Artes Plásticas

Desencuentros de una atribución:
“Retrato de la Familia Manrique de Lara”

Boris Morejón de Vega • La Habana, Cuba

La atribución del “Retrato de la Familia Manrique de Lara”, al pintor Juan Bautista Vermay, es ya tan histórica como la polémica que ha suscitado entre críticos e historiadores. Lo cierto es que la falta de información respecto a su producción, y sus diferencias o avances formales y técnicos evidentes, que la distinguen de todo lo pintado por los pintores populares autodidactas de nuestro periodo colonial, les ha imposibilitado desmontar una fuerte tradición familiar no sustentada.

Imagen: La Jiribilla

Entre las obras de Vermay, expuestas en la sala de pintura colonial del Museo Nacional de Bellas Artes, se encuentra este retrato, obra pintoresca que si bien muestra innovaciones como la incorporación del grupo familiar a este género, la captación del ambiente aristocrático de la sociedad habanera de entonces, haciendo énfasis en el tratamiento del vestuario, vajilla, mobiliario, cortinas y la baranda de hierro como indicador de progreso, entra en contradicción con otras obras de este pintor, por deficiencias en el dibujo y su factura en sentido general.

Según el criterio de los especialistas, en el “Retrato de Hombre”, firmado y fechado en 1819, o las pinturas que realizara para el Templete, se puede apreciar el dominio de la técnica del retrato con características neoclásicas, debido a su formación como discípulo de David. Estas opiniones ponen en duda la atribución del “Retrato de la Familia Manrique de Lara” a este pintor.

Pero si el retrato no está firmado, ¿de dónde proviene esta atribución? Para las obras que no están firmadas y no existan documentos que validen su pertenencia a la producción pictórica de un determinado artista, los museos emplean el método de Atribucionismo, que permite atribuir una obra a un autor o escuela a partir del análisis visual, estilístico, el estudio historiográfico y el análisis material.1 De esta manera, en el año 1971, la obra se incluye en la sala permanente como pintada por Vermay, donde ha permanecido hasta la actualidad, por presentar rasgos neoclásicos y porque la atribución es anterior a su llegada al museo en el año 1967.

Haciendo un análisis expositivo de la obra, se percibe que las discrepancias de los historiadores sobre su autoría, comienzan desde que se exhibe al público por primera vez, en abril de 1940, en la exposición 300 años de arte en Cuba, que tuvo lugar en la Universidad de La Habana.

Para esta exhibición, que mostró las obras más representativas del movimiento artístico en Cuba desde sus inicios hasta esa fecha,  los datos de la obra fueron aportados por la familia del pintor Cundo Bermúdez, antiguos propietarios, quienes aseguraron que los retratados eran antepasados suyos y que la misma había sido pintada en el año 1812 por Juan Bautista Vermay, primer director de San Alejandro.2

No obstante, en las palabras introductorias al catálogo aparece la siguiente aclaración: “Deseando además hacer constar las dudas que los embargan respecto a algunas fechas consignadas en el catálogo a continuación de cada nombre y más aún respecto al momento de producción de cada obra…Mil dificultades que con el tiempo se logren vencer y la escasez de datos a su alcance les han impedido llegar a mayor precisión. La disposición cronológica de las obras en los salones, a pesar de la cuidadosa atención que la misma ha merecido, no puede tomarse, pues sino como aproximación”.3

Sobre este pintor francés no existen documentos precisos acerca de su actividad antes de llegar a Cuba, en cambio, ha quedado recogido en la bibliografía que Vermay llegó a La Habana a finales del año 1815, y un listado de obras que trajera consigo, en el que no figura este retrato;4 datos que ponen en cuestionamiento el año 1812 como fecha de realización de la obra. Por otro lado, en una relación de obras de Juan Bautista Vermay, escrita por Sabine Faivre D´Arcier, biógrafa del pintor, aparece que el retrato fue pintado en 18335;  por lo que sería entonces uno de sus últimos trabajos en Cuba, al coincidir con el año de su muerte. Esta fecha es de gran interés pues aparece por primera vez en la bibliografía. ¿Procederá esta información de algún documento testimonial, o será una apreciación?

El retrato se exhibe nuevamente en la exposición La pintura colonial en Cuba, en el Capitolio Nacional entre marzo y abril de 1950, donde aparece como: Juan Bautista Vermay, “Retrato de la Familia Manrique de Lara”, Colección Segundo Bermúdez.6 Guy Pérez Cisneros al referirse a la obra en el catálogo, plantea que “…la perspectiva sigue achatada, el color pobre, el dibujo seco; pero por lo menos, no tenemos aquí el molesto estilo de gala. El pintor ha dado paso a la sencillez, a la sensibilidad y a una expresividad mucho más profunda que la de los cuadros del Templete. Hasta en la cotorra que nos ofrece el anciano de cara muy seria, se puede ver como una leve intención de color local…”. En estas palabras podemos apreciar cómo su autor hace una evaluación detallada de los valores plásticos y estéticos de la obra, pero no se cuestiona la autoría de la misma, aunque contradictoriamente, la compara  con un retrato naif, clasificándola además como una “obra artística bastante pobre, pero riquísima en intenciones de cultura”.

En el año 1983, el pintor Jorge Rigol hace un análisis donde cuestiona esta atribución, planteando que este retrato “…se ha tenido tradicionalmente como salido de la mano de Vermay. No sé de ningún documento que lo pruebe, lo que no quiere decir que no exista… sí una tradición familiar trasmitida de generación en generación…”. Así mismo nos muestra sus dudas señalando las diferencias notables entre esta obra y las otras dos que se exhiben en la sala del Museo Nacional: “Retrato de Hombre”, firmado y fechado en 1819, y elRetrato del Capitán General Francisco Dionisio Vives” (atribuido); concluyendo que: “En tanto no se realice una investigación exhaustiva será prácticamente imposible armar ese rompecabezas”.7

La falta de pruebas que esclarezcan la autoría de la obra, ha traído por consecuencia el sostenimiento de esta tradición familiar, y fue así como se editó, en el año 1968, su imagen en un Sello de Correos de Cuba, como auténtico de Vermay, en conmemoración al 150 Aniversario de la Escuela de San Alejandro.8

Recientemente, en el año 2010, Ramón Cabrera Salort, con una mirada desde la enseñanza artística, ha calificado la autoría del “Retrato de la Familia Manrique de Lara”, como un enigma no resuelto, argumentando que “…esta obra difícilmente pueda revelar un sólido entrenamiento académico y el reconocimiento de una descendencia davidiana de su autor. En contraste manifiesto… hay un retrato de caballero también adjudicado a Vermay, que exhibe el dominio de la más depurada técnica retratista. ¿Son todas las obras señaladas de Vermay? Así da comienzo, a la par que la evidencia de una necesaria profundización en las indagaciones históricas de nuestras artes…”9

Todas estas opiniones tienen como denominador común que los elementos formales apreciables en la obra no se corresponden con la pintura de Vermay; pero hasta el momento, las aproximaciones realizadas con vistas a esclarecer su autoría, solo han tomado en consideración el análisis visual, quedando el estudio material sugerido como una necesidad. Dada la importancia de este retrato para el conocimiento de la evolución de nuestra pintura colonial, el Museo Nacional de Bellas Artes está desarrollando un trabajo de expertizaje que pretende explicar esta atribución a partir de la correspondencia entre el estudio histórico-artístico y el análisis material de la obra.

Desde el punto de vista material se obtendrá información sobre la composición química de los pigmentos empleados, aglutinantes, base de preparación y podrá ser comparada con otras obras pintadas o atribuidas a Vermay. En estos momentos se estudian los resultados de los análisis realizados a las micromuestras extraídas y se coordina el estudio de las piezas con fotografía infrarroja y rayos X, para conocer el dibujo subyacente y  el modo de ejecución.

 

Bibliografía

Bannatyne-Álvarez, Ana María. Cundo Bermúdez. Cuban-American Endowment For The Arts, INC. Miami, Florida. 2000.
  • Calcines, Argel. “En busca del aura perdida”. Opus Habana, año 1. No. 1, 1995, pp. 10-13. http://www.habanaelegante.com/Winter2004/Templete.html. Revisado 9 de septiembre de 2011.
  • Faivre D’Arcier, Sabine. Vermay Mensajero de las Luces. Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz. Edición Imagen Contemporánea. La Habana. 2004.
  • Galería de Arte Cubano. Museo Nacional. Palacio de Bellas Artes. La Habana, 1964. Catálogo.
  • García Hernández, Greta. Expertizaje de un cuadro atribuido a Amadeo Modigliani. Conservación de Arte Contemporáneo 8ª Jornada. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid, Febrero 2007.
  • Gómez González, María Luisa. Examen científico aplicado a la conservación de obras de arte. Ed. Cátedra. Madrid, 1998.
  • Guía de la Galería de Arte del Museo Nacional de Cuba. Patronato de Bellas Artes y Museos. La Habana, 1955. Catálogo.
  • La pintura colonial en Cuba. Exposición en el Capitolio Nacional. La Habana, 4 marzo- 4 abril de 1950. Catálogo.
  • Marías, Fernando. Teoría de Arte II. Editorial Historia 16, Información e Historia, S.L. Madrid, 1996.
  • Núñez Gutiérrez, Miguel Luis. Salas del Museo Nacional de Cuba.  La Habana. Salas del Museo Nacional de Cuba. Palacio de Bellas Artes. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1990. Catálogo.
  • Primera Exposición Retrospectiva. Asociación de Pintores y Escultores. La Habana. Noviembre, 1922. Catálogo.
  • Pérez Cisneros, Guy. Características de la evolución de la pintura en Cuba. Ministerio de Educación. La Habana, 1959.
  • R. Bermúdez, Jorge. De Gutenberg a Landaluze. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1990.
  • Redacción Opus Habana. El legado de Vermay. Vol. I, No. 4, 1997, pp. 31-38. http://www.opushabana.cu/index. Revisado 9 de septiembre de 2011.
  • Rigol, Jorge. Apuntes sobre la pintura y el grabado en Cuba. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 1989.
  • Rigol, Jorge. Pintura Cubana. Museo Nacional de Cuba. Pintura. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1978. Catálogo.
  • Rodríguez Morey, Antonio. Diccionario de Artistas Plásticos de Cuba. Mecanografiado. (Inédito. Escrito entre 1940-60)
  • Salas Cubanas. Museo Nacional Palacio de Bellas Artes. Consejo Nacional de Cultura. La Habana, julio de 1971. Catálogo.
  • Torres-Cuevas, Eduardo. Obispo de Espada. Colección  Biblioteca de Clásicos Cubanos, Nro.4. Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz. Edición Imagen Contemporánea, La Habana, 2002.
  • 300 Años de Arte en Cuba. Universidad de La Habana. Abril de 1940. Catálogo.
  • Valderrama, Esteban. La pintura y la escultura en Cuba. La Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro. La Habana, Cuba. 1952.

     

Notas:
 
1- Marías, Fernando. Teoría de Arte II. Editorial Historia 16, Información e Historia, S.L. Madrid, 1996.
2- Bannatyne-Álvarez, Ana María. Cundo Bermúdez. Cuban-American Endowment For The Arts, INC. Miami, Florida. 2000.
3- 300 Años de Arte en CubaUniversidad de La Habana,  abril de 1940. Catálogo.
4- Torres-Cuevas, Eduardo. Obispo de Espada. Colección  Biblioteca de Clásicos Cubanos, Nro.4. Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz. Edición Imagen Contemporánea, La Habana, 2002.
5- Faivre D’Arcier, Sabine. Vermay Mensajero de las Luces. Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz. Edición Imagen Contemporánea. La Habana. 2004.
6- “La Pintura Colonial en Cuba”. Capitolio Nacional.  La Habana, marzo, 1950. Catálogo.
7- Rigol, Jorge. Apuntes sobre la pintura y el grabado en Cuba. La Habana, 1983.
8- Bannatyne-Álvarez, Ana María. Cundo Bermúdez. Cuban-American Endowment For The Arts, INC. Miami, Florida. 2000.
9- Cabrera Salort, Ramón. La mirada de una isla despierta: dos siglos de arte y enseñanza de Cuba. Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte (ISA). 2010.

 

Comentarios

me parece evidente que el cuadro no debe ser obra de Vermay, sino de alg'un artista autodidacta, con evidentes deficiencias t'ecnicas.

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