Ares: trazo consentido

Jorge R. Bermúdez • La Habana, Cuba

Ejercer el criterio desde el “supuesto” silencio que entraña hacerlo como imagen visual, es una de las proezas de la creación humana. Todo comenzó un buen día, del cual no tenemos memoria, cuando el más brillante de los cazadores reconoció en la línea que trazara sobre la pared de una cueva, un poder semejante o mayor al del lazo con que ataba al animal capturado. Tal proeza, reitero, ha generado uno de los cauces expresivos más formidables del conocimiento humano, así como instrumento permanente en su empeño por interpretar la realidad y transformarla.

En lo que a Cuba respecta, dicho cauce —no me cansaré de repetirlo— ha sido factor regenerador de nuestra cultura visual, al relacionarse su protagonismo con algunos de los periodos de mayor tensión creativa de nuestra historia en los cuales también anticipó y hasta guió a otras manifestaciones artísticas por los derroteros del cambio y la verdad. De esta realidad se nutre nuestra mejor gráfica de comunicación y, por supuesto, la obra de los que le han dado permanencia y continuidad por más de dos siglos.

De hecho, la cultura cubana en particular y la latinoamericana en general, tienen una raíz gráfica. Nuestras repúblicas han tenido en esta línea de la creación visual, uno de sus apoyos ideoestéticos esenciales en la consecución de sus respectivas identidades nacionales.

Llegados a este punto, con sano orgullo podemos afirmar que Cuba se ubica —y siempre se ubicó— a la vanguardia de la gráfica de comunicación de nuestro continente. Y lo que es igual de importante, ha mantenido su identidad  y continuidad en cuanto a la calidad y proyección humanística de sus mensajes, a pesar de la complejidad, diversidad y manipulación inherentes a los ámbitos de la visualidad contemporánea. En esta dimensión, más que en otra alguna, se hace oportuno destacar el catálogo Ares: trazo consentido, de Arístides Hernández Gerrero (Ares), presentado en la Sala Rubén Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC). 

Imagen: La Jiribilla

La singularidad de esta obra, que se debate entre un expresionismo —a veces, rayano en lo grotesco— y la ingente realidad a plasmar con un humor inteligente y reflexivo, radica en su asimilación y recreación a un nuevo nivel estético-comunicativo de lo mejor de la herencia gráfica cubana. Este texto, por ser como es, una selección de lo mejor de su obra, trasmite el acopio de enseñanzas que, durante más de 30 años, ha hecho Ares de la mejor tradición gráfica vernácula e internacional, con el propósito de expresar, con una intensidad analítica no exenta de oficio y arte, la realidad diversa y dramática del mundo de hoy. Lo nacional en lo universal, una vez más, tiene carta de ciudadanía en nuestro universo gráfico y plástico, en una fusión orgánica de estilos, técnicas y temas, en consecuente compromiso con los conflictos y contradicciones que el diario acontecer nos lleva a encarar. Ares nos pone a pensar; Ares nos mueve a continuar.

En toda esta obra subyace la posibilidad del cambio, en la misma medida que nos ilustra el problema y las artimañas e hipocresías que lo sustentan tanto a nivel mediático como político y social. Como la escritura de los oráculos, su dibujo hay que leerlo entre líneas..., mejor dicho, entre trazos, para alcanzar las proyecciones válidas de su denuncia y el clamor que las eleva por sobre la mal intencionada razón de los fuertes. Su propuesta, a no dudar, se inserta de manera orgánica en las razones de nuestro tiempo. El hombre es el mismo y otro. Y el trazo que esta verdad expresa, es, en el caso del catálogo comentado, una tierra cargada de sentido.

Imagen: La Jiribilla

 

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