Annette Bening abrió puertas en La Habana

Joel del Río • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

La intérprete de algunos de los papeles más complejos, controversiales y diversos del cine norteamericano, Annette Bening estuvo conversando con el público y la prensa en el Hotel Nacional de Cuba, y formó parte de una delegación de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de EE.UU., invitada al 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, junto con el presidente de la Academia, Hawk Koch, la directora Lisa Cholodenko, el productor Mark Johnson y la secretaria ejecutiva de la institución norteamericana, Helen Harrington. Todos aseguraron, cada vez que fueron interrogados, que las razones de esta visita descansan en el deseo de aumentar sus relaciones con los realizadores del cine cubano en un intento por superar las distancias que nos separan.

La Bening, y el grupo de visitantes norteamericanos, conversaron con las autoridades del ICAIC para examinar las posibilidades de colaborar respecto a la conservación del patrimonio cinematográfico, visitó las dos escuelas de cine (la Facultad del Instituto Superior de Arte y la de San Antonio de los Baños), se refirió varias veces a la voluntad de la Academia por abrirse a proyectos en los que participen creadores de la Isla y participaron en las presentaciones de la muestra De Hollywood a La Habana, que incluye, entre otros, los filmes protagonizados por la Bening The Kids are All Right y Mother and Child.


Imagen: La Jiribilla
Mother and Child

 

En la rueda de prensa, algunos aficionados incondicionales de Meryl Streep y Glenn Close se asombraron cuando este cronista se dirigió a Annette Bening catalogándola como la mejor actriz norteamericana de esta época, la más creíble y humana de las muchas marquesas de Merteuil dibujadas por el cine (a diferencia del monstruo de envidia y manipulación que le hicieron componer a Glenn Close para Amistades peligrosas). El superlativo solo pretendía llamar la atención hacia la enorme versatilidad de la actriz, y reconocer esa cierta distancia crítica, o humorística, que la actriz le imprime a sus mejores interpretaciones, sin que tal distancia le impida sumergirse por completo en los conflictos de sus personajes.

Amante glamorosa del temible gánster en Bugsy, dirigida por Barry Levinson; esposa sacrificada de Harrison Ford en Regarding Henry, y también de Robert de Niro, en Guilty by Suspicion; activista por la protección ambiental enamorada del mandatario en The American President, a cargo de Rob Reiner; en completo dominio de la exageración intencionada en comedias como Mars Attack!, de Tim Burton y The Kids are All Right, de Lisa Chodolenko, quien la dirigió en una de sus interpretaciones mayúsculas, la de una lesbiana cabeza de familia, presentada con recursos que se mueven entre la ironía y la ternura, la Bening es una de las pocas actrices cuyo desborde y honestidad le permiten vencer el reto de interpretar, incluso, a una histriónica teatral que todo el tiempo actúa (Being Julia, dirigida en Inglaterra por el húngaro Istvan Szabo) y así ofrecer clases magistrales de consumada técnica y apabullante dominio de los matices, sin hablar de absoluta versatilidad pues tal vez, sea la única estrella norteamericana capaz de liderar un proyecto europeo, una superproducción, un filme de pequeño presupuesto, sátiras y tragedias, películas de terror, románticas, de ciencia ficción, de autor…

Según su propio relato en la conferencia de prensa, la Bening eligió el sendero del estudio constante y el trabajo perenne, para un ascenso muy escalonado, que comenzó por el teatro aficionado, el universitario, y el teatro de repertorio en San Francisco y Broadway. En esta primera etapa, jamás pensaba en sí misma como actriz de cine; pero cuando conquistó algún prestigio sobre las tablas, se decidió a presentarse al casting para las dos versiones de Las amistades peligrosas que, a finales de los años 80, emprendieron Stephen Frears y Milos Forman. El primero de ellos le concedió un papel muy secundario, el de la chica que ofrece sus glúteos para que Valmont se apoyara en la escritura de sus insidiosas cartas, pero el célebre checo le dio a interpretar a la malvada marquesa que la Bening supo convertir en un personaje humano, afacetado, verosímil, y concebido a la medida de sus posibilidades: la marquesa es capaz de colocar razón en todos sus actos y, además, controla intencionadamente los desbordes emotivos. 

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Las amistades peligrosas

 

Porque Annette Bening parece disfrutar, como muy pocas de las actrices más reconocidas del cine norteamericano, cuando declara que conoce a Stanislawski y leyó “todos los libros de actuación a su alcance; pero el actor puede enloquecer si se arriesga a sumergirse por completo en el mundo de sus personajes, y aunque está obligado a crear algo con cada fibra de su ser, debe percibir que se trata solo de una película”. Con su sonrisa inteligente y su mirada inquieta, la actriz insistió varias veces en la rueda de prensa en su amor por el teatro, y reveló que durante mucho tiempo se sintió como una actriz de teatro que pasaba ante las cámaras, pero en la actualidad ama tanto el cine que sería capaz de llegar a la dirección, si se trata de un proyecto que pudiera controlar por completo e, incluso, escribir un guion, en el caso de que se tratara de una adaptación de una novela. No obstante, se siente actriz de corazón, aprendió a amar la cámara, a comunicarse con la gente a través de ella, y trasmitir todo lo que logró construir en un largo proceso de profundización intelectual.

La carrera de la actriz conoció un espaldarazo cuando Stephen Frears, al parecer, intentó subsanar su error anterior y le entregó el papel de una sexy malvada en el oscuro thriller The Grifters, que la convirtió, de la noche a la mañana, en una de las actrices más respetadas del cine norteamericano, con una poderosa voz que Frears le recomendó modular, endulzar o “aligerar” de acuerdo con los requerimientos del personaje. A partir de entonces, la Bening emprende cada proyecto con muchísima investigación, constante diálogo con el director, trabajo de mesa, y exploración de las posibilidades del guion, es decir del texto, tal y como hacen los actores de teatro, quienes indagan por las amplias posibilidades de sus personajes en lo profundo de los textos clásicos. Después, el momento mágico cuando se encienden las cámaras, marca para la actriz el inicio de la auténtica creación cinematográfica, de ese algo indefinible que consiste en conferirle vida a un personaje en su relación con el lente. En ese momento, ella cesa de hacerse preguntas demasiado teóricas, pone a un lado lo aprendido en sus interminables lecturas, y se sumerge por completo en el mundo de sus personajes.

Aunque pudiera inferirse de lo anterior que estamos delante de una actriz tendiente a la espontaneidad, la Bening aseguró muy convencida que “la improvisación es demasiado cara, pues en la industria del cine cada minuto cuenta y muy pocas veces puede manejarse esta opción, más allá de alguna secuencia muy particular en ese clásico contracultural llamado American Beauty, de Sam Mendes, y de algunos matices, pequeños gestos, al principio y al final de ciertas escenas en The Kids are All
Right
”. Respecto a esta última, la actriz declaró sentirse atraída por el proyecto gracias a las bondades de la historia y a su fuerte narrativa, además de los juegos de palabras y a las posibilidades paródicas, o de restarle seriedad al drama de los personajes, pues la mujer que ella interpreta ve derrumbarse su familia, cuando su pareja, interpretada por Julianne Moore, tiene un romance con un hombre, que además es el verdadero padre de sus hijos.  

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The Kids are All Right

 

Tanto convencimiento y sabiduría brotaron de sus declaraciones, que el Salón 1930 estalló en aplausos cuando les recomendó a los jóvenes actores acrecentar su educación, comprender su cultura, hacerse de un punto de vista político, tratar de comprender el mundo y la sicología propia, y trabajar mucho, todo el tiempo. “A los laboriosos, casi siempre les llega el reconocimiento”, aseveró, convencida, la actriz nunca ganadora del Oscar pero integrante de la directiva que entrega este premio. Annette Bening confía mucho más en la capacidad para abrir puertas del trabajo serio y tesonero, que en recibir laureles y provocar una admiración fanática.

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