Omar Puente en el Jazz Plaza

El violín: otro líder que improvisa

Nadia Herrada • La Habana, Cuba

Omar Puente se acercó al mundo de la música desde muy pequeño, en aquel entonces quizá no pudo prever que los juguetes de su infancia en Santiago de Cuba lo acompañarían toda su vida, ahora convertidos en realidad. Aquellos instrumentos musicales de fantasía le abrieron las puertas al fascinante mundo del pentagrama, la melodía, el ritmo y la armonía. El violín llegó a sus diminutas manos para verlas crecer acariciando cada una de las partes de su cuerpo. Desde entonces, ambos entablaron una relación que se fortalece cada día: “Amo este instrumento y la música cubana en general, por eso, me siento con el deber de dar lo mejor de mí para llevar el violín a lo más alto y trasmitir esa información a las nuevas generaciones”.

Con estas dos premisas como estandarte Omar camina por la vida. Así, llegó a la VIII edición del Coloquio Internacional de Jazz, desarrollado en la Casa del Alba Cultural como parte de las actividades del Jazz Plaza. En esta ocasión, el importante evento cultural estuvo dedicado a los cordófonos en este género musical, oportunidad especial para que Puente defendiera sus propósitos.

“Generalmente en el jazz el violín forma parte del conjunto musical, en pocas ocasiones suele ser el protagonista. Por cada violinista existen muchísimos pianistas, saxofonistas, percusionistas, trompetistas. Las causas de este fenómeno podrían ser diversas, pero la esencia radica en que las personas temen que se malogre la improvisación del violín en el jazz. Ciertamente, es un instrumento complejo por muchísimas razones, entre ellas porque se toca solo con cuatro dedos y tiene generalmente cuatro cuerdas, además de que cuenta con una afinación limitada, elementos que podrían minimizarlo ante la gran gama de posibilidades de otros instrumentos musicales. Sin embargo, tiene un alma muy grande y un corazón enorme. Realmente requiere mucho esfuerzo y dedicación, pero creo que si nos empeñamos a fondo podemos alcanzar excelentes resultados con él”.

Así lo demostró Omar Puente durante sus presentaciones en el Festival, cuando se colocó al frente del conjunto musical y enarboló el pequeño instrumento —el más cercano a la voz humana, según él— como líder. En las interpretaciones el público pudo apreciar el virtuosismo de este talentoso músico cubano que también ha cautivado en escenarios de Europa, África y EE.UU. La fórmula para lograr el éxito parte de su carisma personal y radica en esa comunicación exquisita que establece con su violín en la escena y en la energía que desprende en ese trance creativo: “El concierto de jazz es como un performance en el que el músico trasmite sentimientos, él no debe tocar para sí mismo y los demás músicos, sino para el público que lo observa”.

El jazz como género musical elude las partituras en búsqueda de la libertad interpretativa, por ello una de sus características principales es el elevado grado de improvisación. “Las personas piensan que el jazz es ruido y que quienes prefieren este género son incapaces de ejecutar música clásica, pero es un error grave. Improvisar es un acto creativo muy complejo, que puede surgir de una o dos notas musicales, de un ruido, un pensamiento, el silencio, solo debemos emplear nuestra imaginación. Para ello es necesario tener conocimientos profundos, tanto teóricos como prácticos, solo así podemos crear sonidos atractivos y ejecutarlos con maestría. Si una persona es fiel al instrumento, lo conoce bien, respeta la música y lo que está haciendo y es sincero consigo mismo y con lo que hace, seguramente realizará una buena improvisación”. Otro de los consejos de Omar Puente para improvisar es que el músico se mantenga constantemente realizando acciones para enriquecer su caudal de conocimientos: estudiar, practicar con el instrumento, buscar variantes, pues tanto el violín como el jazz evolucionan al ritmo de la sociedad.

Además de enaltecer el violín en el jazz y colocarlo en roles protagónicos, Omar Puente siente la necesidad de que se enseñe en las escuelas de arte y se conozca más allá de las fronteras de los centros de estudio cómo se toca este instrumento en la música cubana. Por eso, escribió junto con el pianista Alex Wilson, el libro Playing violin the Cuban way publicado en el año 2010 por Jazz Wise.

Cuando Puente se graduó en la Escuela Nacional de Arte y posteriormente en el Instituto Superior de Arte conocía partituras de excelentes compositores internacionales y podía tocar la música clásica de virtuosos violinistas como Niccoló Paganini. A pesar de ello, lamenta que en los centros de estudio no pudo aprender de manera exhaustiva cómo improvisar y cómo se tocaba el instrumento en su país. “El violín vino de Europa para complacer a la burguesía cubana, pero luego lo adaptamos a nuestros ritmos, sin embargo en las escuelas esto lo muestran poco, ya que se hace mayor énfasis en la música clásica. Yo quería conocer a fondo cómo se empleaba el violín en nuestra música, por eso al graduarme decidí, aunque muchos me criticaron, tocar danzón con la orquesta de Rubalcaba y formar parte de la orquesta de Enrique Jorrín, un espacio en el que pude tocar con grandes músicos a pesar de que su figura principal, desafortunadamente, había muerto. Estas experiencias enriquecieron muchísimo mi formación académica”.

Para Omar Puente el árbol sin raíz no tiene futuro, por esta razón escribió Playing violin the Cuban way, según sus investigaciones, el primer libro metodológico escrito para el violín en la música cubana por un violinista nacido con la Revolución. “Debemos agradecer a todos los que tomaron este instrumento y lo hicieron nuestro, que transformaron sus clásicas melodías para crear la música cubana que hoy conocemos”.

El volumen propone una metodología que permite a los interesados, ya sean jóvenes o adultos, aprender a tocar la música cubana en el violín, además de que muestra la base rítmica de otros instrumentos que participan en la composición como el bajo, el piano y la percusión. En casi 90 páginas se exponen temas originales de la autoría de Puente —excepto uno de Alex Wilson— que abarcan cuatro géneros autóctonos: chachachá, danzón, guajira y guaracha son. El texto, escrito en idioma inglés, está acompañado de fotografías y un CD didáctico que posibilita practicar los conocimientos adquiridos.

Omar Puente ha sido profesor de violín jazz en el Colegio de Música de Leeds y de música cubana en el Trinity College de Londres, pero sueña con impartir clases en Cuba pues siente el deber de trasmitir su experiencia a las nuevas generaciones de músicos cubanos: “esta sería mi mayor satisfacción”. Otro de sus sueños, por supuesto, es publicar en Cuba Playing violin the Cuban way.

Comentarios

Es un gran musico cubano y a pesar de haber vivido tanto tiempo fuera de Cuba, nunca ha perdido sus raices. Se siente cada dia mas cubano.

Omar Maestro entre los Maestros. Saludos Luison.

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