Bajo los arcos, la vida universitaria

Celia Medina, Mabel Machado, Ernesto Yhanes • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Cúpulas, la revista de la Universidad de las Artes (ISA), presentó hace unas semanas su tercer número de una nueva época de publicación. En el lanzamiento del volumen, Wanda Canals recordó que esta, como el resto de las obras producidas en los predios de la institución, asume el imperativo de constituirse en texto abierto a la reflexión, a la esperanza, a la provocación y a las osadías. El nombre de la revista, y estas notas finales para el lanzamiento de su nueva edición, contienen dos de los elementos que distinguen al ISA entre los centros de la enseñanza superior en Cuba.

Imagen: La Jiribilla
Escuela de Música, Vittorio Garatti
 

Al interior de la escuela se han ido consolidando procesos medulares, de
los cuales podrían citarse algunas cifras ilustrativas: cinco facultades, carreras que se ramifican en 39 perfiles, intercambio
con una veintena de universidades latinoamericanas
y 35 graduaciones.

Aunque no fueron construidas para la universidad, sino para albergar a la Escuela Nacional de Arte, las estructuras convexas diseñadas por Ricardo Porro, Roberto Gottardi y Vittorio Garatti pronto pasaron a convertirse, cual senos o vientre de mujer fecundada, en surtidor de ideas para los futuros profesionales. Los caminos de la enseñanza artística superior se han abierto hacia las provincias de Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba, y sin embargo, los arcos y columnas de ladrillos desnudos que forman el famoso laberinto del antiguo Country Club de La Habana, constituyen, para muchos, la metáfora que mejor describe el tránsito difícil y azaroso a través del aprendizaje y la superación en el campo de las artes.

Al interior de la escuela se han ido consolidando procesos medulares, de los cuales podrían citarse algunas cifras ilustrativas: cinco facultades, carreras que se ramifican en 39 perfiles, intercambio con una veintena de universidades latinoamericanas y 35 graduaciones. No obstante, el testimonio más completo de lo que ha logrado la universidad ha de escucharse en la voz de sus alumnos, profesores y egresados:

“La libertad creativa y estar desatados de toda visión escolástica en la pedagogía de la especialidad fue lo que más nos fortaleció. El grupo multidisciplinario de profesores y las distintas visiones de los propios compañeros de clase se convierten en una amplia y poderosa paleta de colores a la cual apelar en los procesos creativos. El acercamiento problematizador en las asignaturas teóricas rompe con la monotonía que suele acompañar a formas tradicionales de enseñanza e involucra y canaliza a los estudiantes en las asignaturas de forma activa. Este proceso genera que los conocimientos adquiridos sean siempre útiles en la vida profesional y personal que se avecina.”

Este es el criterio de Mauricio Abad, graduado de Artes Plásticas. Las opiniones, por supuesto, varían entre una facultad y otra. Él mismo nos dice que si bien la universidad es “imprescindible, multicultural, plural en todos los sentidos,  como debe ser toda escuela de arte”, también puede ser “perfectible”. A pesar de contar con un claustro de reconocidos artistas y maestros, conformado por creadores  activos y de alto prestigio dentro del entorno cultural de la Isla, las propias autoridades de la institución abogan por una superación constante del profesorado.

Lourdes Ulacia, docente de la Facultad de Arte Danzario, explicó a La Jiribilla que su colectivo tiene como misiones principales las de “superarse y perfeccionar los planes de estudio para estar a tono con los tiempos que corren”. Por su parte, el profesor de grabado Aliosky García apunta que “ser docente o estudiante del ISA es una carta de presentación en determinados circuitos, sin embargo, esto también trae consigo un alto grado de responsabilidad, porque es un reto, fundamentalmente como profesor, en tanto debes estar siempre superándote, informándote, para estar a la par de los estudiantes.”

La trayectoria profesional y la formación del claustro no han sido siempre, sin embargo, razones suficientes para que la escuela se mantenga al margen de las críticas por las materias que se ofrecen y la manera en que estas se conciben. Por esta razón, los programas de estudio en las distintas especialidades se han actualizado recientemente, llegando a la cuarta generación de reformas para la enseñanza artística superior cubana. Incluso en la formación musical, acusada más de una vez de obligar a los a alumnos a conducirse únicamente por terrenos estrictamente clásicos, ha incorporado paulatinamente la enseñanza de elementos de la música popular a través de talleres.

Sobre este caso, el pianista y profesor Ulises Hernández aclara: “Géneros como el jazz o la música popular todavía no tienen mucha fortaleza dentro de nuestra universidad, pero creo que se debe principalmente a una cuestión de organización”.

A juicio de Jorge Braulio Rodríguez, decano de la Facultad de Artes Plásticas, opina que “los planes de estudios estaban diseñados para recibir a un estudiante de nivel medio bien preparado técnicamente, y con una formación cultural y especializada que permitiera centrarnos en otros aspectos medulares, algunos de ellos ya mencionados como el del rigor conceptual y la autoconciencia en relación con cada propuesta. Puede parecer paradójico que aristas de este asunto aparezcan como fortaleza y como debilidad, pero la vida es así de contradictoria. Aun con las limitaciones y dificultades que existen en el nivel medio de la enseñanza de las artes de nuestro país, todavía su formación es superior a la de otras latitudes, donde ni siquiera existe este nivel”.

Si bien algunos profesores consideran que el tiempo establecido para la enseñanza universitaria (cinco años) resulta provechoso para la mayoría del estudiantado, el ensanchamiento de las concepciones sobre la formación académica ha permitido que en el ISA hayan podido darse experiencias que favorecen el desarrollo temprano de talentos excepcionales.

Si bien algunos profesores consideran que el tiempo establecido para la enseñanza universitaria (cinco años) resulta provechoso para la mayoría del estudiantado, el ensanchamiento de las concepciones sobre la formación académica ha permitido que en el ISA hayan podido darse experiencias que favorecen el desarrollo temprano de talentos excepcionales. Por citar solo un ejemplo entre los más interesantes, puede pensarse en René Avich, quien se graduó a mediados de 2012 con un programa especial que acortaba su periodo de estancia en la institución, por haber demostrado conocimientos muy avanzados en la interpretación y composición para el tres, un instrumento poco usual dentro de la veintena de modalidades que se cursan en la Facultad de Música. Su ejercicio de graduación tuvo lugar a teatro lleno en el complejo cultural Miramar, durante la Feria Internacional Cubadisco. Allí, René recibió el elogio del Premio Nacional de Música, Pancho Amat, uno de los maestros más asiduos a las aulas del ISA como tallerista y conferencista invitado, quien tuvo a bien además colaborar con el estudiante en el proyecto de su primer disco.

La horizontalidad del diálogo profesor-alumno es una de las fortalezas de la escuela, que destaca Jorge Braulio: “Por características que son muy propias de nuestro medio, en el que los alumnos reciben una formación previa a la entrada a la universidad, aun con sus limitaciones, este hecho posibilita que el proceso de aprendizaje no se centre en la adquisición de habilidades técnicas, sino en el desarrollo de las potencialidades creadoras y el ahondamiento conceptual de las propuestas”.

Para ilustrar cómo funcionan estas dinámicas bastaría con mencionar el desarrollo de algunos proyectos institucionales y libres en los que se implican tanto educandos como educadores. En el campo de la práctica artística resalta la agrupación ISA Danza, del Departamento de Danza Folklórica. Fundada en 1991 y dirigida en sus primeros años por la profesora titular y coreógrafa Graciela Chao Carbonero, la agrupación surgió como resultado del trabajo en los talleres de Creación Danzaria, Composición Coreográfica y Repertorio, disciplinas que componen el plan de estudios. La agrupación despliega su actividad tanto al interior del centro universitario como en otras instituciones culturales del país.

La Orquesta Sinfónica del ISA, adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana y dirigida José Antonio Méndez, se constituyó en 2009 y mantiene un vínculo sistemático con prestigiosos instrumentistas y directores de diversas nacionalidades, entre los que se destacan el belga Ronald Zollman, el argentino Jorge Rotter y el inglés Walter Reiter.

En el Festival de las Artes, un evento que desde hace dos años unifica los festivales-concursos Imago, Musicalia, Quinto día, Marcapaso y las Jornadas teatrales, de las distintas facultades, se muestran de conjunto casi la totalidad de agrupaciones e iniciativas estudiantiles, como Brasscuba, el inusual conjunto de trombones y tubas, o el popular grupo de música-fusión Lechuga Fresca.

La 11na. Bienal de La Habana, cuyos ecos se sienten todavía en el panorama cultural de la Isla, arrojó experiencias muy positivas para la institución, que sirvió de sede a una parte de las actividades medulares dentro del evento. En la Universidad tuvieron lugar el performance Aktion 5 de Herman Nisch, la exposición y taller de Gabriel Orozco y una clase abierta de la performista Marina Abramović. Para los estudiantes, implicarse en las acciones del mayor evento de artes plásticas en el país representó además la posibilidad de proyectar una de las exposiciones más abarcadoras de la obra producida allí en los últimos años. En otros momentos, muestras como Esporas han sacado de su espacio habitual parte de las creaciones de sus estudiantes en materia de artes plásticas, pero esta vez, con Lo inédito viable se favoreció el intercambio y el análisis de las producciones propias entre estudiantes de las diferentes especialidades.

Mayra Sánchez Medina, vicerrectora docente del ISA hace énfasis en las formas en que “la escuela ha sido centro de gestación de procesos que tienen que ver con el arte contemporáneo en la Isla. Lo más notable en este sentido podría ser el nuevo arte cubano de los años 80, que tuvo en la Universidad su espacio de nacimiento y forja. Lo mismo sucedió con el proyecto Tubo de ensayo de la Facultad de Arte Teatral, que agrupa a los novísimos dramaturgos, jóvenes que se formaron en  nuestras aulas y están teniendo resultados”.

“El ISA es un hervidero de creación —dice Aliosky García—. Es el lugar que de alguna manera te coloca en la punta del iceberg del panorama cultural cubano de estos tiempos, lo importante es saber a dónde quieres dirigir tu mirada, tus objetivos. El ISA además, es una plataforma, un punto de partida donde tienes espacio para interactuar y participar en distintos eventos y las mismas cruzadas por las provincias te enriquecen porque propician la posibilidad de salir de los marcos académicos e interactuar con la sociedad, mostrar tu creación a un amplio público. Sin embargo, se nos escapan distintos eventos de los que podemos aprovechar los espacios expositivos y de concurso. Además, debemos comenzar a revitalizar escenarios dentro del propio centro, como la galería de la Facultad de Artes Visuales, espacio vital para nuestros alumnos. Los estudiantes a veces prefieren otros entornos que legitimen su obra, y esto no está mal, pero si desde el lugar donde tú creas logras atraer a curadores, especialistas, críticos y coleccionistas contribuyes a legitimar tu propio espacio como plataforma de lanzamiento”.

La Facultad de Arte de los Medios de Comunicación (FAMCA), creada en 1989, representa uno de los pilares más importantes en la proyección del centro universitario en el campo cultural cubano. A pesar de haber nacido en la compleja coyuntura que se generó en Cuba tras el derrumbe del campo socialista soviético, y de haber sufrido con mucha fuerza las consiguientes escaseces tecnológicas, las disciplinas que allí se imparten se han ido consolidando en un sistema orgánico enfocado fundamentalmente hacia la elevación del nivel cultural de sus graduados, algo que se hace visible en espacios como la Muestra Joven del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico. En este concurso, las obras de los alumnos y egresados de la FAMCA han contribuido a la reflexión aguda sobre el contexto social y político del país, y a colocar en las agendas de las instituciones culturales cubanas un espectro más diverso de voces ciudadanas.

Pero para Michel Cruz, estudiante de Teatrología, debe existir una comunicación mayor entre las facultades del ISA para lograr una proyección más completa en los diferentes escenarios culturales. Esta interrelación, entiende, no debe fomentarse solo a partir de un acuerdo entre profesores y un ajuste de los programas académicos, sino de un mayor flujo de intercambios entre los propios estudiantes. “FAMCA —ejemplifica— necesita de los alumnos de dramaturgia, para la escritura de guiones, necesitan de nuestros actores para sus materiales, y nosotros necesitamos de ellos para la realización audiovisual”.

En cuanto a la preparación de un profesional capaz de emprender ejercicios de análisis sobre la historia de su campo, su obra y conviven con ella en el contexto cultural en el que se desenvuelve, García agrega que “el ISA  brinda una serie de asignaturas teóricas que contribuyen a una sólida formación. Muchos alumnos llegan a la Universidad con amplias aptitudes artísticas, y aquí se contribuye a que se conviertan también en intelectuales, a profundizar conocimientos que redundarán en una obra más profunda, a ser conscientes de lo que se está haciendo y del papel que se desempeña dentro del panorama del arte cubano.

“Desde el punto de vista de la creación, el taller de crítica es importante porque hace que el estudiante aprenda a defender y valorar su obra, además, en estos cursos adquiere un lenguaje técnico. Para el artista en formación la interacción entre profesor y estudiante que permite dialogar desde diferentes perspectivas sobre la obra del otro y la propia le permite adquirir consciencia de hacia dónde va”.

Anile Soliz, quien este año egresará de la institución como directora de coros, explica: “Nosotros hacemos un concierto de graduación en quinto año y una tesis de grado que está vinculada con un tema específico de la música coral, pero cursamos asignaturas como Filosofía, Estética, Estudios cubanos, e incluso de lenguas extranjeras, que son muy importantes y contribuyen de manera favorable a los resultados que hemos tenido”.  

En un artículo publicado en esta misma revista, el profesor Pedro Ángel comentaba sobre la necesidad detectada dentro de la academia, de abrir perfiles hacia el estudio de la teoría, la crítica y la historia de las diferentes disciplinas. Esta aspiración se ha concretado en algunas facultades, entre ellas la de Arte danzario, donde ya se imparte la especialidad de Danzología. Este propósito, que permite además un ensanchamiento de las opciones laborales de los egresados, se reconoce como uno de los aportes decisivos de la escuela para la estimulación y renovación del pensamiento y la investigación epistemológica sobre arte en nuestro país.

Aun habiendo dado pasos en este sentido, habrá que seguir repensando, a juicio de Mauricio Abad, como suplir las carencias de información sobre el funcionamiento de las instituciones culturales del país y cómo “aprender” a circular entre ellas y ocupar los espacios profesionales. “Curricular y extracurricularmente (sobre todo de esta última manera) los estudiantes logran insertarse en circuitos profesionales bastante serios durante la carrera —señala Abad. La Universidad apoya, pero esto es irregular. Crear un vínculo constante desde el programa de estudio con el sector profesional, que funcione de forma homogénea para las distintas facultades, que contribuya a la formación de los estudiantes y al mismo tiempo de una audiencia que los reciba una vez graduados para propiciar el desarrollo de procesos culturales autónomos y propios de las nuevas generaciones, sería una bonita ambición”.

Es algo cotidiano
la participación de nuestros estudiantes en eventos internacionales promovidos por
las instituciones del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, la aceptación
de invitaciones de galerías extranjeras de reconocido prestigio o la participación en talleres y encuentros artísticos en muchos países...”
Jorge Braulio Rodríguez

 

Por otra parte, Jorge Braulio Rodríguez recuerda la participación de los alumnos del ISA también en espacios artísticos fuera de Cuba: “Es algo cotidiano la participación de nuestros estudiantes en eventos internacionales promovidos por las instituciones del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, la aceptación de invitaciones de galerías extranjeras de reconocido prestigio o la participación en talleres y encuentros artísticos en muchos países como EE.UU., Suecia, España, Alemania, Colombia, Argentina”.

“Esta intensa actividad es determinante en su preparación, forma parte sustancial de la misma —recalca. De este modo, el sujeto de formación no está aislado, en una campana de cristal donde realizaría simulacros del oficio para el cual se está formando, sino que ejerce la profesión como el profesional que ya es.”

Quizá por esta última razón el ISA sea una excepción dentro de los centros de enseñanza superior en la Isla. El ser tratados como un profesionales desde el primer día de clases, marca, para los alumnos, diferencias decisivas, y los empuja a crecer en diálogo con otros colegas de Cuba y el extranjero. La Universidad es singular por esta razón, y porque bajo las cúpulas, el ambiente propicio para la creación existe. “Convivir con todas las manifestaciones artísticas enriquece —insiste el profesor Aliosky— y uno debe ayudar a que ese ambiente sea cada vez mejor proponiendo ideas, conciertos, exposiciones… estas nuevas ideas deben partir de profesores y alumnos; esa debe ser la razón de ser del ISA”.

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