Conversación con Ulises Rodríguez Febles, ganador del Premio La Edad de Oro 2012 en Teatro para Niños

La dramaturgia vive conmigo

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

Conozco a Ulises Rodríguez Febles desde 1992, fui a verlo trabajar en un monólogo que hacía durante un festival de teatro de aficionados universitarios. En 1993, fue mi compañero de escena en Teatro Papalote. Después hemos trabajado juntos organizando eventos escénicos, homenajes y conferencias. Hoy es mi amigo, un colega intenso y vital. He venido a felicitarlo por su más reciente Premio de Teatro para Niños La Edad de Oro; entonces me di cuenta que tenía más cosas que conversar con él, y como cada teatrista es un pozo de curiosidad, al menos así lo siento yo, salió esta entrevista que es una especie de retrato en vivo de un creador reconocido y perseverante.

Imagen: La Jiribilla
"Huevos",  Mephisto Teatro

I

Un niño no quiere ser dramaturgo porque no sabe lo que es

Vienes del movimiento de artistas aficionados, te gradúas luego de Licenciado en Literatura y Español. ¿Cuándo llegó la dramaturgia?

La dramaturgia estuvo siempre dentro de mí; como algo que experimentaba dentro de mi espíritu, dentro de mis necesidades creativas y de comunicación con los otros; aunque quizá no lo sabía. Un niño no quiere ser dramaturgo porque no sabe lo que es. Soñaba con ser actor. Desde pequeño me encantaban los diálogos en los libros que leía. Aprendí a leer muy temprano —cuando tenía siete años— y con mis lecturas más queridas    interpretaba cada personaje, cambiando de voz. Preparaba pequeños diálogos para jugar con mis primos; que claro después no servían para nada. En la secundaria tenía mi propio grupo: Los Dacios. Escribía textos, dirigía y actuaba. Así siguió siendo en el preuniversitario, donde en doce grado obtuve en un concurso mención nacional de literatura en el género de teatro. El premio lo obtuvo Ariel Bouza. Nunca quise ser otra cosa, tenía una vocación definida toda la vida. Tuve actores de televisión cerca, admirados, vinculados por diferentes vías a mi familia: Eduardo Macías y Alfonso Silvestre. Viví entre el Valle de Guamacaro y La Habana. Quise estudiar actuación en el ISA; pero no abrieron la carrera ese año para Matanzas. Desaprobé dramaturgia y todo se tornó gris. Hubiera estudiado en el aula con Omar Valiño, por ejemplo. Ese suceso lo hace todo más difícil: el camino es más adverso, duro, lacerante. Como no tenía promedio para Filología; opté por Literatura y Español en el pedagógico. Una carrera que te adentra en muchas ramas del saber, lo cual agradezco. Allí siempre escribí e hice teatro; gané premios en festivales nacionales de la FEU o de la Asociación Hermanos Saíz. Uno de esos textos: El corcel verde, me abrió las puertas en 1992 al teatro profesional. Esa fue mi audición para entrar en El Mirón Cubano y para actuar contigo y Migdalia Seguí en Disfraces, del Teatro Papalote, dirigido por René Fernández. Mi debut fue en el teatro para niños; algo que en aquel momento no era lo que me llamaba la atención. Ese mismo año, Teatro D´Sur estrenaba La Ventana Tejida. Entonces… nunca la dramaturgia ha dejado de estar, vive conmigo. 

II

Respetar lo que los otros hacen

Vives experiencias escénicas en los 90 con el Grupo Mirón Cubano, Teatro D´Sur y Teatro Papalote. ¿Influyeron estas vivencias en tu estilo de escritura teatral?

Influyeron en comprender y respetar la diversidad del teatro: el callejero, el de niños y títeres y el de sala dedicado a los adultos. Pude practicarlos desde sus procesos y confrontarlos con la teoría. Cada uno de estos tres grupos fue una vía de aprendizaje, de conocimiento y de pasiones extrañas y  contradictorias. Estas experiencias propiciaron que lo que antes no era de mi interés —el teatro callejero o el teatro de títeres— se valorizaran en mi sensibilidad, las estudiara y le dedicara algo de mí; de la misma manera, que los tres procesos me entregaban preguntas, a veces sin respuestas. Los encuentros con estos tres grupos, hicieron que mi dramaturgia se vinculara a fenómenos diferentes y nacieran obras escritas, incluso para el circo y su lenguaje. Eso lo agradezco enormemente, porque ha democratizado la visión que tengo como espectador de teatro. Me enseñó a respetar lo que los otros hacen y a desentrañar códigos que son propios de la diferencia, existentes más allá de estos núcleos creativos.

III

Mi obsesión de siempre: la realidad donde vivo

Los dramaturgos Freddy Artiles y Gerardo Fernández, ¿qué significaron para ti?

En mi carrera se estudiaba la historia del teatro y muchas de sus mejores obras, desde Esquilo hasta el teatro cubano contemporáneo; nunca desde una visión teatrológica, es cierto, pero me dieron un instrumental teórico para enfrentarme al texto, ampliaron mis horizontes de lectura, todo combinado con mis experiencias como espectador. Si a Teatro Papalote le debo escribir para títeres; debido a su decisiva y paradigmática influencia en mi etapa de formación, a Freddy Artiles le debo todos sus talleres prácticos, desde el 98, en Santa Clara, que fue el primero. Recuerdo que estaba Norge Espinosa Mendoza. Yo vivía entonces influido por “el bacilo griego” —que aún tengo—  y presenté una obra que fusionaba los mitos de Esquilo, con los de Homero, y mi obsesión de siempre: la realidad donde vivo. Antes había leído a Freddy. Su teoría sobre la especialidad influyó mucho en mi escritura para títeres. Cuando escribí Cyrano y la madre de agua, estudié muchos de sus textos teóricos. Escribir para el títere tiene sus especificidades. Después pasé otros talleres con él y especialmente el Diplomado de Teatro para niños y de Títeres en el ISA, creo que fue vital en mi formación y en la de muchos  titiriteros. Con Gerardo Fernández, pasé  durante un año el curso de guiones de cine, radio y televisión en La Habana. Me propició elementos diferentes, que ayudan al teatro; pero especialmente, para escribir para la radio, donde fui finalista del Premio Margarita Xirgú 2001, y me preparó para trabajar en dos ocasiones con la BBC de Londres y ser nominado junto a la guionista inglesa Jenny Buckman, para el Premio del Gremio de Escritores del Reino Unido, en el 2008. Un día quisiera escribir una serie para la televisión. La tengo en mente; pero le tengo miedo a la lentitud escandalosa  de las producciones televisivas.

IV

El Royal Court Theatre para mí fue una escuela

Fuiste al seminario del Royal Court Theatre en La Habana y luego viajaste a la tierra de Shakespeare. ¿Eso consolidó tu forma de concebir la dramaturgia o abrió nuevos caminos en tu imaginación teatral?

Seguro. Hasta ese momento estaba dedicado a mi pasión titiritera, a escribir e investigar para el teatro de títeres. Matanzas con Teatro de Las Estaciones y Teatro Papalote, con sus eventos, con las visitas de grupos y personalidades, hacen que uno se sienta correspondido con esos amores mutuos. Pero también provenía de experiencias dramatúrgicas anteriores; y como narrador de los talleres literarios. Estuve en los Encuentros de Invierno, en el Palacio del Segundo Cabo, donde conocí del rigor de Salvador Redonet, Heras León, Maggi Mateo, Madeline Cámara… Ellos me enseñaron una ética de la escritura. Fui un novísimo narrador —aún estaba estudiando— antologado en Los últimos serán los primeros, con selección y prólogo de Redonet. Ese también fue un comienzo de un instante importante de mi carrera. Después no escribí más ningún cuento, hasta hace poco. El Royal Court Theatre fue una motivación especial para mi sensibilidad creativa; un encuentro con un laboratorio de escritura sobre la realidad cubana, y desde la manera en que esta prestigiosa agrupación se enfrenta a los procesos, a la relación del dramaturgo con la escena. El Royal Court Theatre se nos presentó como un proyecto viable de creación. Por el pasaron muchos autores: Norge Espinosa, Abel González Melo, Nara Mansur, Roberto D. M. Yeras. Para mí fue una hermosa experiencia, que dio como resultado tres obras, todas influidas por esa fiebre creativa: Carnicería, Huevos y El Concierto, esta última la escribí como parte de sus talleres. El texto nació y creció con el criterio de muchos, con la prueba sobre el escenario, primero en Cuba y después en Londres. Este año se cumplen diez años de esa primera experiencia de colaboración y poco se ha hablado de ella. Como dramaturgo para mí fue una provocación, un incentivo. De esa etapa solo guardo momentos hermosos, dos premios, publicaciones en Cuba y en el Reino Unido, puestas en escena en Cuba y EE.UU., lecturas en México y Londres; una adaptación mía para la BBC. Confrontación  con públicos disímiles y el  ser promocionado, conocido, para bien o para mal. El Royal Court Theatre para mí fue una escuela, es  definitivamente mi escuela. 

V

Prefiero trabajar en lo que voy a escribir mañana    

Has obtenido los principales premios de escritura teatral nacional, pienso en los premios Milanés de 1996 y 2000, el Calendario, de la AHS, en 1998, el 100 obras para un Papalote, también en 1998, el Dora Alonso 2002, y los importantes Virgilio Piñera y Royal Court Theatre, en 2004, entre otros. ¿A la hora de proponerte nuevos textos cómo influyen en ti estos galardones?

Un reto. La duda ante el vacío; porque es una gran responsabilidad obtenerlos; crea nuevas metas y compromisos con tu creación. Los premios son una vía de promoción significativa y rápida. Enseguida publicas, sientes el regocijo de que sea conocida tu obra. Si triunfas, bien; si no resultas elegido por un jurado, aunque te entristeces; hace que te enfrentes a nuevos desafíos y puede ser que te elijan los lectores, el público. Un premio tampoco puede hacerte creer que tu obra es la mejor, que tú lo eres; entre el mucho talento que hay en este país. Confío en el tiempo, en la memoria cultural; en como se leerán mañana mis textos —las premiadas, las otras— y la de los demás que ahora mismo escriben en esta nación. Me gustan los premios; pero prefiero trabajar en lo que voy a escribir mañana.

VI  

El teatro es uno solo

Has transitado en tu dramaturgia del teatro para niños al teatro para adultos y viceversa. ¿Significa lo mismo escribir para un público u otro? ¿Cuáles son tus consideraciones al respecto y como crees tú que van los caminos nacionales de la escritura teatral en ambas direcciones?

El teatro es uno solo. Ambos deben estar escritos y representados con el mismo rigor, hasta donde el talento nos alcance; pero hay especificidades esenciales para cada lenguaje. Yo lo veo de maneras diferentes, al escribir para niños hay algo que es esencial y es el conocimiento del imaginario infantil. Hay un espíritu especial de creación, que me remite, no al niño que fui, sino a los niños que viven conmigo, no importa que sean mis tres hijos o los niños de la realidad en que viven. Imágenes, diálogos, situaciones del niño contemporáneo.

Desde lo alegórico o lo realista, desde el absurdo o desde asimilación de fuentes heredadas de nuestros clásicos, hay algo que es la autenticidad creativa, que es el conocimiento de la psicología del niño, de su evolución en el mundo en que vive. A veces los adultos no comprenden a los niños; porque no son capaces de ver —como en El Principito la boa en el sombrero. Hay esencias que son inviolables. En el teatro de títeres yo le debo mucho a Zenén Calero, por su visualidad; me lleva a pensarlo como si fuera escrito para que él diseñe lo que he imaginado. Salvo La Cabeza Intranquila, no he estrenado mi teatro para títeres. He dicho otras veces, que escribir para títeres es para mi el mayor acto de libertad que la creación me permite. Es una fusión de las artes visuales con el verbo, como origen y síntesis de todas las cosas. Lo que escribo en el teatro de títeres lo he pintado antes en mi cabeza. Dejo que el pincel o mis manos o mis neuronas vibren. A veces creo se me escapan y van a parar a imposibles. El teatro para adultos es otra cosa y a la vez es mezcla de todo lo anterior. Es un teatro que en cuanto a intereses estéticos va evolucionando  cronológicamente en mi cabeza. Ahora mismo me atañen otras cosas; búsquedas en zonas del individuo como ser biológico, inmerso en lo social;  pero hay algo que es muy propio de mi teatro, incluso el de niños y títeres: la indagación en los fenómenos ante los que nuestra realidad o el pasado nos enfrentan. Esa indagación se dirige a problemáticas esenciales en el ser humano, en la sociedad en la que vivimos, en conflictos que me interesan o que más bien me provocan. Un poco de todo eso es el teatro que escribo. Creo que la dramaturgia para niños y títeres debe ser más atrevida, más imaginativa, sensorial, provocativa, más dinámica en el sentido de las mutaciones. Salvo excepciones, no hay un repertorio renovado e inquieto estéticamente en nuestros grupos. Salvo excepciones, repito, estamos necesitando un teatro para niños y títeres del siglo XXI. En el teatro de adultos el panorama es más amplio y diverso, creo que porque no todos ven al teatro de títeres con la irreverencia con que deberían verlo. Para algunos sigue siendo un arte menor, mirado con recelo, incluso con desprecio. Parecen desconocer el aporte del teatro de figuras a las vanguardias. El teatro de títeres en Cuba ha demostrado, mediante ciertos grupos y en ciertas etapas, ser más transgresor que el otro. La dramaturgia cubana —la de ahora mismo— es reflejo de una época, no por abordar determinadas realidades; sino por sus poéticas individuales, influencias, rupturas, renovación de la tradición y apego a ellas. Hay un corpus dramático con diferentes tendencias y estilos, donde conviven todas las generaciones. Tal parece que se enfrentan, que colisionan, que prueban fuerza; que unas intentan aplastar a las otras, de una manera sutil, pero visible. Es válido para afirmar un teatro nacional; siempre que no produzcan —desde el poder en el arte— una sutil parametración de nuevo tipo.

VII 

Crear en soledad me hace libre

Como dramaturgo no perteneces a ningún grupo, a ningún conjunto identificativo por su concepto dramatúrgico. Creo a veces que vas de forma solitaria creando tus mundos imaginarios. ¿Por qué?

Me gusta la soledad, no me atraen los grupos. Creo que mi génesis y desarrollo como autor dramático en este mundo complejo y difícil, fue en solitario. Tengo muy buenos amigos, la mayoría estudiaron en el ISA; pero yo no estudié allí. Me hubiera encantado compartir el aula con muchos de los que hoy son parte inseparable de mi vida artística. ¿Te imaginas a Omar Valiño y yo en la misma aula? ¿Imaginas que te hubiera conocido antes? ¡Quisiera haber sido alumno de Raquel Carrió, de la Pogolotti! Estudié una carrera pedagógica, de la que me enorgullezco. La pedagogía —más allá de la literatura, la gramática, la lingüística, el latín, la historia del arte…— te enseña herramientas para comprender al ser humano. ¿Sabías que en mis investigaciones para el libro que estoy preparando, he descubierto que es tabú decir —en ciertos círculos— que se estudió una carrera pedagógica? No pertenezco a ningún grupo, a ninguna escuela. He aprendido de todos, soy amigos, de los que dejan que lo sea. Esto hace más largo el camino. Mucho más si eres de Matanzas y permaneces en ella. Mucho más, si vas siendo alumno de muchos maestros, voluntarios e involuntarios, que vas conociendo en tu largo camino hacia un infinito, que es el de la creación.

Un viaje como el de Ulises en Divina Titiritada, es un viaje en el tiempo ante muchos obstáculos. Eso me da la oportunidad de querer a muchos de mis colegas de varias generaciones y promociones, incluidas la mía. Llevarme bien con ellos; compartir éxitos y fracasos. No envidiar nada, o solo un poquito. Le debo a muchos un gesto de apoyo sincero, de amistad.  Con algunos tengo muy buena relación, iniciada en diferentes momentos de mi existencia. Con varios he compartido momentos esenciales de mi vida creativa y humana. Crear en soledad me hace libre.

VIII

Cada director lee tu obra desde su perspectiva personal

La realización de cualquier autor teatral es la subida a las tablas de sus obras. ¿Con cuales montajes de tus piezas estrenadas, tanto para niños como para adultos, te has sentido más identificado y por qué?

Esa pregunta es un riesgo. Cada director lee tu obra desde su perspectiva personal. Casi todas mis obras para adultos se han llevado a escena. La mayoría —por algo que concierne al teatro nuestro de cada día, a la política de repertorio de los grupos— no pertenecen por mucho tiempo en cartelera. O pasan a ser repertorio histórico de esos grupos. Eso es un trauma para un dramaturgo. Por eso estoy dirigiendo, provocándome, y a la vez dándome psicoterapia. Lo que sí puedo responder para ser justo, es que mi obra estrenada que más tiempo ha permanecido en cartelera, con un mismo elenco —salvo algunos cambios—, con un éxito de publico en varias temporadas, a sala llena, con público afuera, aun en horarios inusuales, en esta última ocasión se puso por más de tres meses. La que me ha propiciado  premios como autor dramático —a partir de su puesta en escena— y ha viajado a varias provincias, con éxito y comentarios halagadores. La que ha tenido muchos trabajos críticos —más de veinte—, trabajos interesantes de casi toda la crítica cubana de varias generaciones, y algunas extranjeras, todas con estudios profundos y rigurosos. La que ha conmovido a los espectadores de todas las edades. Esa obra se llama Huevos, puesta en escena de Mefisto Teatro, dirigida por Tony Díaz.

IX

Vivo en un torbellino, e inmerso en él escribo

¿Cómo se llevan tus facetas de investigador, narrador, guionista radial y de televisión, director artístico y promotor cultural con el tiempo para escribir teatro?

No sé. Y no son solo esas facetas fusionadas y contrastantes, sino lo otro que hay que hacer en la Casa de la Memoria Escénica, y que no tienen nada que ver con ellas. Investigar es más difícil. Necesito más concentración y avanzo poco. Ahora mismo te diría que me estoy preguntando cómo puedo con todo. Creo que mi cerebro se ha adaptado a esos estallidos y por eso sobrevive. Vivo en un torbellino, e inmerso en él escribo. Así es, solo hay que experimentarlo. A veces deseo paz y descansar. Ser alguien normal, que se levanta y pueda mirar al cielo y contar la nubes, solo eso. Pero… ¿entonces sería yo?

X

Nunca estoy seguro de nada

Con la obra Divina titiritada obtienes el prestigioso premio de teatro para niños La Edad de Oro. ¿Cómo recibes a los 44 años ese reconocimiento y que distingue a esa pieza de tus otras obras para niños?

Me alegra, mucho. Como dices, es un premio muy prestigioso, como lo es también la editorial Gente Nueva. Quería ganarlo; pero no me lo imaginaba. Nunca estoy seguro de nada. Pero sí tengo fe en muchas cosas. Estoy contento por muchas razones. Es un reencuentro conmigo mismo, el autor de teatro para títeres. Y a la vez con mis maestros. Está dedicado y rinde homenaje a varios titiriteros cubanos, a los que me unen, por una u otra razón, un vínculo afectivo. También a los maestros de todos nosotros: los clásicos. Divina Titiritada es un viaje como el de Ulises en La Odisea, para buscar a su madre, su raíz, el mundo de ultratumba, pero aquí es a la tierra de los titiriteros. Una búsqueda en la génesis, la historia y la tradición. Juega con la estructura de La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Cita, juega, parodia, intertextualiza con obras de la literatura universal como El Maestro y Margarita, Romeo y Julieta, Ubú Rey, Monsieur Guiñol, La Odisea, El Retablillo de Don Cristóbal, etc.; todo fusionado con el universo del video juego. Es la fusión de lo clásico con lo contemporáneo, de lo metateatral, con el mundo descarnado al que se puede enfrentar el niño en cualquier sociedad: la incomprensión de muchos hacia el mundo infantil, hacia la estética del teatro de títeres. Se diferencia, creo que bastante, de lo que he hecho en el teatro de títeres. Es más irreverente, trasgresora, es una  fusión de la teoría y de la práctica. Este viaje dramatúrgico tiene en Divina Titiritada, el ensayo de las que son mis reflexiones sobre el tema.

XI

Una cabeza intranquila

¿En términos dramatúrgicos, en que anda Ulises Rodríguez Febles metido ahora?

Trabajando en una trilogía de teatro para adultos. Revisando todo lo que he escrito, lo de títeres y niños, y lo de adultos; incluido El carnaval de los animales, que escribí a petición tuya y quiero publicar, diseñado por Zenén Calero, en Ediciones Vigía. Quiero tener ese libro listo para el Consejo Mundial de la UNIMA, en Matanzas, en 2014. Es un texto un poco alucinado, creo que bastante; pero quería desafiarte y lo sabes bien. Quiero publicar una antología de mi teatro para títeres para esa misma fecha, con dos obras inéditas. Hice la primera escritura de un monólogo para un actor cubano que admiro mucho, y ojalá cuando lo lea le guste. Dar un texto a leer me asusta, escribir por encargo me aterra. Sueño con otras ideas, dejó planteados bocetos de situaciones, de personajes. Siempre hay alguien dentro de mi interior, alguien que no me deja en paz, es una cabeza intranquila que no deja de soñar con otros proyectos.

XII

Todo

Para ti, ¿escribir teatro es una felicidad, una angustia, un escape o una necesidad?

Escribir teatro para mí es todo eso que me preguntas. Escribir teatro para mí lo es todo.

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