El Premio Nobel del Genocidio 2013

Miércoles, 28 de Noviembre y 2012 (2:09 pm)

En noviembre del 2012 el gobierno de Israel, encabezado por una coalición de extrema derecha presidida por el primer ministro Benjamín Netanyahu, ante las dificultades encontradas para llevar a cabo un ataque directo sumamente riesgoso contra las instalaciones nucleares de Irán, tal como también pretendió en el 2010, y del intento, hasta ahora infructuoso, de potencias aliadas occidentales y de varios países árabes de derrocar al gobierno sirio encabezado por Bashar Al Assad, tomó la decisión de atacar de nuevo el eslabón más débil de la cadena de la resistencia a su política de expansión y dominación en el Medio Oriente lanzando nuevamente una brutal ofensiva militar contra la población de la Franja de Gaza, aunque continuando sus amenazas obsesivas contra Irán, al parecer dispuesto a desatar un conflicto nuclear en la región de incalculables consecuencias negativas.

El gobierno de Netanyahu, al parecer ha encontrado una gran resistencia de la administración de Barack Obama a secundar un ataque militar contra Irán a finales de 2012, entre otras razones por afrontar numerosas dificultades internas y grandes desafíos, retos y amenazas externas a su Estrategia de Dominación Mundial (EDM), entre otras regiones del mundo en el Medio Oriente, el Norte de África, el Asia Central, el Corredor del Asia Sur Occidental (Afganistán, Paquistán y la India), América del Sur, Rusia y China las que se extienden al Sudeste Asiático, prefiriendo, al menos por ahora, la adopción progresiva de sanciones económicas, financieras, comerciales y diplomáticas cada vez más fuertes contra el país persa, al tiempo que internacionalmente se cuestiona o desmiente públicamente la capacidad actual del país persa de desarrollar en poco tiempo el arma nuclear, tal como argumentan interesadamente las autoridades israelíes. Por su parte, el Gobierno de Irán ha desplegado una amplia ofensiva diplomática a nivel regional e internacional sobre el carácter pacífico de su programa de desarrollo de la energía nuclear y a nivel bilateral y regional con países de la región como Turquía, Egipto y Arabia Saudita tratando de encontrar una solución pacífica y democrática al conflicto en Siria sin la intervención de potencias extranjeras.

En cuanto a Siria, el 1 de noviembre de 2012, a cinco días de las elecciones presidenciales en EE.UU., la secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaraba en Zagreb, Croacia, “que los esfuerzos del Gobierno de EE.UU. y de sus socios en la Unión Europea y en la Liga Árabe están dirigidos al reforzamiento y recrudecimiento de las sanciones contra Siria y prestar asistencia a la oposición siria en la unión en torno a una estrategia común eficiente que pueda oponer resistencia al Gobierno sirio” siguiendo el mismo patrón intervencionista y genocida utilizado contra Libia incluyendo el asesinato de su líder, el coronel al-Gaddafi, previamente solicitado y luego eufóricamente celebrado por parte de la secretaria de Estado de EE.UU. (vinimos, vimos y murió). Para que no quedaran dudas sobre la continuación inalterable de las políticas beligerantes y genocidas por parte de la administración de Barack Obama, el 12 de noviembre de 2012 la oposición en el extranjero al gobierno del presidente de Siria, Bashar Al Assad, anunciaba en Doha, Catar, la conformación de la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y de la Revolución Siria, la que incluyó al Consejo Nacional Sirio, nombrando al jeque de 52 años Ahmad Maaz al Jatib como su líder, tratando de aparentar la articulación, unificación y cohesión de los distintos grupos terroristas actuantes en Siria, buscando a su vez un mínimo de legitimidad internacional para la posterior solicitud abierta de financiamiento y de ayuda militar. Una Coalición que fue reconocida de inmediato por la Liga Árabe y el gobierno del cada vez más agresivo y colonialista presidente de Francia, François Hollande.

EE.UU. rápidamente expresó su apoyo abierto a la Coalición de los opositores sirios radicados en el extranjero por medio de declaraciones imperiales, fascistas y fundamentalistas del portavoz adjunto del Departamento de Estado, Mark Toner, al expresar que el objetivo de la Coalición Nacional es “trabajar por la caída del Gobierno y de todos sus símbolos y pilares”, al tiempo que la situación militar de los grupos rebeldes y terroristas dentro de Siria se hacía militar y políticamente cada vez más difícil hasta llegar a la desesperación con ataques indiscriminados contra la población e instituciones civiles como escuelas, hospitales y medios de prensa y de comunicación en general. Por su parte, el Gobierno de Turquía después de haberse involucrado profundamente en el conflicto sirio junto con potencias occidentales, Israel y varias de las monarquías árabes, solicitaba a la OTAN el suministro e instalación de cohetes Patriot en la frontera sur con Siria como preámbulo a la declaración de una zona de exclusión aérea contra ese país árabe; sin embargo, las acciones genocidas de Israel en la Franja de Gaza obligaban al primer ministro turco, Recep Tayyip Ergodan, a calificar a Israel como Estado terrorista y a criticar a los países occidentales por observar impasibles la muerte de musulmanes civiles en Gaza, la mayoría mujeres y niños, posición que fue fuertemente criticada por una vocera del departamento de Estado de EE.UU.

A partir del 14 de noviembre de 2012, el régimen sionista del primer ministro Benjamín Netanyahu lanzó contra la Franja de Gaza una criminal y genocida agresión denominada “Pilar Defensivo” pronosticada desde meses antes, al parecer decidido a reeditar la operación “Plomo Fundido” lanzada el 27 de diciembre del 2008 antes de la toma de posesión de la primera administración de Barack Obama, iniciando una brutal ofensiva militar por aire, mar y tierra contra la Franja de Gaza en tres planificadas etapas junto con el recrudecimiento del genocida bloqueo a la población de la Franja, ofensiva que duró 22 días supuestamente en respuesta al lanzamiento de pequeños cohetes artesanales por parte de la resistencia palestina a territorio israelí.

La ofensiva israelí de 2008 y 2009 tuvo entre sus objetivos principales directos, al igual que la iniciada en noviembre de 2012, la destrucción física de la estructura organizativa militar y civil de las autoridades de la Franja y de la resistencia palestina en general con el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) a la cabeza, el aumento de las divisiones y la guerra civil entre las autoridades y los partidos y movimientos políticos y de resistencia palestina con el establecimiento o reforzamiento de autoridades títeres y subordinadas a Israel y a EE.UU., y el impedir a toda costa la creación de un Estado palestino independiente junto con la solución pacífica del conflicto israelí-palestino e israelí-árabe en general, es este caso desplegando la dominación por medio de terror, terrorismo de estado, violencia, fuerza militar e impunidad internacional, incluyendo el empleo de armas prohibidas internacionalmente como el fósforo blanco, la eliminación selectiva de periodistas y corresponsales de medios de comunicación palestinos y de cadenas árabes y hasta occidentales, y procurando la mayor destrucción posible de la infraestructura de la superpoblada Franja de Gaza que con la mayor densidad poblacional del mundo constituye el mayor campo de concentración fascista de la historia de la humanidad, un fascismo que hoy día es sinónimo del sionismo israelí.

A las razones de la agresión del 2012 respecto a las de 2008 y 2009 se agregaron otras más actualizadas, como cobrarle a Barack Obama el apoyo por parte de numerosos y poderosos lobbies y otras fuerzas judías en EE.UU. para su reelección como presidente el pasado 6 de noviembre de 2012; aprovecharse del agravamiento de los conflictos desatados por las potencias imperiales de Occidente y la OTAN en países del Medio Oriente con el debilitamiento aun mayor de la ya resquebrajada unidad árabe contra Israel, en especial los conflictos relacionados con Siria, Turquía, Líbano, Irak, Jordania, Catar, Arabia Saudita, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos, además de Irán; la confirmación de la existencia de grandes reservas de petróleo y de gas en zonas marítimas del Mediterráneo oriental incluyendo las costas de Israel, Siria y la Franja de Gaza; la próxima presentación de las autoridades palestinas a la Asamblea General de la ONU de una propuesta para la aprobación de un Estado palestino como miembro no pleno en la ONU, a ser discutida el 29 de noviembre de 2012; así como la creación de un estado de opinión nacional de apoyo nacionalista, chovinista y fundamentalista de las fuerzas más reaccionarias del sionismo israelí a la actual administración de Benjamín Netanyahu con vistas a sus aspiraciones de reelección en las elecciones anticipadas de enero de 2013, con el reclamo de algunas personalidades sionistas a arrasar completamente el territorio de la Franja de Gaza, a incrementar la limpieza étnica desarrollada durante más de 60 años en los territorios palestinos ocupados y a provocar el desplazamiento masivo de lo que quedara de la población de la Franja hacia Egipto y otros países de la región, como parte de la estructuración del Gran Israel desde el río Nilo en Egipto hasta el río Éufrates en Siria.

El posible desplazamiento de cientos de miles de palestinos como refugiados en el Sinaí egipcio y el papel asignado al nuevo gobierno de Egipto para la región por parte del imperio estadounidense en sustitución del gobierno de Hosni Mubarak en cuanto a imponer paz y armonía a favor de los intereses de EE.UU. y de su aliado Israel con la utilización de un régimen cada vez más acusado por la oposición egipcia de tratar de convertirse en un régimen dictatorial similar al de Mubarak y dependiente de la ayuda externa de Occidente incluyendo un crédito de 4 800 millones de USD por parte del FMI, obligó al presidente de Egipto, el islamista Mohamed Mursi, líder de los Hermanos Musulmanes en ese país del norte oriental de África y en el extremo occidental del Medio Oriente, a condenar la nueva agresión israelí, así como a intervenir y tratar de mediar en el conflicto, hasta que su papel como supuesto negociador al igual que el de la Liga Árabe y la ONU, fueron rápidamente desplazados por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que como representante del verdadero dueño del negocio, asumió la dirección de las negociaciones desde Israel, Cisjordania y Egipto para tratar de alcanzar un alto al fuego.

Un alto al fuego o tregua que fuera aceptable para el gobierno de Benjamín Netanyahu cuando considerara que había cumplido un mínimo de los objetivos de la agresión sin levantar el bloqueo genocida y sin limitaciones para realizar acciones similares en el futuro, incluso en un muy corto plazo si así lo considera conveniente o necesario, al tiempo que el Gobierno de EE.UU. salvara, también un mínimo, su hipócrita cara de neutralidad y su fachada democrática y humanitaria, al tiempo que se mantenía la impunidad internacional de las acciones de Israel a pesar de las evidencias fílmicas de la barbarie sionista, que una vez más eran producidas por medios de información no hegemónicos y por la utilización exitosa de las redes sociales por parte de la población de la Franja de Gaza.     
Al igual que ocurrió con la agresión a Gaza en el 2008 y 2009 con la pérdida de la vida de unos 1 400 civiles palestinos y más de 4 000 heridos, la genocida agresión del 2012 se inició con ataques militares aéreos y marítimos en paralelo a la preparación de una invasión terrestre con la movilización de decenas de miles de reservistas israelíes, esta vez con el apoyo expreso del gobierno del presidente reelecto Barack Obama ya en su segundo mandato con la manida argumentación del derecho de Israel a defenderse, pero sin reconocer para nada el derecho del pueblo palestino a su defensa. En ese marco, el consejero adjunto de Seguridad Nacional, Ben Rhodes, expresaba que EE.UU. compartía los mismos objetivos con sus aliados, “queremos lo mismo que los israelíes”, impidiendo durante más de una semana, cualquier resolución de condena a Israel por parte del Consejo de Seguridad de la ONU y en particular para imponer un alto al fuego. Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, esperaba hasta los seis días de agresión y la muerte de más de 100 palestinos contra cinco israelíes, y cerca de mil heridos palestinos, para llamar a las partes a un alto al fuego en la Franja de Gaza, poniendo paridad entre partes totalmente desiguales en cuanto a recursos de todo tipo, y sin condenar expresamente al agresor sionista.

De esta forma las potencias agresoras y cómplices se aprovecharon una vez más del tibio rechazo internacional en general y en particular de los países árabes y de la ONU a la ya acostumbrada y tolerada masacre de palestinos para apoyar al máximo la criminal agresión y masacre sionista, mientras se mentía con gran descaro sobre los motivos de la nueva agresión como el caso de Susan Rice, embajadora de EE.UU. ante la ONU, cuando alegaba que se originó debido a los disparos de cohetes artesanales de la resistencia palestina contra Israel, desconociendo que esos disparos respondieron al asesinato selectivo de importantes dirigentes de Hamas, incluyendo en algunos casos a sus familiares civiles. Sin embargo, los gobiernos de Israel y de EE.UU. no pudieron evitar un nuevo triunfo por parte de la heroica resistencia del pueblo organizado de la palestina ocupada en la Franja de Gaza, sobre todo en el orden político a nivel local, nacional, regional e internacional, al poner en evidencia la posibilidad de resistir política y militarmente al ejército israelí con recursos infinitamente menores pero con el apoyo de la inmensa mayoría de su pueblo, el cual se niega a desplazarse y refugiarse en otros países y a renunciar al arraigo a sus territorios ancestrales.

El 21 de noviembre de 2012, ocho días después de iniciada la ofensiva israelí con más de 1 200 ataques aéreos y de artillería terrestre y marítima que ocasionaron la muerte de al menos 162 palestinos, la mitad de ellos mujeres y niños, y más de 1 200 heridos, además de la muerte de cinco israelíes, de ellos tres militares, se iniciaba una tregua o alto al fuego, anunciada en El Cairo, Egipto, por el ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Mohamed Kamel Amr, junto con la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, la que tuvo que abandonar precipitadamente al presidente Barack Obama en su gira por el continente asiático, previéndose que 24 horas después se negociaran medidas tendentes a la apertura de los pasos fronterizos y se facilitara el movimiento de personas y el transporte de mercancías.
Rápidamente se hizo público y evidente que la aceptación de la tregua acordada por parte del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, obedeció a la petición apremiante del presidente Barack Obama, el cual tuvo que actuar como el verdadero padrino de los dos jefes mafiosos, ante los efectos negativos que el crimen y el genocidio sionista que para sus intereses en la región estaban provocando en el mundo árabe y musulmán en general, decisión del primer ministro israelí que fue recibida con fuertes críticas dentro del país por parte de otros halcones extremistas de su gobierno, los cuales reclamaban que los objetivos de la agresión no se habían logrado, incluyendo el derrocamiento del régimen presidido por Hamas y la total destrucción de la Franja de Gaza en una operación de exterminio cuya ejecución estimaban duraría al menos cuatro meses, lo cual era imposible de aceptar en esos momentos por parte del presidente reelecto Barack Obama cada vez más acorralado por graves problemas internos y externos, a pesar de su apoyo incondicional a todas las operaciones genocidas, cualquiera que estas sean, del régimen sionista del miniimperio regional de su aliado Israel.  

La nueva agresión genocida de Israel a la Franja de Gaza con el apoyo explícito de los gobiernos de EE.UU., Francia y Reino Unido, los tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, junto con otros gobiernos europeos como Alemania con la Canciller Ángela Merkel al frente, y la complicidad de la mayoría de los gobiernos árabes de la región y del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, unido al reforzamiento de sus políticas desestabilizadores, terroristas y genocidas contra el gobierno y el pueblo sirio, como dos de los pocos eslabones que quedan vivos de la Línea del Frente contra Israel, han provocado en ambos países y territorios la muerte y heridas a decenas de miles de ciudadanos palestinos y sirios, la violación masiva de sus derechos humanos más elementales, un gran número de refugiados y grandes desplazamientos humanos internos y externos con situaciones de grandes privaciones de todo tipo a millones de civiles, en especial a mujeres, niños y ancianos, resultantes de situaciones de guerra y de agresiones imperiales infinitas en la región.

Muchos de esos mismos agentes imperialistas y neocolonialistas celebraron con euforia, y en algunos casos con alivio, el acuerdo de la tregua, inevitablemente transitoria y frágil, entre otras razones por constituir una forma más de perpetuar para siempre la ocupación de Israel de los territorios palestinos y del Golán sirio con la continuación de las agresiones contra esos dos pueblos, generando conflictos étnicos, políticos, diplomáticos y militares que amenazan con extenderse a otros países fronterizos como Turquía, Irak, Jordania, Líbano, Egipto y el propio Israel, lo que hace que la verdadera comunidad internacional deba plantearse la necesidad y la conveniencia de trasladar lo antes posible a Israel a territorio continental de EE.UU. como un Estado Libre Asociado, judío y democrático, tal como algunos pregonan que debería ser, así como de establecer a partir de 2013 el Premio Nobel del Genocidio, al cual podrían aspirar con grandes posibilidades de alcanzarlo personajes actuales con destacada trayectoria y proyección genocida internacional como Barack Obama, Benjamín Netanyahu, François Hollande, Hillary Clinton y Ban Ki-moon, entre otros posibles.

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