Jazz Plaza 2012

Camino consolidado de un género universal

Desde La Habana se sigue convocando a consolidar y renovar el jazz; a dar a conocer nuevas figuras y estimular a generaciones en ascenso. Todo ello sirve para el desarrollo de una música con fronteras cada vez más difusas, marcadas por el buen gusto y los deseos de hacerla suya, no importa el ángulo geográfico donde se viva.

A mi juicio, ese ha sido el significado principal del recién concluido Festival Jazz Plaza 2012, en su edición 28, con una concurrida asistencia nacional y foránea, con luminarias globales, como Chucho Valdés en un apogeo de intensa creatividad, y otros que serían eje de carteles de lujo en cualquier entorno jazzístico.

Ese es el caso de Bobby Carcassés, hoy involucrado en la fiesta anual casi como en sus primeros tiempos fundacionales: una autoridad incombustible, a prueba de avatares —limitaciones e incomprensiones incluidas— cuyo amplio espectro creativo alcanzó ahora la teorización en su conferencia ilustrada “La improvisación en el jazz y en la música cubana a través de un concepto yoga”.

Al propio Bobby le debemos el anuncio del próximo Festival Jazz Plaza que estará dedicado a la rumba en el jazz y a los 50 años de vida profesional de Chucho Valdés. Los dos más recientes tuvieron como punto focal, respectivamente, a la música clásica y las cuerdas.

Quienes estuvieron

Arturo O´Farrill, en su tercera visita al terruño paterno, y cubanos radicados en otros países como el pianista Nachito Herrera, Roberto Vizcaíno, padre e hijo sobresalientes en las percusiones, el saxofonista Carlos Averhoff hijo y el violinista Omar Puente reforzaron una tendencia creciente de músicos que vuelven a la Isla para compartir su arte, como lo han hecho Gonzalo Rubalcaba, Ramón Valle y muchos otros en diferentes momentos.

La habitual representación criolla, como siempre de alta jerarquía, es capaz por sí misma de realizar una celebración nacional de categoría, como algunos hemos sugerido más de una vez, en otra fecha diferente al Jazz Plaza.

Con la concepción más amplia de lo que es el jazz cubano, ahora se disfrutó de Yoruba Andabo, Giraldo Piloto y su Klímax, Yasek Manzano, Alfred Thompson, Iván Acosta, William Roblejo, Bellita y su Jazztumbatá, Jesús Fuentes y Julio Padrón, todos apoyados por jóvenes intérpretes.

En un listado impresionante se anunció —no pude verificar todo personalmente— desde la familia López-Nussa (Ruy, Harold y Ruy Adrián) y la orquesta de jóvenes encabezada por Joaquín Betancourt, los pianistas Rolando Luna y Jorge Luis Pacheco, El Tosco y su NG La Banda, Gala Mayor, Havana Sax, Miguel Núñez, Orlando Sánchez, Michel Herrera, Alejandro Falcón y Luna Manzanares. Y seguro se me quedan algunos por mencionar.

Para ese alarde de notables —que merecerían notas aparte cada uno— se sintió poca repercusión mediática, no solo en medios locales limitados por el espacio. Muchos de ellos pasaron inadvertidos para el público en general.

Los participantes foráneos, por su número y calidad, podrían haber tenido mayor impacto si nos hubieran visitado, de forma espaciada, fuera de Festival.

Entre ellos la banda de la Friends University, de New York, el pianista español Abdón Alcaraz y su grupo, el dúo brasileño Caramuru- Baldanza, el del nacionalizado noruego Ivan Mazuze, el del argentino Pablo Sanguinetti, los mexicanos Pie Grande y los chicanos Los Vigilantes, entre otros de lugares más remotos como Shanti Lo, de Botswana.

Observaciones

Aunque me resisto a las comparaciones, cualquiera nota la diferencia entre lo difundido y la atención que genera el Festival de Cine Latinoamericano, con altas cotas de asistencia de público, y el desnivel que se genera con el casi inmediato Jazz Plaza —a veces, la clausura de uno ha coincidido con la inauguración del otro (Premier de Calle 52, de Fernando Trueba, por ejemplo). Esto no sucedía cuando se celebraba en febrero, coincidiendo con el Día de los Enamorados.

A todo esto, hay que añadir el inexistente reporte de lo que sucede tras los espectáculos formales: las descargas o jam sessions, momentos de creatividad espontánea que no se reflejan ni recogen —al menos hasta donde yo sepa—. Esos encuentros entre músicos, con escaso auditorio, devienen joyas para atesorar como complemento del valor público del Festival.

Otro ángulo que solo deja huellas como anécdotas es el Coloquio Internacional, ahora en su octava edición, una fuente importante de conocimiento que solo es apreciada por algunas decenas de interesados en la pequeña sala de la Casa de la Cultura de Plaza, sede fundacional del Festival.

Personalmente, anuncié en otro medio la visita de dos importantes figuras norteamericanas para tocar con Chucho en la inauguración: el trompetista Roy Hargrove y la cantante Roberta Gambarini. El primero fue asiduo a los Jazz Plaza y la italiana estuvo en uno, hasta que la absurda política de autobloqueo impuesta por Washington les impidió repetir la experiencia.

Ahora, según se conoció off the record, el veto imperial volvió a frustrar esa reaparición. De todas formas, desde España se anunció que tanto Hargrove como el saxofonista Bradford Marsalis intervendrán en un próximo disco de Chucho.

Por estas fechas, también se celebró el primer aniversario de la aparición en el ciberespacio del sitio D´CubaJazz, del Portal Cubarte, un esfuerzo que ha permitido abrir una ventana digital a los creadores y seguidores de esta forma de sentir la música en Cuba y fuera de ella.

Valoración final

Ya el Jazz Plaza 2012 forma parte de la historia musical cubana e internacional del género, con muchas luces y algunas sombras, como corresponde a un esfuerzo cultural que pudiera sobrepasar voluntades por limitaciones materiales —incluyendo el no pago de pasajes ni por presentaciones— o caprichos ajenos, pero cuyo saldo vuelve a ser positivo por el esfuerzo de muchos empedernidos soñadores, muchos de ellos anónimos.

Habrá que esperar otras convocatorias para que fragüen ideas como latinoamericanizar cada vez más el Jazz Plaza, quizá con una convocatoria El Jazz en el Alba —que pudiera merecer incluso un festival adicional—. Así se mantendría también la vocación —que tiene el de cine— de que La Habana sea un foco que irradie lo nuestro más allá de estrechas fronteras geográficas.

El jazz en Cuba, cada vez más, se muestra como una faceta cultural en expansión y profundización. Este año, un concurso JoJazz con amplitud internacional, la creación del Iris Jazz Club en Santiago de Cuba, un festival en Holguín —plaza de grandes músicos del género— y espacios radiales y televisivos consolidados y en expansión confirman que hay mucho terreno para seguir sembrando éxitos en este campo para la cultura cubana.

 

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