Apostillas para la historia del cine puertorriqueño

Luciano Castillo • La Habana, Cuba

La trigésimo cuarta edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano presentará la retrospectiva “De Dios los cría… al presente”, consagrada al centenario del cine puertorriqueño que abarca largometrajes, cortos y mediometrajes de ficción, documentales y cintas de animación.

Las investigaciones realizadas coinciden en que la menor y más oriental de las Antillas Mayores fue excluida del itinerario de aquellos agentes enviados por los hermanos Lumière por todo el mundo para difundir el invento del Cinematógrafo que, tras patentarlo, exhibieran por primera vez al público el 28 de diciembre de 1895. El cine llegó a Puerto Rico en 1898 en el fragor de la Guerra Hispano-cubano-norteamericana, año en que camarógrafos estadounidenses filmaron imágenes de la llegada de las tropas de su país a la Isla. Según Rafael J. Colorado D’Assoy, un fotógrafo natural de Cádiz, llegado a Puerto Rico como teniente del ejército español durante esta contienda, que decide permanecer allí al terminar y se convierte en uno de los pioneros del cine boricua, las primeras proyecciones cinematográficas fueron realizadas hacia 1900 en el Teatro Municipal (luego Tapia), de San Juan, por un francés, antiguo empleado de Pathé. Estas primeras exhibiciones no tenían un carácter estacionario, sino más bien esporádico y trashumante al trasladarse de un pueblo a otro, ante la falta de costumbre del público de asistir con frecuencia a un cine, además de la inexistencia de variedad de películas o calidad. Es preciso realizar un gran salto en el tiempo para concentrarnos en el periodo que abarcará esta retrospectiva.

El estancamiento en la producción de largometrajes de ficción pende sobre la década de los años 70. Las razones estriban en la pérdida del favor del público por su baja calidad, el propio cambio de sus hábitos de consumo dominados por el imperio absoluto del cine norteamericano en las salas, y la carencia de fuentes de financiamiento nacional (privado y gubernamental) o extranjero (al carecer del apoyo de una distribuidora como la Columbia Pictures), para reunir los presupuestos astronómicos exigidos. La crisis pronunciada del cine mexicano, principal socio del boricua, repercute también, si bien en el primer lustro aún se inscriben algunas insulsas coproducciones, protagonizadas por vedettes, cantantes o luchadores, que gozaban de alguna fama en ese tiempo.

Paradójicamente, este descenso cuantitativo (no cualitativo) de largometrajes comerciales producidos, va acompañado del surgimiento de un “nuevo” documentalismo que promovió nuevos nombres al cine nacional. Si en el periodo 1970-1987 se produjeron alrededor de 27 largometrajes, el número de documentales es muy superior. Se añade el afincamiento en la isla de empresas productoras de cine publicitario poseedoras de sofisticadas tecnologías. El 21 de enero de 1978 se constituye el Centro Nacional de la Cinematografía de Puerto Rico (CENAC), participante en la discusión de la nueva ley del Instituto Puertorriqueño de Artes e Industrias Cinematográficas y de Televisión —aunque aprobada originalmente el 22 de agosto de 1974, quedó congelada por razones de austeridad económica—. El nombre excede a la propia labor que desarrollara.

Recibida con frialdad por la crítica y el público, Isabel La Negra (1979), de E. López Neris, primera película comercial para distribución mundial generada allí, es considerada la primera superproducción del cine puertorriqueño por el presupuesto, el número de estrellas boricuas del cine norteamericano contratadas y la presencia del aclamado fotógrafo mexicano Alex Philips, Jr.

Surgido en los últimos años 60, Sandino Filmes es un esfuerzo colectivo que en un inicio, su línea de trabajo estuvo orientada hacia investigaciones sociales y políticas enfocado a “hacer un nuevo cine comprometido”. Pese a trabajar en cine comercial o publicitario como medio de subsistencia y de obtención de ingresos para sus proyectos serios, varios de estos no pudieron concretarse. Entre sus realizadores destaca como principal figura del nuevo cine puertorriqueño: Diego de la Texera, autor de los significativos documentales Culebra, el comienzo (1971) y Piñones va (1975), ambos sobre el rescate del territorio nacional y el importante largometraje El Salvador: el pueblo vencerá (1980), que obtuvo el Gran Premio Coral, el premio Saúl Yelín del Comité de Cineastas de América Latina y el galardón otorgado por el tabloide El Caimán Barbudo en el 2 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

El año 1979 cerró no solo la década sino, de acuerdo a los historiadores, toda una época del cine puertorriqueño. A comienzos del siguiente decenio, en el circuito de festivales internacionales, uno de los filmes más resonantes es La operación (1981), que realiza Ana María García, acerca de la esterilización masiva de la mujer puertorriqueña, y es conceptuado como el mejor documental de contenido social realizado en la isla hasta esa fecha. Tanto El Salvador: el pueblo vencerá como La operación estarán presentes en este interesante ciclo junto con otros 11 títulos: 30 de agosto (1987), codirigido por Antonio Segarra y Emilio Rodríguez; Plena, canto y trabajo (1990), de Pedro A. Rivera y Susan Zeig; el mediometraje Cocolos y roqueros (1992), de Ana María García; Una pasión llamada Clara Lair (1996), de Ivonne Belén; San Juan, ciudad de todos (2000),  de Miguel Zayas García; Cuando lo pequeño se hace grande (2000), de Mariem Pérez Riera; Trastalleres: Mi gente, mi barrio (2002), de Luis Rosario Albert; Isla chatarra (2007), de Karen Rossi Coughlin; Los borinqueños (The Borinqueneers, 2007), de Noemí Figueroa Soulet; Las carpetas (2011), de Maité Rivera Carbonell (que proporcionara el año pasado en el Festival de La Habana el premio Coral a esta egresada de la Escuela de San Antonio de los Baños) y Luis Muñoz Marín y Pedro Albizu Campos: una patria y dos caminos (2012), dirigido por Caridad Sorondo Flores.

La proliferación del video permitió que consolidaran su prestigio en el panorama audiovisual boricua nombres de diversa formación profesional y procedencia generacional, como: Noel Quiñones (Raíces eternas); José Artemio Torres (Caguana: nuestro patrimonio taíno); Sonia Fritz (Los espejos del silencio); Luis Antonio Rosario Quiles (El arresto); Luis Collazo (Casa sin ventanas); Enrique Trigo (El álbum de familia de Antonio Martorell); Kino García (Bakine para un maestro); Ivonne Belén (Una pasión llamada Clara Lair); Raúl Marchand (12 horas); Ivonne María Soto (La historia inconclusa: el olimpismo puertorriqueño)... Todos imponen una variedad temática y estilística digna de atención.

Por su reducido costo, el ascenso del documental es inversamente proporcional al del cortometraje de ficción. Una alternativa es la utilización del formato super-8, en el que trabajan varios cineastas, entre ellos los integrantes del Taller Experimental de Cine La Red, organizado en 1981. Por estos años, diversas instituciones privadas incentivan con sus aportes económicos el cine documental, ante todo la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades (establecida en agosto de 1976), lo que ha contribuido a la formación de una nueva generación de cineastas.

Un total aproximado de 27 largometrajes de ficción nutrió la filmografía boricua entre 1970 y 1987, marcados por un apreciable nivel de calidad.

El estreno de Dios los cría (1979), ópera prima como realizador del actor y dramaturgo Jacobo Morales, conformada por cinco historias que ponen en tela de juicio la hipocresía, la avaricia y el individualismo, marca un antes y un después en la historia del cine boricua al conceptuarse como el mejor filme de la cinematografía isleña y por las posibilidades que abre para establecer una añorada industria de cine. El talento y la madurez del cineasta fueron confirmados en Nicolás y los demás (1985) y, sobre todo, por la resonancia internacional suscitada por la nominación de Lo que le pasó a Santiago (1990), para el premio Oscar al mejor filme extranjero. En 1995, Morales formaría la productora Cinesí, con la que realiza Linda Sara, protagonizada por el popular cantante Chayanne. La retrospectiva que exhibirá el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano incluye de la obra de Jacobo Morales los filmes: Dios los cría, Lo que le pasó a Santiago, Linda Sara y el estreno de Ángel (2007), escrita e interpretada por él, dentro de una veintena de largometrajes de ficción realizados hasta el 2011. Este último, que constituye un estreno absoluto en Cuba, relata la historia de un líder pacifista estudiantil que al salir de la prisión luego de 15 años por una causa prefabricada, lo hace decidido a desenmascarar a quienes lo condujeron allí y a los culpables del asesinato de su esposa.

No menor acogida internacional recibió La gran fiesta (1986), de Marcos Zurinaga, metáfora de toda una época a través de un imaginario festejo celebrado en un club exclusivo de la burguesía criolla, aclamado como el más ambicioso largometraje en toda la historia fílmica del país. Fue la primera película producida bajo la Ley de Sociedades Especiales (del 19 de julio de 1985), que creó condiciones para la inversión privada en la producción de largometrajes. Otro filme de ficción incluido en este tributo es La guagua aérea (1993), el más reconocido realizado por Luis Molina Casanova, quien se inspiró en la obra del escritor boricua Luis Rafael Sánchez que aborda con humor el tema de la emigración hacia EE.UU. en los años 60.

La inclusión de la industria de producción de largometraje en el cuerpo de esa ley fue un logro trascendental alcanzado por la Asociación Puertorriqueña de Cineastas y Videoartistas (APCIVA), corporación sin fines de lucro, creada desde 1983 y dedicada a la creación de las condiciones necesarias para el florecimiento de la producción independiente de cine y televisión. Programación de una muestra anual de cine boricua y auspicio de conferencias y seminarios, son algunas de las actividades que emprende, al tiempo de representar los intereses de los productores frente a las televisoras comerciales para abrir sus puertas a los productores independientes. Salvo estos exitosos títulos, la insuficiente distribución internacional conspira contra un mejor conocimiento de su producción.

La existencia de la Corporación para el desarrollo del cine en Puerto Rico (Puerto Rico Film Comision), adscrita al Departamento de Desarrollo Económico y Comercial, prosigue su labor y es una entidad en la que los cineastas locales depositan no pocas esperanzas para alcanzar el fin cardinal que la sustenta, sin la avasalladora dependencia de procesos e instalaciones en EE.UU.

Además de la trilogía dirigida por Morales, la edición número 34 del Festival incluirá en la retrospectiva de cine boricua los siguientes largometrajes de ficción: Vuelo de fantasía (Flight of Fancy, 2000) de Noel Quiñones; las comedias Celestino y el vampiro (2003) y El detective Cojines (2011), realizadas por Radamés Sánchez para lucimiento del popular actor Axel Anderson; Cayo (2005) de Vicente Juarbe; Ladrones y mentirosos (2005) de Ricardo Méndez Matta y Poli Marichal; El Clown (2006), comedia codirigida por Pedro Adorno Irizarry y Emilio Rodríguez Vázquez; El cimarrón (2007) de Iván Dariel Ortiz Landrón; Ruido (2005) de César Rodríguez; Meteoro (2006), coproducción de Puerto Rico con Brasil, Argentina y Venezuela realizada por Diego de la Texera en la que actúa Daisy Granados; Mi verano con Amanda (2008) de Benjamín López; Maldeamores (2007), comedia romántica de los cineastas Carlitos Ruiz Ruiz y Mariem Pérez Riera en coproducción con EE.UU. y Gran Bretaña; Contraseña (2008) de Joel Ortiz; Miente (2009), drama realizado por José Rafael (Rafi) Mercado; Piel (Under my Nails, 2011), thriller coproducido con EE.UU. por Ari Maniel Cruz, y América (2011), de Sonia Fritz.

Una selección de cortos argumentales configura también esta muestra: La recién nacida sangre (1992), de Juan Carlos García; El año del cerdo (2007), tesis de graduación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión dirigida por Claudia Calderón Pacheco; 143 (2011) de Mariana Emmanuelli, y Mi santa mirada (2011), dirigido por Álvaro Aponte Centeno que fue seleccionado entre los diez filmes que compitieron por la Palma de Oro para cortometraje del 65 Festival de Cannes, celebrado en mayo pasado. Esta es la primera vez que un filme boricua concursó en el célebre certamen internacional. Se añade el mediometraje de ficción: Cantos de sirena (1997), con 48 minutos de duración, que dirigió Luis Rosario Albert con la inmigración ilegal como eje del conflicto.

Francisco (Paco) López Mujica, formado en México, funda en 1987 el taller Animación Boricua, de decisivo papel en el desarrollo del cine de animación en el país, al combinar la animación comercial publicitaria, imperante hasta entonces allí, con la no comercial. Una de sus creaciones más laureadas es Las plumas del múcaro (1989). Ese es uno de los cuatro cortos animados escogidos para esta retrospectiva junto con Crónicas del Caribe (1982), codirigido por Paco López y Emilio Watanabe y laureado con el Gran Premio Coral en su categoría en el 4 Festival de La Habana, así como Ligia Elena (1983) de Paco López esta vez con Manuel Abdías, además de la serie Filminutos ecológicos (1993), realizada en animación tradicional.

La amplia retrospectiva de cine puertorriqueño programada por el certamen mayor que reúne a los cineastas de esta América nuestra, en su conjunto ilustra la diversidad temática y estilística de esta vital cinematografía.

 

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