El Festival celebra el centenario de Antonioni

Luciano Castillo • La Habana, Cuba

En la historia del cine, 2007 se registrará como el año que, poco después de la desaparición de Osmane Sembene el 9 de junio, el 30 de julio, perdimos a dos de sus grandes maestros: Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. Distantes geográficamente, los unió no solo la muerte o alzarse con sendos Leones de Oro por sus brillantes carreras otorgados en el Festival de Venecia, sino el representar dos de los grandes retratistas de las mujeres en la pantalla. Para ese poeta de la incomunicación que fuera el cineasta italiano, capaz de despreciar la noción de argumento, la pantalla era su medio para formular preguntas que nunca hallaron respuestas satisfactorias. Desde los tiempos que escandalizara con La aventura, deslumbrara con Blow-up o decepcionara Zabriskie Point ha llovido demasiado en el desierto rojo de los frágiles sentimientos. La Italia que poblaron los personajes de La noche y El eclipse, no es la misma.

Para conmemorar el siglo transcurrido del nacimiento en Ferrara, el 29 de septiembre de 1912 de Michelangelo Antonioni, el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano ha programado el homenaje “Cien años de un maestro del cine”, que abarca la exhibición de cuatro filmes de ficción y un documental. Tras cursar estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, Antonioni rodó a partir de Gente del Po (1943), un conjunto de estimables documentales en los cuales se advierte la impronta neorrealista hasta que filma su primer largometraje de ficción Crónica de un amor (Cronaca di un amore, 1950) que no por gusto inaugura este ciclo. Una jovencísima Lucía Bosé personifica a la protagonista, una bella joven de Ferrara, esposa de un acaudalado hombre de negocios que contrata a un detective para que investigue su pasado. Ella lo engaña con un antiguo enamorado; ambos planean hacer al marido a un lado. Una encuesta policial revela, poco a poco, el poder destructivo de una pasión condenada por la frivolidad y el desencanto.

Imagen: La Jiribilla
Crónica de un amor

Antonioni apeló al consabido triángulo amoroso del cine negro norteamericano para su ópera prima, esta radiografía de un adulterio con aires de film noir, devenida una obra maestra. En el primer esbozo de un personaje femenino se nota el trazo seguro del realizador para ahondar en la sicología en una cinta de referencia tanto por innovaciones estilísticas en el uso constante de tomas largas y el manejo del espacio fuera de cuadro, como por su elegante atmósfera. Secunda a la Bosé el excelente actor Máximo Girotti, quien mientras Antonioni emplazaba su cámara junto con los habitantes de las laderas del río Po, en la otra orilla interpretaba Obsesión para Luchino Visconti, título precursor del neorrealismo.

Imagen: La Jiribilla
La dama sin camelias

Tras el éxito inicial de Crónica de un amor, Antonioni prosiguió su examen desencantado de la realidad italiana en La dama sin camelias (La signora senza camelie, 1953). Desde su propio título advierte la pretensión de despojar de toda aureola de romanticismo a lo Margarita Gautier la historia de otra mujer, una joven empleada (Lucía Bosé) a quien un productor cinematográfico decide lanzar como actriz. Obtiene un triunfo fulminante que suscita sueños en la muchacha con llegar a convertirse en una auténtica estrella. No obstante, conflictos amorosos, varios desengaños y, sobre todo, el fracaso de una superproducción en la que interpreta a Juana de Arco terminan obligándola a encarnar pequeños papeles en mediocres películas comerciales. Este tercer largometraje del cineasta, rodado el mismo año de Los vencidos (I Vinti), es una visión amarga y fuertemente crítica del mundo del cine, de su falso glamour y de sus efímeros ídolos, que preludia ya sus obras mayores. Asume un tono duro e inmisericorde para tratar la historia de una ambición y un fracaso, con una mirada aguda hacia todo lo sórdido que encubre en ocasiones después de la orden de “¡Corten!”. Por esta agridulce crónica amorosa, el Festival de Punta del Este le otorgó el Gran Premio a la mejor dirección y en los galardones Nastro d’Argento fue distinguida con uno especial por “los valores artísticos y humanos” y la mejor música original.

En ocasión de su estreno parisino el crítico Noel Burch escribió en la revista Cinema acerca de Las amigas (Le amiche, 1955): “Uno de los filmes más perfectos y exhaustivamente construidos de la historia del cine”. Lo cierto es que este primer acercamiento de Antonioni a la literatura, en este caso la novela Entre mujeres solas, de Cesare Pavese no era una mera adaptación del texto, que emprendió junto con la guionista Suso Cecchi d’Amico y la escritora de origen cubano Alba de Céspedes. Observa las vidas vacías de un grupo de muchachas que trabajan como modelos de una tienda femenina de modas en Turín a mediados de los años 50. Una de ellas viaja desde Roma para instalar un negocio y se involucra rápidamente pero también insensiblemente con gente que son los exponentes de la burguesía provinciana y de modo paralelo también con un hombre de otra condición. Configuran esta galería de retratos de mujeres, un conjunto de relevantes intérpretes femeninas: Eleonora Rossi-Drago, Valentina Cortese e Yvonne Furneaux en torno a Gabriele Ferzetti y Franco Fabrizi. Por Las amigas, Antonioni recibió el León de Plata en la Mostra de Venecia1, así como el premio Nastro d’Argento al mejor director, distinción que obtuvo en la categoría de mejor actriz no protagonista Valentina Cortese.

Imagen: La Jiribilla
La aventura

La aventura (L’avventura, 1960), obra admirable, consagrada al amor de una pareja representó una ruptura con el lenguaje fílmico tradicional y la anécdota en torno a la desaparición nunca explicada de una amiga de la protagonista en una isla del Mediterráneo es solo un pretexto para acercar a esta al esposo que se une a la búsqueda, mientras se convierte en amante de Anna. Un abucheo mezclado con aplausos acogió su proyección en el Festival de Cannes, donde se alzara luego con el Premio Especial del Jurado y el reconocimiento de la FIPRESCI. Significó el inicio del cine moderno europeo, un punto de inflexión en la obra antonioniana y el comienzo de su etapa más madura, al inclinarse por la vivisección de la burguesía en la famosa tetralogía de la incomunicación según unos, y de los sentimientos, según otros que intentaron denominarla. La integran además: La noche (La notte, 1961), El eclipse (L’eclisse, 1962) y Desierto rojo (Deserto rosso, 1964), su primera exploración del color con uso muy expresivo en función del argumento. 

Desde entonces, La aventura ha sido seleccionada en las encuestas de la revista Sight and Sound de 1962 (segundo lugar), 1972 (quinto lugar) y 1982 (séptimo lugar) entre las mejores películas de todos los tiempos, para ser excluida luego en la decena de 1992 y en la del año 2002 para reaparecer en el sitio número 21 en la más reciente, difundida en septiembre pasado2. Michelangelo Antonioni fue escogido entre los mejores 25 directores en la historia del séptimo arte, entre los que fue situado en el décimo séptimo puesto. La aventura, clásico indiscutible, uno de los mejores de la década de los años 60, figura en el sexto escaño en la encuesta internacional 100 Filmes para salvar (1976) y ocupa el puesto 48 en la encuesta 100 Top Films de John Kobal.

La crónica del regreso del cineasta, al cabo de 20 años, a la isla de Sicilia, donde filmara varias secuencias de La aventura, cierra este tributo a uno de los más genuinos maestros para quien rodar un filme era vivir. Nos referimos al estreno en Cuba del cortometraje documental Regreso a Lisca Bianca (Ritorno a Lisca Bianca, 1983), con fotografía de Carlo Di Palma (1925-2004), colaborador de Antonioni en Desierto rojo y Blow Up. Se trata de una producción de Rai Tre para un programa televisivo a cargo de los cinéfilos Enrico Ghezzi y