Eterna memoria: En el centenario del nacimiento
de Mirta Aguirre

Cira Romero • La Habana, Cuba

Los centenarios son solo excusas para conmemorar algo que decidimos digno de ser recordado. En el caso de los artistas se trata de un buen pretexto para que diversas instituciones les rindan homenajes dedicándoles una exposición, una serie de conciertos, conferencias, la publicación de sus obras. Estos aniversarios suelen tener diversos grados de intensidad. Así, por ejemplo, este año ha brillado con pleno derecho el nombre de Virgilio Piñera con un sinfín de acciones que no es preciso enumerar por ser muy conocidas. También, en el 2012 cumplen cien años de nacidos dos pintores relevantes: René Portocarrero y Mariano Rodríguez; una escultora, Rita Longa, y la ahora homenajeada, Mirta Aguirre.  

Imagen: La Jiribilla

He tenido el privilegio de trabajar bajo la dirección de José Antonio Portuondo y Mirta Aguirre en un mismo sitio: el Instituto de Literatura y Língüística. Con el primero mis relaciones fueron estrechísimas, pues durante 15 años fui subdirectora de la institución. Con Mirta los intercambios fueron más distantes, siempre cordiales, y suficientes para darme cuenta de que tras la aparente dureza de su carácter, se escondía una  mujer humanamente superior y tímida en exceso. A diferencia de Portuondo, sobre quien podría ofrecer muchos testimonios, de Mirta no es así por la razón aludida, pero la recuerdo cuando cada tarde, alrededor de la una, llegaba con su maletín en una mano y el cigarro en la otra. Las mañanas estaban para ella prohibidas, pues, como trabajaba de madrugada, a esas horas descansaba. Un solo recuerdo para ir a asuntos más puntuales. Cuando se le entregaba un trabajo para revisar, no importaba qué extensión tuviera, al otro día lo devolvía hasta con los errores de puntuación arreglados, con apuntes al margen, con bibliografía para ampliar. Guardo uno que escribí sobre Luis Felipe Rodríguez donde escribió: “Muy bien, pero tienes que perfilar mejor su personalidad en tanto hombre. Te puedo dar algunos elementos porque lo traté mucho”.

Mirta Aguirre, bien lo sabemos, se incorporó a la lucha revolucionaria desde muy joven, y ya en 1932 era miembro del Partido Comunista de Cuba. Durante el gobierno de Machado tuvo que exiliarse en México y en 1939 fue delegada al Congreso Nacional Femenino celebrado en La Habana. En 1941 se graduó de doctora en Leyes, profesión que nunca ejerció, pues más que a los libros de esta especialidad, se dio a los de literatura, de marxismo y a su otra gran pasión: la música. Obtuvo a lo largo de su vida varios premios literarios, como el de los Juegos Florales Iberoamericanos con su ensayo “Influencia de la mujer en Iberoamérica” (1945) y el de la Secretaría de Obras Públicas de México, con uno de sus trabajos capitales: “Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz” (1974). Pero su presencia en la letra impresa databa de antes, pues en 1937 dio a conocer Recuerdos de Mella, líder revolucionario al que conoció y cuyas cenizas trajo a Cuba, junto con otros revolucionarios cubanos, a la caída de Machado. Al año siguiente publicó su libro de poemas Presencia interior, y ya aquí quiero detenerme para comentarles sobre la Mirta poeta. La poesía de este libro transcurre entre dos vertientes: la social y la íntima, como ha señalado Virgilio López Lemus. Antes de dar a conocer este libro, la autora había incursionado en este género con composiciones todavía inmaduras, pero que denotaban un temprano y singular dominio de la lengua. Con este libro se nos muestra dueña ya de una voz con rasgos propios, resultado del ascenso a la madurez expresiva.

Si bien la obra poética de Mirta Aguirre tiene un bien ganado espacio en nuestra lírica, su expresión se daba más plenamente en el ensayo. Sin dudas, fue la más importante ensayista y crítica literaria y artística marxista de la literatura cubana

En este poemario, cuyos aspectos más distintivos han sido bien apuntados por López Lemus,  van a alternar lo tradicional y lo contemporáneo “en una armónica solución donde el rasgo predominante es la humana vibración que transita por igual en los caminos de la intimidad y en los más activos de la labor política, fundidos en un solo discurso. Intensidad y calidad poéticas se entrecruzan en este libro, exponente de sus múltiples facetas creativas”. Y continúa:

En su ejecutoria como poeta este libro es expresión de su participación sociopolítica a través de poemas donde advertimos un apego a las formas estróficas y métricas  tradicionales del verso español, que dominó plenamente; el uso de artificios poéticos que enriquecen sus textos, la transparencia y sencillez del lenguaje utilizado, el equilibrio y la sobriedad expresivos, el acierto en la selección de los recursos lingüísticos para embellecer sus versos, la sencillez de su léxico, el logrado contrapunto entre energía y delicadeza, una tensión lírica de la mejor estirpe.

Pero Presencia interior, único libro de poesías de Mirta Aguirre publicado antes de 1959, puede ser considerado un libro intimista porque se entremezclan alusiones personales, la intimidad, la caracterización sicológica del hablante lírico:

[...] Déjame quieta, mi tierra,

tierra de mulatería,

tuya soy cubana prestada:

que soy, mas no era mía.

Si sangre negra tuviera

otro gallo cantaría.

 

[...] Viento, dile que es inútil

querer atarme los pies.

Que nunca, viento, que nunca

la yerba mire crecer [...]

 

[...] Sombra, ¿dónde estoy yo misma?

—se asombra tras de mí la sombra...—

se me ha perdido mi sombra

mujer sin sombra en la sombra.
 

Vestigios de romances españoles se advierten en versos como estos:
 

Las pulseras de amatistas.

Los alfileres de nardos.

Matrimonio las campanas

de la torre repicando

— ¿Por quién tocas, Catedral,

si ves que ya no me caso?

¡La novia sin novio y tú

golpeando a gozo y no a llanto [...]

 

Al modo del Lorca de su Romancero gitano nos dice:
 

[...] Cuando la luna, luna

cuando la luna.

Con la noche tan negra, ¡qué negra angustia

la de la niña huyendo con su locura! [...]

 

O de Guillén:
 

[...] Se le fue el verso contigo

y contigo el Son borracho.

José Ramón Cantaliso

se le ha fugado en tus manos

y le has dejado la luna

con rostro de enmascarado [...]

 

En otras composiciones se vale de formas libres, de estructuras irregulares, donde lo lírico se empalma con una intención social soterrada:
 

[...] era cuando yo era

solo un afán marchito de deshojar simientes,

apenas una brisa de estrellas temblorosas,

casi no más que un eco leve,

un borroso recuerdo de mí misma.

—Yo lo sé, yo lo entiendo

y no puedo explicárselo a nadie...

¿Adónde mis oídos cuando la voz aquella?

¿Adónde mis arterias cuando aquel grito

                     inmenso

me quemó las pupilas

y obligó a mi silencio a huir despavorido?.

Su poesía de corte sociopolítico explícito, cultivada desde los inicios de su militancia revolucionaria, refieren el contexto histórico del momento y para escribirla se vale del romance y de la balada, formas estróficas muy afines para abordar esos temas, donde llama a la acción cívica o evoca a un héroe, en una mezcla feliz de epicidad y lirismo. No puede dejar de mencionarse que la lucha del pueblo español contra el fascismo generó en ella composiciones notables donde alude a la España mártir, la angustia del pueblo, la exaltación de los soldados.

Del año 1974 es su libro para niños Juegos y otros poemas, en cuya introducción la autora aclara que “aunque alguno puede prestarse a ello, ninguno de los poemas de este libro ha sido escrito para que un niño lo aprenda y lo diga de memoria”. Ella solo pretende que los pequeños “puedan escucharlos con placer en boca ajena; o disfrutarlos por sí mismos”.

En el año 1980 aparece, poco antes de su muerte, el libro Ayer de hoy, donde se combinan textos en prosa y poesías; estas últimas se destacan por su excelencia artística en el tratamiento de lo erótico y del romance. La reflexión sobre el dolor causado por la pérdida del amor es una constante, o la fugacidad de los lazos sentimentales. Pero esta poesía de Mirta es de una serena firmeza, aun en medio del dolor; es una poesía de sorda resignación.

[...] Como un morirse lento, implacable,

                a pedazos,

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Y acostumbrarse es una cosa oscura,

es una cosa eterna, sin caminos,

como un caer en el vacío.

Entre sus composiciones más emblemáticas no puede dejar de mencionarse su antológica “Canción antigua a Che Guevara”, uno de los homenajes poéticos más relevantes al revolucionario caído en Bolivia.

Si bien la obra poética de Mirta Guirre tiene un bien ganado espacio en nuestra lírica, su expresión se daba más plenamente en el ensayo. Sin dudas, fue la más importante ensayista y crítica literaria y artística marxista de la literatura cubana, en una labor multitemática que comprende la reseña de libros, el comentario teatral de puestas en escena, la crítica cinematográfica y musical, en ensayismo de erudición sobre temas cervantinos y sobre la poesía de habla hispana, así como sus aportes en el campo de la estética, la tropología, la teoría literaria y la política.

Todo este quehacer lo desarrolló en el periodismo, sobre todo antes de 1959, y, posteriormente, en la función docente y como profesora de la Escuela de Letras (hoy Facultad de Artes y Letras) de la Universidad de La Habana; pero sin descuidar su actividad partidista, antes y después del triunfo revolucionario.  De 1940 data su ensayo Palabras en Juan Cristóbal, donde estudia la conocida novela de Romain Rolland, de cuyo estudio extrae conclusiones humanísticas en relación con el papel social del hombre y su desempeño vital; posteriormente, dio a conocer el antes citado ensayo Influencia de la mujer en Iberoamérica, seguido de Un hombre a través de su obra: Miguel de Cervantes Saavedra, del año 1948. Influencia de la mujer en Iberoamérica es una obra de madurez, en la cual maneja con mayor soltura la bibliografía y es capaz de someter el asunto propuesto a un análisis de doble naturaleza: enfoque ensayístico con lenguaje cuidado y un eficaz contenido informativo. Aquí estudia la mujer en la historia, la cultura, como un ser capaz de aportar contribuciones no a una cultura “femenina”, sino a la plena actividad a escala continental. Sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Gabriela Mistral son algunas de las estudiadas, pero también mujeres guerreras y mujeres políticas, damas del teatro y de organizaciones sociales.

Fue una intelectual honesta, genuinamente revolucionaria, poetisa de estro lírico finísimo

Estudiosa permanente de Miguel de Cervantes, su antes citado Un hombre a través de su historia: Miguel de Cervantes y Saavedra es una rica investigación donde coinciden plenamente la profundidad de los conceptos, la sagacidad crítica y la elegancia literaria. Se considera su ensayo más importante publicado con anterioridad a 1959 y constituye un riguroso análisis, casi novelado, acerca del Cervantes hombre y escritor, redactado con base erudita encubierta por la amenidad expositiva.

Este libro consagra a Mirta Aguirre como ensayista de envergadura y, aunque no vuelve a incursionar en este género hasta después de 1959, se mantendrá antes de ese año, unida a la crítica cinematográfica, teatral, de ballet, de música culta para el periódico Hoy hasta la clausura del mismo por orden de Batista.

Al triunfo de la Revolución volvió al renaciente periódico con críticas, sobre todo de contenido cinematográfico, algunas de las cuales alcanzan la categoría de verdaderos ensayos, como la titulada El neorrealismo italiano, texto de verdadera erudición que incluye la interpretación de un movimiento fílmico que guarda relación con la literatura. Tras su muerte, sus críticas de este corte fueron reunidas en dos volúmenes bajo el título Crónicas de cine (1988).

En los primeros años revolucionarios ordena textos antes escritos, redacta otros que se hallaban en ciernes y escribe sobre asuntos literarios que de manera gradual se van convirtiendo en libros. La relación es extensa: La obra narrativa de Cervantes (1971); Miguel de Cervantes (1973); El Romanticismo de Rousseau a Víctor Hugo (1973); Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz (1975); La lírica castellana hasta los Siglos de Oro (1977 y 1985); Los caminos poéticos del lenguaje (1979); Cuba y la Revolución de Octubre (1980) y, póstumamente, Estudios literarios (1981) y Un poeta y un continente (1982).  En esta larga lista se advierten tres líneas fundamentales: Cervantes y la lírica española, sobre figuras del lenguaje, versología y teoría literaria y asuntos referidos al pensamiento marxista-leninista; fuera de ellas quedan su estudios sobre la monja mexicana y acerca del romanticismo. En todos esos años no abandonó la crítica literaria, su atención a la literatura infantil y las cuestiones relativas a la mujer y su papel en la sociedad, así como otros textos más ocasionales.

Su detenimiento en la figura de Cervantes, inaugurado desde los años 40, renace ahora con Miguel de Cervantes, texto con fines docentes que también presiden el siguiente: La obra narrativa de Cervantes, si bien más distanciado de la docencia, pero cuyo origen estuvo en un grupo de conferencias dictadas en la Universidad de La Habana. En este libro va más allá del estudio de El Quijote, pues se detiene en las Novelas ejemplares, La Galatea y Los trabajos de Persiles y Sigismunda con un alto tono ensayístico donde discrepa de otros autores y rectifica valoraciones. Con estos tres libros sobre Cervantes Mirta se sitúa entre los más importantes estudiosos cubanos del reconocido autor español y ofrece contribuciones de calado que van desde la significación del autor en su época hasta su influencia en la literatura universal.

Sin dudas, el más importante libro de su autoría referido a los estudios hispanistas es La lírica castellana hasta los siglos de oro. Estamos en presencia de un verdadero tratado de erudición en el que participa de manera decisiva la música, con una profusa reproducción de partituras. Este es el libro cubano más ambicioso sobre esta materia y representa la cumbre de la obra personal de su autora. Aunque trabajó con muchas fuentes referativas, prefirió ir a las fuentes mismas y ofrecer matices interpretativos personales.

En Estudios literarios se agrupan otros ensayos que guardan relación con La lírica castellana de los Siglos de Oro, como “El romance en Cuba y en otros países de América”, “Góngora y el cultenarismo” y los relativos a Sor Juana Inés de la Cruz, que habían alcanzado su cima en Del encausto a la sangre... Este estudio sobre Sor Juana muestra tanto el estudio biográfico de la poetisa, como su condición de mujer del siglo xvii y el propio genio de la ilustre mexicana. Ensayo total y abarcador, con su mirada de admiración Mirta no la presenta como un curioso animal literario, sino como un ser vivo, pleno de capacidades poéticas, filosóficas y humanas. Este volumen de Estudios literarios incluye también temas referidos a teoría literaria, como “Realismo, realismo socialista y la posición cubana”, documento de valor ideológico-cultural que representa un momento de desarrollo de las ideas marxistas en el campo de la estética; un estudio titulado “Los trescientos años de Juan Bautista Vico (1688-1744)”, acerca de las ideas filológicas del italiano; “En torno a la expresión poética” y su Introducción a la filosofía del lenguaje figurado, apuntes de sus clases universitarias.

En la vertiente de textos de ensayos con asuntos propios de la ideología marxista-leninista datan de esos años sus trabajos como “El leninismo en La Historia me absolverá”, en coautoría con Isabel Monal y Denia García Ronda; “Los principios estéticos e ideológicos de José Martí” y su valioso texto La Edad de Oro y las ideas martianas sobre educación infantil (1963).

No pueden obviarse los estudios que dedicó a Nicolás Guillén, reunidos en Un poeta y un continente, diez ensayos publicados entre 1948 y 1979 que se encontraban dispersos. En estos ensayos define el carácter nacional de la poesía de Guillén y su vinculación partidista.

Imagen: La Jiribilla

Falta por mencionar con mayor amplitud su libro El romanticismo de Rousseau a Víctor Hugo, que pertenece más al plano teórico que al de historización, cercano también a la crítica literaria. En él analiza los orígenes de este movimiento, su desarrollo en las obras narrativas, teatrales y poéticas, con el acostumbrado trasfondo filosófico. En este libro Mirta transita por un largo camino desde las literaturas clásicas hasta el análisis de las épocas por las que el romanticismo circula, incluyendo los principales hechos históricos que lo configuran, así como las personalidades que lo impulsaron. Como marxista que fue, no deja de estudiar los contextos epocales y la situación económica europea y mundial. Texto voluminoso y rico en información, se estima como otro de sus aportes más sólidos a la cultura cubana.

Poeta, ensayista, profesora, promotora cultural (fundó revistas, como Gaceta del Caribe en 1944, junto con José Antonio Portuondo, Nicolás Guillén y Ángel Augier; divulgó el cine soviético en los años 40), dirigente partidista, Mirta Aguirre no puede ser olvidada en las letras cubanas y me regocija que  Matanzas esté promoviendo una celebración como esta. Ella lo merece porque fue una intelectual honesta, genuinamente revolucionaria, poetisa de estro lírico finísimo y, además, porque a través del estudio de su obra captamos el enorme saber que se escondía tras esta mujer sencilla, modesta, limpia de adornos y lentejuelas, y que muchos han querido ver como el ogro de los cuentos infantiles. Quien escribió para los niños Juegos y otros poemas no podía albergar odios ni rencores en un corazón que le estalló en pedazos el 8 de agosto de 1980. Apenas hubo un mínimo de tiempo para llevarla al hospital y falleció en breve tiempo. Los trabajadores del Instituto de Literatura y Lingüística que nos atemorizamos cuando llegó a dirigirlo en los albores de 1976 nos sentimos huérfanos. Portuondo, como embajador de Cuba en el Vaticano, Mirta difunta. Antes de cumplirse un año de su fallecimiento, estaba de nuevo Portuondo entre nosotros; pero la extrañamos, porque si bien dio puñetazos en la mesa, regañó y se buscó algunos problemas, sabíamos que allí había una mujer de pelea, dispuesta a tenernos, no como una gallina a sus pollitos, y sí con el cariño desinteresado de quien es capaz de desplegar comprensión y apoyo. Eso fue lo que obtuve de ella.

 

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