Carlos Varela: 30 años y no es el fin…

Ivette Carnota • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

A Felipe…

Este enero ha tenido un nombre: Carlos Varela, quien sigue estando, por suerte para todos, no solo en la memoria musical y afectiva de los que entonces éramos, junto con él, unos adolescentes locos, hippies, revolucionarios, contestatarios y otras “hierbas”, sino también en quienes vinieron detrás y hasta en nuestros hijos. Nosotros, los de entonces, no somos los mismos aunque nos reconozcamos y vibremos igual con sus letras y acordes.

Un show —o dos, porque primero hubo un unplugged para 200 invitados que se grabó y saldrá de conjunto con el DVD en un especial de TV—, con todos los estándares internacionales del espectáculo, con los recursos que tenemos a mano, sin lentejuelas ni fanfarrias; solo unos lienzos gigantes pintados con una imagen de La Habana, y unas puertas y ventanas, todas con sensación de profundidad; unas gradas de madera y un cable de donde colgaban bombillas. Con un ritmo que no decayó ni un instante, a pesar de ser  un concierto con más de 30 temas, nadie estaba cansado y todos ávidos de más cuando concluyó aquel tocado por la gracia.

Este sábado 12 de enero, será un día para no olvidar. Unos arreglos espectaculares de Aldo López Gavilán Junco, quien comandando a la banda desde el piano nos devolvió aquellos temas nuestros, tan mejorados que parecían perfectos. La banda se vistió, una vez más, de gala e hizo magistralmente lo suyo: Robertico Gómez en la guitarra, alumno de Elmer Ferrer, demostró y se ganó un nombre que ya está; Julio César González, en su bajo cubanísimo y cadencioso, justo, versátil e inmejorable y, en la batería y los tempos, marcando siempre el equilibrio, el siempre jovial David Suárez, baterista de Carlos hace tanto tiempo que resultaría impensable un concierto sin él.

Imagen: La Jiribilla

Palabras mayúsculas merecen los integrantes de la Orquesta de Cámara de La Habana bajo la batuta de la Maestra Dayana García, toda juventud y talento sin límites. Esas cuerdas le dieron a los temas de Carlos, aquellos y estos, un aire fresco y renovado, otros colores al vuelo de las palabras y al ritmo de la melodía.

Los invitados fueron algo serio… Jackson Browne, el “Dios del rock & roll, el amigo, a quien reverenciamos esa noche  —ojalá la curiosidad nos haga a todos volver los oídos sobre su obra— por su versión única de “Muros y puertas”; Ivan Lins, con ese aire que permite besar y hasta respirar a Brasil en otra versión para recordar de “No es el fin”, amén del bonus track que nos regalara cuando entonó “Comenzar de nuevo” —cuantos no habremos recordado a aquella mujer llamada Malú en un guiño de la nostalgia—. Desde Puerto Rico, nuestra otra ala, nos llegó Eduardo Cabra (Visitante) de Calle 13, de la mano del amor de Diana Fuentes, quien por mucho tiempo acompañó a Carlos bordándole las alas para que abriera su carrera en solitario, con una voz y un estilo irrepetibles e inimitables. Todos extrañamos a Luis Enrique esa noche porque compromisos de trabajo le impidieron quedarse hasta el sábado, pero estuvo en el concierto previo, más pequeño e íntimo, para la grabación; aun así, su potente voz y su estilo especial nos devolvieron la canción “Cambia” renovada, vital, especial…X Alfonso, como la vida, limó años y juntó talentos y virtudes para estar en ese escenario.

Imagen: La Jiribilla

Y el final llegó, como el postre detrás de la opípara cena, cuando pensábamos que ya no se podía poner mejor; aparecieron en escena, bajo y batería en mano, Juan y Samuel Formell. Como cuando de música se trata (y no) los cubanos somos golosos, aún desfilarían José Luis Cortés (El tosco), Giraldo Piloto, Alexander Abreu e Isaac Delgado en un rockason que demostraba que “La política no cabe en la azucarera”.

Cómo han podido pasar 30 años por nuestras vidas, sin darnos cuenta que comenzamos con aquellos jóvenes, irreverentes como nosotros, que perseguíamos hasta percatarnos de que también éramos ellos. No por gusto la vida y nosotros los elegimos para ser nuestros cómplices compañeros; pienso en Frank, Santiago, Gerardo, Donato y Carlos, como referentes de esos años temibles y hermosos, donde Silvio, Pablo, Noel y Vicente nos y los llevaban de la mano.

La vida fue pródiga en música para con nosotros y aún ahora llega Carlos y sigue con la vitalidad a cuestas, con la bendita carga del sentir de un par de generaciones y contando… y cantando, entonces y ahora. Suerte la nuestra que lo tuvimos hace tres décadas para decir lo que sentíamos a través de su voz y que le tenemos ahora, cada vez más nuestro y vital apareciendo siempre en la esquina de cada “Foto de Familia”.

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