Artes Plásticas

Apuntes a propósito del Año de la Nueva Figuración: Lo grotesco o la paranoia humana

Yanet Martínez Bazabes • La Habana, Cuba

La abstracción disfrutaba su dinastía cuando en la década del 50 (siglo XX) algunos artistas comienzan a trabajar con otros códigos visuales. Estos hallarían cuerpo en la figuración expresada, no en sentido radical, aprovechando parte de las posibilidades que las formas abstractas —en su vertiente de la no geometrización— permiten. La Nueva Figuración fue el nombre con el cual bautizó la Historia del Arte a esta experiencia. Ciertamente, era una figuración otra, diferente, que aprovechaba el color, la mancha, la textura, para construir una realidad basada y dirigida a la humanidad de aquel entonces. Las Mujeres de Willem de Kooning, los Cuerpos de Damas de Jean Dubuffet, “Estudio del Papa Inocencio X de Velázquez” de Francis Bacon y las Crucifixiones, de Antonio Saura; nos harían realizar un viaje hacia el hombre, puesto al revés, desdoblado en su esencia más amarga.

El humanismo es abordado por la Nueva Figuración desde el antihumanismo. “El rostro se convierte en máscara, el cuerpo en muñecón, la ropa en disfraz. Su humor es siniestro; su gesto de denuncia. Los terrores del año mil tienen ahora la mano del hombre detrás, lo que los hace más cercanos.”1 Los artistas escarban en lo grotesco, lo deformado y ácido para aludir a un contexto, una época, una circunstancia social. La obra traiciona al artista, pues aunque no sea intencional referirse a la situación bélica o degenerada de la sociedad, sus obras hablan y evocan la existencia de un mundo retorcido y perdido en su propia paranoia.

Imagen: La Jiribilla

En América Latina la Neofiguración encuentra vida en medio de un ambiente mediado por dictaduras, golpes militares, conflictos bélicos e intervenciones que tienen lugar en la segunda mitad del siglo XX como parte de la Política de Guerra Fría. Muchos artistas que no veían en la experiencia abstracta el medio para comunicar y expresar sus necesidades artísticas, se apoyarían en la figuración. Desde esta plataforma, lanzarían un grito de denuncia e inconformidad, que mostrase el lado descarnado, morboso o aterrador de los tiempos que transcurrían.

La exposición que ha presentado Casa de las Américas con motivo del Año de la Nueva Figuración referente al área latinoamericana2 nos permite, de manera general y polisémica, verificar los diversos caminos que ha recorrido este movimiento en nuestro continente. Países como Argentina, Brasil, Cuba, México, Uruguay, Chile, Colombia y Guatemala integran la lista de los participantes. Los artistas de estas zonas evidencian los caminos tomados para asumir el arte neofigurativo y nos dejan entrever qué sombríos pasados o qué amargas realidades acechan la paz de su interior. Destaca en la muestra un elemento en común, el sentido de lo grotesco expresado en dos modos: la violencia visual y el otro, a través de formas más amables y menos agresivas, aunque no por ello deje de tener la crudeza y el impacto de las primeras.

Imagen: La Jiribilla

Los sueños de la razón producen monstruos

El término grotesco (derivado del italiano grottesco —de las grutas—) se empleó para designar al arte inspirado en la decoración de grutas encontradas y que, en su interior, estaban pintadas con exagerados elementos en formas de bichos, sabandijas, quimeras y follajes… En el arte neofigurativo, este aspecto es asumido por algunos artistas con el fin de desnaturalizar, a través de la figura humana, una realidad que carece de principios y valores. En este sentido se encuentra la obra del colombiano Augusto Rendón. “A la sombra de un uniforme” titula su trabajo, que refleja un conjunto de personas que subyacen a los pies de una figura mitad árbol, mitad hombre. La propia técnica con que está elaborada (aguafuerte) nos da, a través de las líneas, la incidencia agresiva del ácido que, a su vez, le adhiere sus propiedades a la apariencia visual y al contenido de la obra.

Uno de los exponentes clave dentro de la Nueva Figuración es Antonio Berni con las series Ramona Montiel y Juanito Laguna (solo mostrada la segunda). El universo marginal queda expuesto para presentarnos el hábitat de un personaje que nace de la invención y no de la ficción. Juanito Laguna puede funcionar como uno de esos niños de su país o como alter ego del artista. A través de Juanito, Berni hablará y se cuestionará diferentes situaciones. En esta ocasión, Juanito Laguna es representado en un escenario armado, mediante el collage, con elementos pobres: madera, metal, tela, recortes de papel… que evocan, a través de su disposición dentro de la composición, realidades con ciertos guiños surrealistas que se yuxtaponen en circunstancias atemporales y sincrónicas. A pesar de que se apoya en la estética de la pobreza y exista cierta distorsión de las formas a raíz del ambiente que refleja, Juanito no nos repugna, lejos de ello se nos cuela en el alma y nos hace pensar en un mundo donde la crueldad y la desigualdad nos miran con su cara más fea.

Norberto Onofrio y Juan José Cartasso, igualmente de Argentina, se apoyan en el dibujo cáustico, en las formas exageradas que se acentúan por la monocromía y la ausencia de colores vivos. La deformación de los personajes que muestran sus rostros como máscaras en la sociedad, se da como metamorfosis que exterioriza una mutación que transita del interior hacia el exterior. Obras como “Cínico” de Cartasso, “Figura” y “Los Monstruos” de Onofrio nos conectan con una circunstancia que bien pudiera referirse a la realidad política de su país (década marcada por golpes de estado) o a la propia impureza humana.

Imagen: La Jiribilla

Antonia Eiriz en este terreno constituye una de las artistas que con más aspereza ha asumido lo grotesco. Sus imágenes parecen salidas del pensamiento más tormentoso. Las figuras antropomórficas surgen como borrones y sus rostros padecen una especie de transformación que concluye en la monstruosidad y la deformación. En su obra, el acento amargo se evidencia como esa otra ruta para representar un contexto que admitía el acatamiento y el homenaje como medios de simbolización de la Cuba revolucionaria.

La pintura de Antonia Eiriz fue como una temprana advertencia. La otra cara del triunfalismo edulcorante y apologético la hizo, contra todas las sospechas, más revolucionaria que ninguna. Cuando muchas otras paletas refulgían de euforia, al reseñar la epopeya del cambio, Antonia se permitió restringir su expresión a las luces  y las sombras que pudieran trasuntar todo lo que de dramático y contradictorio tenían también aquellos difíciles años, idealizados luego por la añoranza de una década prodigiosa ya distante, o en el momento mismo por el fervor del entusiasmo épico.3

En obras como “La piraña ataca” o “Figuras en tríptico”, se descubre una manera otra de profundizar, a través de una sensibilidad retorcida, marginada y demoníaca, en el vivir cotidiano de sus coetáneos. Sin ánimos de nadar por rebeldía a contracorriente, su obra constituye un testimonio imprescindible de nuestra historia y narra desde el horror y el desgarramiento, los criterios más encerrados en el alma de los cubanos de las primeras décadas de la Revolución.

Asimismo la obra de los cubanos Umberto Peña y Ángel Acosta León conforman, junto con Antonia, esta otra fila de artistas que vieron en lo grotesco y lo desnaturalizado una posibilidad de representar su realidad. En Umberto tenemos un trabajo donde las texturas y el color intenso basado en rojos, amarillos y naranjas, ya de por sí agresivos, esbozan una figura totalmente desfigurada. Su personaje parece desollado, mutilado recordándonos las Naturalezas Muertas en descomposición de ChaimSoutine. Con la descarnación evoca un universo que reafirma el carácter contestatario del arte. En Acosta León con “Carruaje” descubrimos un universo quizá un tanto irreal, pero que evoca ese contexto de situaciones surreales que conforman el imaginario cubano. El carruaje es bastante burdo. Los colores trasmiten cierta suciedad que solo es posible en el hierro oxidado. El carro parece inservible, sensación que nos llega no solo por sus colores corroídos, sino también por las desproporcionadas ruedas de las que salen espinas. “Un creador como Ángel Acosta León, de brevísima pero intensa vida artística, se entregó también a la práctica neoexpresionista para aprehender en sus telas una inédita visión del entorno cotidiano a través de un universo humilde, por momentos sórdido, conformado por objetos roídos que a la postre encarnaban también, quiérase o no, una sui géneris representación de ‘lo cubano’ contemporáneo”.4

Imagen: La Jiribilla

Manuel Fuentes, chileno, en “Prometo” e “Ícaro” descubre a través de las connotaciones mitológicas de estos personajes, la naturaleza que une a los hombres con el destino de ellos. “Prometeo” es develado en su castigo donde sus vísceras quedan expuestas y entre la penumbra propia de la técnica calcográfica, se deja sentir el dolor y el tormento del personaje. Ambos cuadros pudieran ser símbolos de los propios hombres que, en sus desafíos, como ocurre en el caso de los personajes mitológicos, encontraron dolientes castigos como recompensa.

Vietnam herido (Momento VIII)”, del chileno José Balmes constituye una de las obras más impactantes de la muestra. En dimensiones de 150 x 150 el artista esboza un rostro que se expande por todo el cuadro y que produce un fuerte contraste con el amarillo de su fondo. El rostro emerge cual si fuera un grito de dolor y  hace eco a medida que el dolor se impone en la sensibilidad de cada espectador. Pero también la ambigüedad nos sorprende y ofrece otra lectura. Esta obra también puede ser el rostro anónimo de uno de los tantos  muertos que hoy integran el oscuro pasado de la historia de ese país. “Vietnam herido…” hace que los fantasmas resurjan para recordarnos ese instante en que la conciencia nos traiciona y trasvierte a nuestro buen actuar el lado más cruel.

A través del tormento y de imágenes que nos dejan escuchar el sonido del desgarramiento y la trasmutación del alma, los artistas reconstruyen una naturaleza que da al arte figurativo un nuevo concepto. Estas producciones permiten apreciar los diversos recorridos y maneras que Latinoamérica tomó dentro de la Nueva Figuración. El espíritu perturbado y paranoico de la humanidad, los demonios malos consejeros  de los hombres, los tiempos lóbregos que transcurrían… evocan el estado del alma donde los sueños de la razón resurgen como monstruos.

 

Notas:
1. Juan, Adelaida de: Abriendo ventanas. Textos Críticos. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2006. Pp. 31.
2. Se especifica el Continente porque la muestra  también se compone con obras de La Nueva Figuración Española, pero que no se incorporan en el texto por no ser interés  de este trabajo.
3. Caballero, Rufo: La aspereza que precede al amor,  en Casa de las Américas (revista) no. 199, 1995.
4. Pereira, María de los Ángeles: La plástica cubana en el continuo de sus desafíos; antes y durante un periodo "especial", en  Revista Universidad de La Habana, La Habana, No.251, 1999.

 

 

Comentarios

nueva figuración y sin embargo que antiguos conceptos, acaso lo único que ha cambiado es la concepción formal.
muy buen artículo, felicidades.

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