Enrique Molina para la suerte

Paula Companioni • La Habana, Cuba

Quizá la anécdota sobre Enrique Molina más contada sea la de los siete meses en que se sometió a una rigurosa dieta y a siete operaciones con un objetivo que puede mover la vida de cualquier actor cubano: intrepretar a José Martí. Tal vez, lo que la hace más interesante aún, es saber que, luego de tanta entrega profesional, el soñado proyecto no pudo realizarse; en Cuba empezaban los duros años del periodo especial.

La alusión a esta historia, no solo sirve como “comentario casual”, sino que da la magnitud de cuán en serio toma y cuánta entrega hay en el trabajo de aquel hombre que mi mente todavía no logra separar del Silvestre Cañizo de la popular telenovela Tierra Brava.

Puede que sea esa la razón por la cual, aunque solo sea por breves instantes, Daniel Díaz Torres convoque siempre para sus proyectos a Enrique Molina; y, además de todo el conocimiento por sus años de trabajo, este es un actor que le da suerte.

“A raíz del estreno de La película de Ana —cuenta Molina— Daniel dijo que siempre trabajaba conmigo porque yo era un actor que le daba suerte. Yo creo que lo que ha hecho es ‘embarcarse’, porque ahora cada vez que haga una película me va a tener que llamar: pa´que le de suerte y a mí pa´que me dé trabajo. A menos que haga una película en la que nada más que trabajen mujeres... incluso así haré un travesti”.

En 1984, se estrena Jíbaro, primera película de Díaz Torres, con Enrique Molina como integrante del reparto de actores; pero desde 1973 había comenzado la relación profesional entre ambos cuando, junto con Manuel Pérez, fueron al Escambray a filmar el clásico del cine cubano El hombre de Maisinicú.

“Entonces estuve mucho tiempo allá en el Escambray en la filmación y él —que trabajaba como asistente de dirección— me dijo: ‘cuando yo empiece a dirigir cine, tú vas a trabajar conmigo’, y efectivamente, la primera película que hizo fue Jíbaro y me llamó.

“Después trabajé con él en Alicia en el pueblo de maravillas (1990), que es una película bien conflictiva para el criterio de algunas personas, aunque yo no creo que haya tenido algún problema. Luego, hicimos Kleines Tropicana (1997) en la que trabajé con el mismo actor alemán que más tarde hizo Hacerse el sueco (2000). En 2009, hicimos Lisanka y ahora, en 2012, La película de Ana”.

En La Película… el tema de la prostitución sirve como pretexto para abordar otros aspectos de la sociedad cubana de la década de los 90 que todavía resultan actuales, como las relaciones de familia y el crecimiento ante las dificultades, tanto personales como profesionales. Esta época resultó una “prueba de nervios” para todo el que la vivió en Cuba, cuando muchos tuvieron que replantearse su carrera.

“La película se desarrolla en una época bien difícil que tuvimos todos los cubanos: el periodo especial. En este ámbito, a muchas familias no les quedó más remedio que salir a inventar de qué vivir, cómo vivir.

“Este personaje, interpretado genialmente por Laurita de la Uz, está basado en un hecho real que le ocurrió a una persona de nuestro medio cultural —en la realidad no fue llevado tan al extremo como aparece—. Y yo creo que ha sido muy bien abordado en el cine, pues esta película tiene un guion excelente, por la manera en que se ensamblan realidad y ficción.

“El filme, a pesar de que uno se ría por las situaciones que acontecen, deja un sabor fuerte, amargo, triste, al ver lo que fue capaz de hacer esa mujer para mejorar la economía de su familia. Ese es el mismo sabor que nos dejó a todos los ciudadanos de este país el periodo especial; y es el sabor que me dejó a mí cuando salí del cine: me reí, me divertí, pero cuando medité, me dejó una impresión triste”.

La preparación para un personaje amerita por parte de los actores el estudio sicológico del mismo, interpretar a un director de televisión implica analizar a los que tiene a su alrededor. “Para mí asumir la sicología del personaje, un director de un programa televisivo un poco improvisado, fue algo que no me resultó difícil, porque a lo largo de mi trabajo en la TV he podido conocer a varios directores similares al que yo interpreté, sacados de la manga.

“Daniel es una persona que trabaja incansablemente y con un nivel de organización increíble. Es de esos directores que, por suerte, el ICAIC ha formado en la misma escuela, con los mismos principios de no ir al lugar de filmación a improvisar nada. Ya cuando llega al set donde se va a filmar, está seguro de lo que se va a hacer ese día de trabajo, dónde van las cámaras, qué es lo que les va a decir a los actores, qué es lo que quiere lograr.

“He tenido la suerte de trabajar con varios directores de cine cubanos con quienes he aprendido, pues todos me han enseñado algo que me ha beneficiado para mi trabajo, para mi desarrollo: Fernando Pérez, Humberto Solás, Manolito Pérez, Juan Carlos Tabío, Gerardo Chijona, Jorge Luis Sánchez, Juan Carlos Cremata y Daniel Díaz Torres. En el caso de Daniel, desde El hombre de Maisinicú su evolución ha sido in crescendo en su cultura, en su formación como gente de cine, en su manejo con los actores.

“Hablé con él por teléfono hace pocos días con motivo de su cumpleaños. Le dije que lo felicitaba por tres razones: el éxito que había tenido La película de Ana; por su cumpleaños, y porque en este año que estamos comenzando estoy convencido de que se le van a abrir las puertas en el cine más de lo que se le han abierto hasta hoy”.

Comentarios

Hola Lenin, me imagino que estás queriendo decir ENRIQUE MOLINA, en lugar de Jorge o es que el tiene nombre compuesto y te es mas familiar llamarlo así. Saludos.

Ojalá a Jorge Molina le siga sobrando trabajo este año. A él lo conocí personalmente en un festival CINEMAZUL de las Tunas. Nos bebimos unas botellas por allá por una playa de la zona turística de esa provincia. En esos días su esposa estaba embarazada pero estaba alli con nosotros. Por cierto que de ahi salió una anécdota que bien podía servirle a ellos para ponerla en un Film, quizás él no se acuerde, pero yo si. Entramos a ese hotel entre otros, Molina, Ma. Caridad Cumaná, Solás y Ernesto su biógrafo, entre otros famosos* y un grupo de cineclubistas. Al acceder a la instalación y esperando un guía la curiosidad nos arrastró hacia un ala del preñada de vitrinas cargadas de souvenirs (nada al alcance nuestro), cuando apareció de la nada una rubiecita menuda y preciosa pero tan desagradable como bella y nos dijo tajantemente y sin derecho a réplica: tienen que salir de esta área, esto es para los turistas. Lo penoso es que las tiendas estaban cerradas aún, ni siquiera estábamos concientes de qué profanabamos. Acto seguido Solás le preguntó si ella sabía quién era él. La respuesta no se hizo esperar: -no se; pero tiene que coger para allá- dijo mientras su índice señalaba el lobby. Los famosos indignados pidieron taxis, pero... - la instalación es de "todo incluido", tienen que llamar a PANATAXI las Tunas que está a unos treinta Km- Los cineclubistas hicimos como en el filme de Hanival Lecter pero Jorge Molina siguió con nosotros aduciendo que no se podía perder ni la playa ni la oportunidad de compartir con aquella turba de Guajiritos con deseos de aprender de cine.

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