Elecciones en EE.UU.:
las redes coincidieron

Si el número de seguidores en Twitter y de amigos en Facebook determinara al ganador de las elecciones en EE.UU., el cantante Justin Bieber sería presidente, aseguró el director de la campaña de Mitt Romney. Estas declaraciones irónicas sobre las métricas en las redes sociales intentaron minimizar un hecho indiscutible: Barack Obama, al igual que sucedió en 2008, tuvo una amplia ventaja sobre el candidato republicano en la cantidad de contenido publicado y el número de seguidores. Nuevamente el veredicto del mundo online fue igual al de las urnas. ¿Coincidencia?

Imagen: La Jiribilla

Históricamente los políticos estadounidenses y sus equipos de trabajo han tratado de aprovechar las más diversas plataformas comunicativas para llevar su mensaje a las audiencias. En los años 30 del siglo pasado, Franklin D. Roosevelt utilizó la radio como un medio de acercamiento a los norteamericanos, en tiempos de crisis económica y conflictos bélicos. Luego, en los 60, John F. Kennedy hizo lo mismo con la televisión. Las imágenes del primer debate presidencial transmitido en vivo, contra Richard Nixon, así como las intervenciones de JFK durante la Crisis de Octubre quedaron como testimonios del fortalecimiento de la relación entre la política y los medios de comunicación.

Décadas más tarde, esa relación es cada vez más estrecha. Los medios tradicionales (prensa impresa, radio y televisión) continúan desempeñando un rol esencial en la difusión de las agendas políticas, no solo durante las campañas electorales; aunque en la segunda década del siglo XXI el interés —y el presupuesto— de los partidos se ha concentrado también en el mundo online.

En 2008 la campaña que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca marcó un cambio en la manera de entender los vínculos de políticos con las nuevas tecnologías. El equipo de comunicación del primer presidente afronorteamericano utilizó de una manera muy creativa los social media para conectar con las bases electorales; además, captó la atención de los votantes más jóvenes y todo esto influyó en el amplio triunfo sobre John McCain.

Cuatro años después del “exitoso experimento”, Obama siguió el mismo camino para derrotar a Mitt Romney. Entre las estrategias más novedosas de los demócratas estuvo su red social Dashboard (dashboard.barackobama.com). Las personas podían unirse a ella mediante sus perfiles de Facebook y compartir información. Dashboard fue importante para los voluntarios de la campaña, porque conocieron dónde estaban los votantes  indecisos y pudieron realizar una labor más personalizada, sobre todo en los estados donde no había un vencedor definido. 

De acuerdo con Mark Sullivan, un voluntario demócrata, “el uso principal de la plataforma Dashboard es conseguir conectar al electorado, voluntarios y empleados de la campaña entre sí”, afirmó en una entrevista concedida al diario español El País

Si nos guiáramos por las métricas en las redes sociales, entonces la victoria del actual mandatario estaba garantizada antes del 6 de noviembre. Obama superó los 31 millones de seguidores en Facebook, por 10 el republicano. En Twitter la diferencia era todavía mayor: 21 millones del presidente, por 1.5 millones del ex gobernador. En YouTube, el canal de Obama contaba con más de 250 mil suscriptores, por apenas 25 mil el de Romney.

Los demócratas también invirtieron más en publicidad online. En el proceso de 2008 pagaron 16 millones de dólares por colocar anuncios digitales. Esa cifra fue ampliamente sobrepasada en 2012 y, según un análisis de la empresa especializada Comscore, el equipo de Obama publicó más de 800 millones de mensajes en Internet para construir la marca "Obama".

La gran diferencia en el número de seguidores en redes sociales y en los pagos por publicidad no preocupó a los republicanos. "No creo que publicar más signifique ser mejor", aclaró Zac Moffatt, director de la campaña de Romney para medios digitales, citado por El País.

En este punto los republicanos tuvieron razón. Un “Me gusta” en Facebook o un seguidor más en Twitter no significó un voto. El énfasis desmedido de los demócratas por presentar su superioridad numérica en las redes pareció una estrategia propagandística; mientras que el hecho de restar importancia a la menor interacción, por parte de los republicanos, también lució como un plan que buscó minimizar el daño.  

Determinar los resultados de Obama y Romney en las urnas, a partir de la relación de sus equipos con las redes sociales, era muy difícil; pero más allá de los números, la campaña presidencial estadounidense de 2012 demostró, una vez más, que los políticos, en la era de Internet, no deben prescindir de estos espacios de socialización.

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