Fito Páez en la piel de su Habana

Cobertura Especial de La Jiribilla • La Habana, Cuba

Llegó diciembre y tal pareciera que La Habana dejara agrupar sus mejores hechizos a través de todo un año para desbordarlos en esta estación; de una vez, todo parece estar signado por la luz y los sonidos. Este mes nos acerca casi siempre a amigos y amigas que llegan a refugiarse en el espacio de un malecón sin límites; y para la ocasión diciembre trajo de vuelta al cantautor argentino Fito Páez. Nuestro Fito regresó a La Habana.

Imagen: La Jiribilla

La presentación del más reciente DVD El amor después del amor, 20 años tomó por asalto el Teatro Karl Marx, en un concierto inolvidable. Este miércoles cinco de diciembre se reafirmó como una noche extraordinaria donde los cubanos, fieles a su poética desde hace ya varias décadas, corearon las canciones de Fito Páez.

Pudo apreciarse, primero, el estreno mundial del DVD que forma parte de las presentaciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. El material audiovisual, dirigido por el argentino Diego Álvarez, fue grabado el pasado 13 de octubre tras un multitudinario concierto en la ciudad de Buenos Aires.

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Luego se hizo el milagro, Fito subió a la escena y, solo a piano y voz, regaló temas imprescindibles guardados en la memoria de todos, canciones que despojaron el muro invisible que separa a público y artista para transformales en un ente único, inseparable, durante el resto de la noche. Invitó además al músico italiano Zucchero, al pianista y compositor cubano Robertico Carcasés, y para interpretar su legendaria "Cable a tierra" se hizo acompañar del trovador Santiago Felíu.

El final, fue sobreacogedor, un Fito emocionado, a capella y casi metido de lleno en el público que colmó la sala y que le escuchaba ahora en silencio, dejó grabado los versos infinitos que se cuestionan: "Quién dijo que todo está perdido...", asegurando que "cuando no haya nadie cerca o lejos... Yo (punto) Vengo a ofrecer mi corazón (punto)".

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Pertinaz, canalla, irreverente, talentoso, pasional, desbordó esquelas humanas y afincó su abrazo irrevocable con este segmento de tierra que es también un poco suyo. Ya le habíamos visto un día antes, un pedacito de tiempo, suficiente para colmar el júbilo y la energía durante la inauguración del 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, cuando con la orquesta cubana los Van Van inauguró el martes cuatro la cita fílmica que se extenderá hasta el próximo 14 de diciembre.

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A su regreso a la Isla y en este, su cuatro Festival de Cine, Fito Páez, ponderó la gran influencia ejercida sobre su generación por el Movimiento de la Nueva Trova cubana que por estos días cumple cuatro décadas. A principios de los 80 –nos cuenta-, las canciones de Silvio y Pablo fueron esenciales "no solo por la calidad artística", sino porque su música "sirvió a la gente para conectarse" en una época anterior a la llegada de la democracia, aseguró.

Coherente con su idea de la renovación se muestra esperanzado porque en estos momentos "hay como una nueva idea de América" llevada adelante por algunos gobiernos de la región: "algo nuevo y a la vez antiguo que se está poniendo en escena", dijo en conferencia de prensa celebrada la víspera en el Hotel Nacional de Cuba. El cantante abogó por sociedades más justas, más inteligentes, pero también "más gozadoras", pues el goce -juzgó- es cada vez más si se tiene en cuenta la vida tan agotadora de las metrópolis contemporáneas.

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Su estancia habanera le ha permitido reencontrarse además con amigos entrañables como Santiago Feliú y “descargar”, como le gusta decir, en escenarios informales con músicos de diferentes generaciones como Ernán López-Nussa, Robertico Carcasés, Descemer Bueno, Harold López-Nussa, entre tantos otros.

La Jiribilla no podía dejar pasar estos irrepetibles momentos sin compartir a través de imágenes las vivencias de algunos encuentros: con Juan Formell en los ensayos junto a la legendaria y cubanísima orquesta Van Van que justo cumple 43 años, con el cantante italiano Zucchero y las madrugadas en el Centro Cultural El Sauce. Le hemos visto en los jardines, asomado a las ventanas del Hotel Nacional, con el mar a sus espaldas; le hemos acompañado por los calles de La Habana, por la piel de su Habana agradecida, que sabe reciprocar confesiones como aquella: “si no elegimos vivir, yo querría morir en La Habana...”.

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Comentarios

Grande Fito, gracias por venir

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