En este momento

Eduardo del Llano • La Habana, Cuba

Ya he contado otras veces cómo los NOS-Y-OTROS conocimos a Carlos Varela, Santiago Feliú, Frank Delgado y Gerardo Alfonso y trabajamos fugazmente con ellos en el teatro Guiñol durante la primavera de 1985. Todos éramos jóvenes y teníamos una obra breve y feroz con la que íbamos a comernos el mundo.

Imagen: La Jiribilla

Varela fue durante mucho tiempo vecino mío —bueno, vivíamos en el Nuevo Vedado, a unas cuatro cuadras de distancia, pero eso no es gran cosa, ¿no?— y nos encontrábamos con frecuencia en peñas y en la calle. Una tarde, fue a mi casa con su novia de entonces, una chinita hermosa, y me cantó el tema que acababa de componer, que empezaba: El planeta va a estallar en cualquier momento…  y terminaba algunas estrofas más adelante repitiendo el ominoso vaticinio: en cualquier momento, en cualquier momento, en cualquier momento. Le sugerí que cambiara a en este momento después de un par de repeticiones, y terminara de inmediato con un acorde sombrío. Me miró pestañeando y no dijo que sí ni que no, pero días después lo escuché cantar el tema en vivo y había seguido mi inapreciable consejo creativo.

Los temas de Carlitos eran valientes cuando casi nadie lo era: Pedro Luis Ferrer se metía en candela, el propio GNYO o Frank Delgado se inmolaban a veces… y la lista casi terminaba ahí: la crítica visceral era entonces cosa de locos y suicidas. “Guillermo Tell” devino un clásico instantáneo durante “aquel” concierto en la Cinemateca (el Chaplin); “Jalisco Park”, “Memorias” y  “El leñador” nos ponían los ojos redondos como platillos de café: ese tipo era poeta con cojones. En las dos acepciones que admite el habla cubana.

En septiembre de 2012 terminé e hice circular mi documental Peña que, en dos partes de una hora cada una, con material grabado entre 2002 y 2005 durante un encuentro mensual que convocaba en la sede vedadense de Revolución y Cultura, tributa humildemente a esa institución alternativa con la que hemos crecido todos. En la segunda parte incluyo dos temas cantados por Carlitos: uno muy conocido, “Graffiti de amor”, y otro rarísimo, una obra de juventud: “Estrella polar”. Con el primero ocurrió algo mágico: todos los presentes en la peña aquella tarde de 2004 empezaron a cantarla con tal entrega que, al final, Carlos estaba visiblemente conmovido. Estrené el documental en mi nuevo espacio de la casa del ALBA ese mismo septiembre de 2012, y el coro se duplicó de inmediato, pues los asistentes a la proyección cantaban junto con los espectadores en pantalla, con lo que el coro adquirió una densidad catedralicia. Y ahora, el sábado 12 de enero de 2013, la liturgia se repitió durante el extraordinario concierto que ofreciera Carlitos en el Teatro Nacional por sus 30 años de carrera: el teatro en pleno cantó a esa mujer misteriosa que se tatuó el cuerpo cuando no la dejaron hablar en las paredes. Solo puedo suponer lo que sintió él, pero estoy seguro de lo que experimentamos nosotros: la certeza de que ese tipo no solo está definitivamente integrado a la banda sonora de nuestras vidas, sino que va a continuar ahí, con sus clásicos viejos y nuevos, durante las tres próximas décadas.

Imagen: La Jiribilla

 

Comentarios

Que interesante lo que cuentas. Ese tipo de amistades entre creadores pueden ser muy provechosas. Es sorprendente las cosas que se logran en noches de tertulias íntimas, entre amigos, socios, donde escritor colabora con músico, cineasta con actor, como una orgía de creación inevitable que sale a borbotones entre ideas y sueños.

Donde puedo conseguir Peña, querido Eduardo?

Tienes razón, Eduardo. Carlos, nosotros, los otros y todos los excelentes trovadores que han sabido decir mucho más a través de la música son una clave indispensable dentro de la historia de la música cubana. Agudos comentarios, precioso testimonio.

Es precioso saber de los inicios, de cómo los amigos fueron creciendo, cual hijos de Guillermo Tell, y la obra de todos ha madurado. Excelente artículo, Eduardo. Gracias!!!

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