César Portillo de la Luz, autor de “Contigo en la distancia”

Cantar con filin

Ciro Bianchi • La Habana, Cuba

Ácido, arisco, discutidor, polémico, César Portillo de la Luz, el autor de “Tú, mi delirio” y “Contigo en la distancia”, sigue siendo una presencia insoslayable en la vida artística cubana. Todavía se le ve, guitarra en ristre, por los centros nocturnos, y en foros y tertulias intelectuales es capaz de llevar una discusión hasta sus últimas consecuencias. Como también lo fuera el ya desaparecido compositor e intérprete José Antonio Méndez, el autor de “Es nuestra canción” y “Noche cubana” es el filin, un estilo surgido en la década de los 40 que quiso “cantar con sentimientos, expresar determinados estados de ánimo, decir con expresión…”. A eso se le denominó cantar con filin —corrupción de la palabra inglesa feeling— y que, al decir de los especialistas, significó un cambio más en la forma de cantar que en la canción misma.

Imagen: La Jiribilla

Portillo fue pintor de brocha gorda y simultaneó ese oficio con la música durante los primeros años de su carrera. El filin nació en casas particulares, donde los trovadores se reunían a descargar. En opinión del estudioso Leonardo Acosta, marca un momento crucial en el proceso de fusión que tanto ha enriquecido la música cubana. Gracias a marineros negros norteamericanos, compositores y cantantes del género pudieron adquirir en los bares del puerto habanero discos con una música que los influiría. Así entraron a la Isla grabaciones de Al Cooper, Horace y Fletcher Henderson, Cab Calloway, Ella Fitzgerald… Pero, a juicio de Acosta, fue sobre todo Nat King Cole, quien actuó en Cuba en los 50, el músico que más incidiría en el filin —más como cantante que como pianista, aunque también dejó su huella en varios ejecutantes de este instrumento en Cuba—. “Mantuvo un estilo, un timbre, una dicción (en otros términos diríamos que una particular ‘forma de decir’) que fueron característicos de los mejores cantantes del filin”, precisa Leonardo Acosta.

El nuevo estilo, sin embargo, no las tenía todas consigo y despertó una polémica que llega hasta hoy. Fue combatido, en sus inicios, por intereses personales o prejuicios raciales y se le acusó de extranjerizante. Todavía en la década de los 60, “Mis 22 años”, una de las composiciones iniciales de Pablo Milanés que llevaba aún la huella del filin y denotaba su influjo, fue calificada, y junto con ella, el compositor, como evasiva y decadente. Y epítetos nada halagüeños e interpretaciones descabelladas acompañaron la pieza “Adiós felicidad”,  escrita en la misma cuerda.

En unos 60 años de quehacer profesional ha compuesto unas 50 canciones. Pero muchas de ellas se instalaron para siempre en el cancionero popular cubano y andan por el mundo desde que el chileno Lucho Gatica y el mexicano Pedro Vargas las cantaran en su momento, como lo harían después Luis Miguel y Plácido Domingo.

Y es que, dice Portillo, nunca faltan pensadores incapaces de entender que el canto ha sido históricamente un arte que expresa la dicha y la desdicha del ser humano, y que aún en el mejor de los estadios sociales hay siempre personas dichosas y desdichadas por amor o desamor o por razones personales  que nada tienen que ver con lo social. También sufrió ataques el bolero. Se le acusó de “machista” y “prostibulario”. El autor de “Estampa bohemia” sonríe y se encoje de hombros ante ese recuerdo. Sabe que el hombre se siente en desventaja cuando irrumpe en un terreno ocupado y tiende a cuestionar valores y logros de los que le precedieron. Por suerte, el tiempo siempre pone las cosas en su justo lugar y por eso, aquellos que comienzan negando terminan por reconocer los valores que un día impugnaron, tal vez para esperar ser también difundidos y defendidos en el futuro.

Dice ser un compositor poco prolífico. En unos 60 años de quehacer profesional ha compuesto unas 50 canciones. Pero muchas de ellas se instalaron para siempre en el cancionero popular cubano y andan por el mundo desde que el chileno Lucho Gatica y el mexicano Pedro Vargas las cantaran en su momento, como lo harían después Luis Miguel y Plácido Domingo.

Imagen: La Jiribilla

Ellos se encuentran, afirma el compositor, entre sus mejores intérpretes y recuerda asimismo en esta línea al mexicano Fernando Fernández, al español Luis Mariano y al brasileño Caetano Veloso. El Consorcio, de España, tiene una buena versión de su “Son al son”, y resultan muy satisfactorias para él las grabaciones que de su música hizo la Orquesta Sinfónica de Londres.

Más que ácido o arisco, César Portillo de la Luz sigue definiéndose, a sus 90 años de edad, como un hombre poco dócil. Quiere seguir viviendo y creando. Cree haber dado a la sociedad lo que debía y desea seguir haciéndolo.

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