Etcétera: Dibujos de colores,
música e imaginación

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba

De regreso a Cuba está el Teatro de Títeres Etcétera, de Granada, España. Veinticuatro años después de habernos regalado su espectáculo Sypnosis, los de la Isla, y especialmente el público de Matanzas y La Habana, vuelven a tener el privilegio de rencontrarse con un grupo que cultiva la exquisitez en la animación y un sentido artístico investigativo en los procesos de montaje, vinculados casi siempre al trabajo con el universo musical.

Imagen: La Jiribilla

Si en aquella oportunidad de 1988, dos jóvenes andaluces (Fabiola Garrido y Enrique Lanz) asombraron a los que asistieron a aquel espectáculo iniciático, por la utilización de una variedad de técnicas titiriteras, mezcladas con escenas sutiles de la vida cotidiana, sin orden aparente, como no fuera el de la fantasía sin límites; la vuelta en diciembre de 2012, con la colaboración del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música de España, más el apoyo de diversas instituciones culturales cubanas, se apoya en el poderío de la música del ruso Serguéi Prokófiev, mediante el Cuento Sinfónico para niños op. 67 Pedro y el Lobo.

Obra concebida para orquesta y narrador, Pedro…marca el encuentro de la compañía, en 1997, con las sugerencias sonoras de  reconocidas obras del pentagrama musical. Enrique Lanz traduce a Prokofiev con imágenes teatrales donde los títeres alcanzan la vitalidad que todos señalan en la composición del maestro ruso, una partitura que huye del artificio para entrar en el mundo espiritual de los infantes y conectar con ellos hasta hoy.

Imagen: La Jiribilla
El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla

Quienes conozcan el trabajo de Etcétera, sabrán de su particular apropiación de La serva padrona, la ópera bufa de Pergolessi que ellos asumen en 1998, con desenfado escénico y unos títeres de madera inolvidables. La Historia de Babar, el elefantito, de 2001, antecede al éxito enorme que consiguieron con Soñando el carnaval de los animales, de 2004. Esta puesta en escena reverencia con figuras, proyecciones y orquesta en vivo, piezas musicales como La siesta de un fauno, de Claude Debussy y el Carnaval de los animales, de Camille Saint-Saens. A 2009, pertenecen La caja de los juguetes, también de Debuss, y la superproducción El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, realizada en co-producción con el Gran Teatro del Liceu de Barcelona, el Teatro Real, de Madrid, el Teatro Calderón, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera, y la Ópera de Oviedo, con la colaboración de la Junta de Andalucía. Un viejo sueño con el que Lanz rindió tributo a su abuelo Hermenegildo Lanz, diseñador escénico, constructor de títeres, pintor y dibujante. Fue Don Hermenegildo quien realizó los bocetos para el estreno de esta obra en París, además de ser el artista plástico con quien el propio Falla y el poeta García Lorca, efectuaron aquella memorable función de títeres del 6 de enero de 1923, en Granada.

Pedro y el Lobo, título que le valió al grupo el Premio al mejor espectáculo infantil nacional, en Teatralia 1999, es un montaje emblemático al que Etcétera acude una y otra vez.Tienen muñecos lo mismo para presentaciones en escuelas, con un tamaño adecuado a la distancia y circunstancias de esos espacios, como otros títeres ideales para ser vistos en salas de teatro de tamaño mediano, más una producción gigantesca, con posibilidades de ser utilizada en plazas teatrales de grandes dimensiones.

Imagen: La Jiribilla
Pedro y el Lobo

¿Qué posee esta puesta en escena que la hace tan especial? El secreto debe estar en que Enrique Lanz, director artístico y diseñador de Pedro y el Lobo, elabora una concepción dramática tan sencilla como la caracterización instrumental de la composición musical, lo cual no la hace menos llena de ingenio. Dibujos infantiles de colores parecen los títeres, trazos pictóricos graciosos e irónicos, que se animan delante de la luz negra con la intención musical precisa, tan limpia como elegante, tan ingenua como entrañable. Cada figura está diseñada con las particularidades de los personajes: Pedro es el dibujo libre de un niño, síntesis de cómo se ve un infante a sí mismo; el Lobo, de color rojo, tiene el cuerpo hecho con un trazo enrollado y un mecanismo en la boca que le permite morder, comer y asustar, sin que este hecho sea totalmente agresivo; el Abuelo es una de las mejores caracterizaciones pictóricas. Con  gorra, bastón y solo dos piernas-rayas se consigue ese toque de persona añosa, con un ligero matiz cómico en su andar; el Gato es nada y es todo, el arco que dibuja su anatomía le permite estirarse, acariciar y saltar felinamente, de manera esencial y eficaz. El Pato, también de estructura enrollada, y un mecanismo que le permite sugerir el contoneo de esas aves con solo un movimiento coordinado de cabeza y cuerpo, cumple también su cometido. Lo mismo el Pájaro, todo alas, ojos y pico, y los valientes Cazadores, dos personajes en un mismo mando, con mecanismos de movimiento que a la vez los hacen independientes. La casa, el árbol y las yerbas del prado logran en su mágica aparición establecer el espacio escenográfico de representación en el cual se desarrolla la historia. Aplausos cerrados para Enrique Lanz y Oscar Ruíz, de Etcétera, por la limpieza y musicalidad de los muñecos que animan. A Yanisbel Martínez, también de la compañía granadina, por su clara narración, matizada por hermosos giros del idioma castellano y una relación fluida con el público y las figuras coloridas. Llegue  este eco de vítores del respetable al esfuerzo de los titiriteros cubanos Ailyn Zamora, del Guiñol de Guantánamo y Arneldy Cejas, del Teatro La Proa; ambos se sumaron a la experiencia de los artistas ibéricos y lo dieron todo sobre la escena para alcanzar el éxito final.

Una pluma que vuela plácidamente en el aire, una pelota que aparece de pronto, títeres que se detienen en pleno movimiento, como si el director de orquesta sostuviera la batuta en el aire…, todo eso forma parte de la poética de Etcétera, cuyo concepto ético y escénico reivindica siempre el oficio titeril, cada vez con propuestas más atrevidas. Este paso por Matanzas y La Habana nos deja esperando por más. Ojalá y el regreso sea pronto, que no nos hagan esperar otros 24 largos años para volver a constatar que, más allá de dibujos de colores animados con música, el mejor regalo que nos hacen es abrir el luminoso cofre que poseen, lleno de títeres, buen gusto e imaginación.

 

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