Acortando distancias

Vivian Núñez • La Habana, Cuba

Trece estudiantes norteamericanos y dos de sus profesores andan por estos días por las calles de La Habana. Son del Dickinson College, de Carlisle, Pennsylvania, y en su ir y venir entre cubanos llegaron el 8 de enero al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, donde se habló de caminos nuevos, de diálogo y de esperanza.

Como parte de un intercambio que tiene como receptor en Cuba al Centro Martin Luther King, los jóvenes, entre 18 y 21 y años, y los profesores Asunción Arnedo y Mark Aldrich, conocieron el quehacer del Centro Pablo, una institución que, como dijera su director, Víctor Casaus, tiene en la defensa de la diversidad uno de sus rasgos esenciales.

Imagen: La Jiribilla

Tras mostrar y explicar algunos audiovisuales sobre el trabajo del Centro en el campo del diseño gráfico, el arte digital, la fotografía, la trova y la preservación de la memoria, Casaus señaló que en todas esas manifestaciones son protagonistas los jóvenes cubanos, quienes, dijo, “deben rescatar sus espacios y defenderlos”.

En intercambio franco y abierto, se habló de Pablo de la Torriente Brau, quien con solo 35 años de vida se inscribió en lo más alto del periodismo cubano y el testimonio; de la Guerra Civil Española, uno de los acontecimientos más desgarradores del pasado siglo. Se escuchó y se habló de Silvio Rodríguez, de las nuevas tecnologías y de la necesidad de emplearlas para el mejoramiento humano, de las distancias políticas que pueden ser acortadas por los pueblos.

Se habló también de agricultura urbana y sostenible y hasta de las actuales regulaciones migratorias en Cuba; de los almendrones, esos autos viejos que identifican a La Habana, y de las formas de producción que se van abriendo paso en la Isla.

Se habló y se habló, sin cortapisas ni miedos. Heather preguntó si a los cubanos les molestaba que los fotografiaran, y Mónica le respondió que a veces se pueden sentir invadidos y como que alguien quiere manipular sus escaseces; J.J quiso saber si habría la posibilidad de ver en EE.UU. exposiciones organizadas por el Centro, y Víctor explicó que en no pocas ocasiones se le ha negado el derecho de presentar allá sus obras a artistas cubanos no concediéndoles las visas aunque, apuntó, “en los últimos tiempos ese intercambio ha crecido”; Vivian le preguntó a los jóvenes qué han aprendido en sus primeros días en Cuba, y Megan respondió que a veces los cubanos creen que todos los norteamericanos viven y son como los grandes medios los presentan.

La profesora Asunción quiso traer esta clase a Cuba “para conocer la experiencia cubana en materia de agricultura urbana”, teniendo en cuenta que el Dickinson College posee una granja orgánica en la que los estudiantes laboran y en la que todos aprenden. “Y me ha sorprendido todo lo que se ha hecho aquí en esta materia”, confesó.

Imagen: La Jiribilla

Y mucho ayudó a ese aprendizaje el documental Vivero Alamar, del joven realizador Alejandro Ramírez, que se exhibió en la Sala Majadahonda del Centro. La cinta muestra las posibilidades de desarrollo que tiene una cooperativa agrícola, cuando todos sus integrantes se sienten motivados económica y socialmente. Allí no se utilizan pesticidas, la gente trabaja sin mirar el reloj y todos tienen salarios dignos “como los que no se pagan en ningún otro lugar”, según declaró uno de los entrevistados.

Los profesores y los alumnos del Dickinson College que conforman este grupo, el tercero que viaja a Cuba, nunca antes habían visitado la Isla. “Este viaje me ha permit