De Francia, danza con honduras

Yuris Nórido • La Habana, Cuba
Fotos: R. A. Hdez

Dos compañías relevantes de la escena francesa han desembarcado en La Habana… Eso es lo bueno de estos festivales: convocadas por el prestigio de Alicia Alonso y la escuela cubana de ballet, se presentan en nuestros teatros agrupaciones que normalmente no hacen escalas en estas plazas.

El Preljocaj Ballet presentó una función única, en la que destacan las dos primeras piezas: “La anunciación” y “Centauros”. Se trata de dos obras de marcadas honduras y esencial armazón.

Imagen: La Jiribilla
La anunciación

 

El albanés Angelin Preljocaj, coreógrafo y director de la compañía, es uno de los creadores más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Tiene un estilo muy propio, algo que a estas alturas no abunda.  Ha montado obras significativas del gran repertorio del ballet con algunas de las principales compañías del mundo. Y es también autor de coreografías de singularísimo estilo, en las que fusiona las constantes de la danza académica con giros más contemporáneos, que no llegan a ser nunca demasiado transgresores. Equilibrio, armonía, modernidad, belleza… Danza esencial, que no se regodea en arabescos estériles.

El entramado coreográfico asume sin traumas movimientos y hasta secuencias de la cotidianidad, estilizándolos hasta la contundencia expresiva. En “La anunciación”, dos bailarinas asumen un diálogo que explora en la emoción de la experiencia religiosa… pero el diálogo deviene lucha. A primera vista no se cuenta una historia, más bien hay una zambullida en el misticismo. La banda sonora es ardua, poco dada a la caricia… más que sostén de la danza parece impulso. Muy bien las transiciones y los recursos de cierre.

No se cuenta la historia con pelos y señales, se sugiere más de lo que se dice, pero la esencia es la misma. Hay también una interesante alternancia de dúos y grupos. Muy feliz la solución de desnudar a los dos protagonistas, mientras el grupo se mantiene vestido: el contraste desata muchas posibilidades.

En la segunda, dos hombres encarnan criaturas que transitan de la animalidad a la mitología. La danza también es lidia, pero todo tiende al equilibrio. Se “habla” de la relación de dos seres demasiado parecidos, marcados por una naturaleza extraña, hasta cierto punto hostil. Hay mucho de resignación y fuerza apenas contenida en las evoluciones. Por momentos, el coreógrafo se permite ser explícito en la mímica: galope equino, que se erige en metáfora.

De estas propuestas hay que destacar la plasticidad del movimiento y la homogeneidad de la ejecución. Son bailarines muy bien entrenados, que muestran un gran compromiso con el estilo que asumen, a pesar de que no muestran una forma envidiable.

Otro acontecimiento han sido las presentaciones del Malandain Ballet Biarritz, con un programa de obras recientes coreografiadas por su director, Thierry Malandain.

La primera de las obras, “Una última canción”, se regodea en el eterno ciclo de la vida: nacer-crecer-amar-morir… Pero el acercamiento es noble, ligero, sin dramatismos extremos. Se trata de una hermosa y sugerente sucesión de dúos y escenas de cuerpo de baile, con metáforas sutiles e interesantes secuencias, en las que la originalidad del trazado mantiene siempre expectante al público.

Imagen: La Jiribilla
Una última canción

 

Viéndolas, uno se da cuenta de que la tan perseguida originalidad en realidad no existe… todo en este mundo es recreación, la novedad está en la habilidad para integrar experiencias disímiles en un discurso coherente.

La otra propuesta tiene asideros dramáticos más concretos, se trata de una versión libérrima del célebre “El amor brujo”, en la que las peripecias aristotélicas son metamorfoseadas en danza de singular calado simbólico.

No se cuenta la historia con pelos y señales, se sugiere más de lo que se dice, pero la esencia es la misma. Hay también una interesante alternancia de dúos y grupos. Muy feliz la solución de desnudar a los dos protagonistas, mientras el grupo se mantiene vestido: el contraste desata muchas posibilidades. Malandain sabe mover un cuerpo de baile, y sus bailarines están en perfecta forma.

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