poco caso ante la erupción en activo del Pelé. Al otro día ocurrió el desastre en otros pueblos y en la antigua capital; apenas quedaron sobrevivientes, solo dolor y los vestigios todavía presentes de la furia volcánica. Finalmente bajamos a Carbet, hermosa playa de arenas negras y brillantes.

Fue un regalo ver trabajar casi al final del evento a Jala, vestida siempre con trajes típicos. Su espectáculo 4 fábulas animadas la muestra sola en escena, con títeres de mesa realizados en papier maché, ellos ilustran las conocidas historias de La zorra y el cuervo, La cigarra y la hormiga, entre otras del gran escritor francés Jean Lafontaine. Casualidades artísticas, Jala es el diminutivo de Jeannine Lafontaine. Tras más de 20 años de ejercicio, ella, junto  Claudié y el equipo de la CEME, han logrado que un buen número de espectadores asistan entusiastas al BBM.

Imagen: La Jiribilla

El almuerzo final fue con ñame, un tubérculo que los del oriente cubano amamos y casi nunca aparece en las placitas, una vianda de la que hablan los cuentos africanos, un alimento que vive debajo de la tierra y parece haberse enlazado por el fondo de los mares desde el continente afroide hacia todas las islas caribeñas.

Hicimos una función más en Gros Morne, con idéntica aceptación por el respetable. El festival será un recuerdo indeleble para todos los de Las Estaciones. Jala y Claudie nos han prometido corresponder a nuestra invitación y volver a vernos en el evento titiritero cubano, en Matanzas, año 2016. Ojalá y todo fluya para tenerlas de visita acá, será una forma de devolverles tanto cariño y atención. Somos todos de una cultura similar, criaturas de isla y de sol, de mar y música, marcados por el espíritu lúdico de los títeres. 

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