Espacios Ibsen

El padre del teatro moderno en las tablas cubanas

Rachel Domínguez • La Habana, Cuba
Martes, 27 de Noviembre y 2012 (3:37 pm)

El proyecto teatral Espacios Ibsen, producido por la Embajada de Noruega en Cuba y otras instituciones de la Isla, no solo se ha dedicado a promover las versiones contemporáneas de las obras del prolífero escritor y dramaturgo en su jornada habanera, que concluyó el pasado 25 de noviembre, sino que, en esta edición, articuló eventos en los que se alentó la reflexión sobre el teatro como reflejo de la vida humana, y su impacto social.

Luego de que la obra de Virgilio Piñera, uno de los grandes apasionados del teatro cubano, pudiera ser apreciada en el Festival Internacional de Teatro de Bergen, distinguido entre los más antiguos del mundo, un programa de intercambio cultural entre La Habana y Oslo propicia ahora el regreso y posicionamiento en la escena cubana del tercer dramaturgo más representado en la historia teatral, Henrik Ibsen, tal y como explicó el embajador de Noruega en Cuba, Sr. Jon Petter Opdahl, en conferencia de prensa.

El padre del drama realista moderno, antecedente del teatro simbólico, escribía para todos los tiempos. Hoy, cuando su obra acumula unas cuantas décadas, los temas que en ella se cuestionan, referidos a los derechos femeninos, al lugar del hombre y la mujer en la sociedad y a la política, persisten, desde distintos escenarios vivenciales, en un maltrecho intento de visibilidad y comprensión. De ahí la complejización en el análisis que propone el evento.

Las palabras y las acciones de los personajes de Ibsen son quizá el resguardo de la vigencia de sus temas. El tratamiento que da a la mujer es prueba de ello, aspecto que fue también debatido durantes las sesiones teóricas. La identidad de género no queda determinada biológicamente, ni por acciones discursivas, sino que se trasmite por acciones performativas, por la herencia y asunción de una corporeidad específica de lo femenino y lo masculino. Es así como Ibsen explicita la feminidad de sus personajes, con sus movimientos, con la fortaleza que otorga a lo que ellas hacen por encima de lo que dicen hacer. Esa es, también, la manera en que Lisis Díaz, directora del grupo Polizonte, de la provincia de Pinar del Río, incorpora en su versión de El pato salvaje sus propios conflictos como mujer creadora y ama de casa, que no reside en la capital y que trabaja con actores en formación.

Como parte de las actividades programadas, y a partir de la concepción de Zona Ibsen como espacio de presentación artística, se exhibió Trans_late, una muestra de acercamientos experimentales a la obra del noruego desde perspectivas integradoras de las distintas manifestaciones, tales como realización visual, performance y ejercicios teatrales.

La muestra, conformada a partir de un taller de lectura realizado previamente en el Instituto Superior de Arte (ISA), se sustenta en la seducción de los 20 artistas participantes hacia la transferencia que se produce entre el lenguaje literario y teatral, por un lado, y el lenguaje plástico y visual, por otro. En tanto la traducción y apropiación de textos —en su más puro sentido semiótico— para producir otros es una práctica frecuente en el arte contemporáneo (re-significación, re-interpretación, re-lectura…, posmodernidad), esta “zona” habla de la sagacidad creativa de Henrik Ibsen; pero también de sí misma como ejercicio demostrativo de las infinitas posibilidades de lectura de un círculo semántico, cuyos bordes están dados por la obra del noruego.

Ya concluido, puede calcularse el saldo práctico (no ya la esperanza de fortalecer la misión del arte dramático en Cuba), que deja en La Habana Espacios Ibsen. Se realizaron cuatro estrenos: La dama del mar, a cargo del grupo Polizonte, de la provincia de Pinar del Río; y El pato salvaje, presentada por Teatro de la Luna, constituyen espectáculos especialmente montados para este evento. Por su parte, Morning mood y El mar, de las compañías Apropos Teater-Bergen Byspill e Ingun Bjørnsgard Prosjekt, respectivamente, forman parte de una gira internacional de los grupos, que hicieron escala en el país para participar en este proyecto.

Para Norge Espinosa, uno de los organizadores del proyecto, estos encuentros son una oportunidad de reflexionar sobre la obra de Ibsen, quien no es solo el autor de Casa de muñecas, El pato salvaje o Espectros; “es también una manera de hacer dramaturgia, una convocatoria a que el hombre se piense a sí mismo constantemente”.

Fernández e Ibsen: Danilo y Dorotea

Muchos han sido los dramaturgos cubanos que se han acercado a la obra del noruego: Está Modesto Centeno, quien en 1944 dirigió El despertar de nuestra muerte y, en 1952, Hedda Gabler; también Reynaldo de Zúñiga, montó Casa de muñecas, con Gina Cabrera como protagonista, en 1947; luego Andrés Castro, en 1954, dirigió Espectros… Y no falta en esta rememoración Abelardo Estorino —cuyo Teatro Completo será presentado el próximo 6 de diciembre por Ediciones Alarcos en el Complejo Cultural Raquel Revuelta— quien dirigió Casa de muñecas en 1978 para Teatro Estudio, con la actuación de Isabel Moreno.

El hecho de que un maestro como René Fernández, director de la agrupación teatral matancera Papalote, haya asumido los códigos machistas presentes en Casa de muñecas para responsabilizarse por la representación de Danilo y Dorotea (pieza que se repondrá en enero de 2013), no debe producir extrañamiento. Se trata, sorprendente por lo poco común, de un drama para niños “acerca del amor, el desamor, el respeto y la libertad en la pareja; es una parábola y, si se desea, hasta una metáfora del matrimonio”, explicó el director.

René no quiso ocultar nada de la “película” que se vive día a día en muchos hogares, en la cual los niños ocupan generalmente los papeles más desventajosos, porque esta obra es también una manera de desafiar a Ibsen desde el teatro de figuras. Asegura que los textos dramáticos se transforman según los signos culturales de quienes los leen y, por tanto, este acercamiento a los problemas de la mujer cubana, desde una obra para niños, es una vía más para enfrentarlos dentro de una sociedad que se rige por leyes absolutamente machistas.

El teatro moderno ha abordado con valentía la cuestión del maltrato, la soledad, el aislamiento, el machismo, el egoísmo… Y esa es también una responsabilidad del teatro de títeres. Por otro lado, Ibsen, que fue un maestro del drama, nos muestra con su fluir de la vida a la escena, y viceversa, que estos temas son, al decir de René, “la piel de cualquiera de los géneros de la dramaturgia clásica y contemporánea”. Por fortuna —dijo aliviado— los niños disfrutaron y comprendieron la obra.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato