Ever y la memoria avizora

Pablo Armando Fernández • La Habana, Cuba

Se acoge a la expansión

en búsqueda del rostro de la noche.

Imagen que proyecta y propaga la luz

transformándola en vida varia, múltiple,

          en continua y activa evolución.

  Hacia esa inmensidad

torna los ojos acuciosos, ávidos,

adiestrados en el conocimiento

de ese otro allá en el que cosmos

es átomo y es célula

          que él revelar se impone.

Mundos en los que fluye el agua engendradora.

          La oye contar sus sueños rumorosos,

          que sabedor él traza

          en estelas de fulgor estelar.

          Por doquier anda el gesto primordial,

          Edén que configuran las imágenes,

          que en danza permanente se entremezclan y aúnan

          en constante armonía.

          Imperturbables sus manos recrean 

          vidas como el Creador lo hiciera

          y es de nuevo el Principio

          proliferan estrellas, de esos soles abiertos

surgen cuerpos y rostros que iniciaran

          largos peregrinajes.

          Trayectos que alguna vez hicimos, ya materia,

          ya aliento, que él fija en trazos, forma

          y color de olas, nubes, relámpagos:

torrentes de agua y luz.

Se propone devolvernos a imágenes

          que encarnamos en la expansión

          y ahora presentimos en la sangre,

el aliento, la memoria avizora.

somos cuanto la noche configura

en destellos de luz,

cada cual representa un paso en el trayecto,

reconocer qué nos convoca en el andar,

activa lo invisible transformado.

Y uno, si atiende a la visión expuesta

recobra la guirnalda de dones asentados

en la pluma, el pistilo, la garra y la semilla

y en ese recorrido de alas y de aromas

sueña surcar las aguas, sueña hundirse

en las profundidades que a las raíces nutren

para alzarse en las ramas y frondas olorosas

que acogen el croar,

el rugir, los silbidos más remotos...

Adiestra su mirada y su mano

en sorprender y develar los signos

que la noche atesora.

En lo oscuro se ocultan irradiantes centellas

de renacer continuo. 

Nada desaparece,  todo en su fluir perfila

cauces y márgenes de eternos resplandores.

Ever Fonseca es todo acechante memoria,

y se propone darnos la visión cosmogónica

de nuestro ser en las constelaciones.

 

Poema leído en la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas del 2012 a Ever Fonseca. Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana. 28 de noviembre.
 

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