Carucha y la Luna

René Fernández Santana • La Habana, Cuba

Nunca he confesado esto. Son huellas líricas a su alma. He admirado a seres que superan la conciencia y Carucha Camejo me produce ese asombro. Recuerdo su majestuosidad ante las cortinas, su perseverancia y rigor en sus ensayos, su discreta elegancia al accionar un títere de varillas, su doma de un títere con la cachiporra, su andar celeste de justas palabras en la escena, el sonoro secreto de las voces que concedía a sus personajes y su integral sapiencia del universo titiritero.

Imagen: La Jiribilla

Siempre los personajes de la Luna que aparecen en mis obras tienen algo del decir de la maestra Carucha. Su versatilidad en su sonrisa la hacía ser un astro luminoso. Siempre ha sido mi Luna y ella misma es la Luna. La del Papalote de Domingos por la mañana, la de los Cazadores de estrellas y el Circo imaginario, la laboriosa del Huerto y los tomates rojos, rojos, la de las palabras en los habladores actores, la pescadora consejera de Felipito, la cazadora del Cocodrilo verde, la de Dorotea, que se mira y se vuelve a mirar en su espejo, la de Okin eiye ayé guardando la libertad dentro de su plateado vientre, y todas las Lunas que me faltan por escribirle. Carucha: poseedora y cautiva del oficio de los retablos en el monte de sus manos.

Recuerdo su majestuosidad ante las cortinas,
su perseverancia y rigor en sus ensayos, su discreta elegancia al accionar
un títere de varillas, su doma de un títere con
la cachiporra, su andar celeste de justas palabras
en la escena, el sonoro secreto de las voces que concedía a sus personajes
y su integral sapiencia
del universo titiritero.

El río y sus crecidas no arrastraron tu presencia, encontraron su cauce y sus arenas el horizonte en el símbolo del títere cubano. Tu recuerdo de gran titiritera sigue grabado: nunca se fue, nunca nos abandonaste, nunca abandonaste esta Isla. Siempre hemos estado junto a ti, hoy se ha roto el silencio. Penélope a la luz de la Luna nunca destejió tu nombre. Las estrellas en sus nocturnas conversaciones ante la patria y la partida hacia el amanecer, buscaron tu otra mirada, la segura, la encantadora, la más sutil, la de maga, la de creadora de un comienzo que no tiene fin. La Luna rezó tu arte. Carucha, nos acompaña con sus sabias palabras: “El títere es para vivirlo y hacerlo vivir”.

Siempre esperamos una justicia de la cultura. Un claro de Luna, pero fue demorado. Desfavorecedor. Se perdió la voluntad de muchos espíritus. Difíciles momentos del agresor pensamiento a la identidad cultural. Este ejército de titiriteros está obligado a trasladar tu legado-leyenda como una misión a todo lo nuevo. No hay despedida. La Luna aún silba tu canto, Carucha.

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