Fito Páez: La Habana después del amor

Ivette Carnota • La Habana, Cuba

A Jorgela y Juan Pin

Fito Páez en la Habana, pronto dejó de ser un susurro para convertirse en certeza.

De vuelta a La Habana, su Habana, la que siempre lo tiene cerca, aun cuando el tiempo y la distancia  nos ponga aparentemente distantes. Siempre regresa Fito y enciende La Habana, ya sea tras la cámara o catapultándonos con su música.

Imagen: La Jiribilla

Un sortilegio muchas veces soñado apareció en la ciudad y fueron los seis días en que lució su vestido para encontrar el amor. Música, imágenes, miradas, sensaciones... Amistad y amor, todo mezclado; toda la genialidad de su letra, la melodía absoluta y precisa, y el asombro de niño que no lo abandona. No hubo nostalgia por el flaco loco que nos puso a bailar, a gritar, todos alucinados en La Habana de los 80 o en el Varadero que nunca más volvió a ser lo que era. Fito nos regaló hace muchos años, descamisado y lleno de pasión, el descubrimiento del goce total a la par del pensamiento, entonces hubo protestas por la irreverencia y Pablo Milanés, su Pablo, nuestro Pablo explicó la razón de los descamisados canallas. Fueron nuestros desde entonces.

No es casual que regrese a La Habana para regalarnos el estreno mundial del DVD El amor después del amor, 20 años disco esencial e infaltable y, además, el más vendido en toda la historia del rock argentino.

Suceso primero el día 4 de diciembre, con Van Van que cumplía sus 43 años en el día de Changó, en el día de Santa Bárbara salió Fito todo vestido de rojo, haciéndole un guiño a todos los cubanos, sintiéndose él mismo, orgulloso y feliz de cantar  "Permiso que llegó Van Van", fue un sueño para él y nos permitió sentirlo más nuestro aún, si eso fuera posible.

El 5 de diciembre también salió cercano al escenario, sin protocolo alguno a presentar su DVD, estreno absoluto incluso para sí mismo. Y regresó más tarde vestido del amor, al piano, amando a La Habana que también son sus amigos y sus canciones. Se unió en un tema con Zucchero, Santi nos demostró una vez más su genio absoluto, para invocar a Pablo Milanés se hizo acompañar por Robertico Carcassés y Charly García simplemente vino con él. Desgranó tema a tema junto con su público en un Karl Marx vibrante y caliente como no estaba desde años atrás, haciendo recordar aquellos jóvenes años 80 en que todo era música buena y cada uno resultaba en descubrimiento mejor. Cómo pudo dominar a un público encendido y hacerlo llorar hasta el silencio cantando a capella "Yo vengo a ofrecer mi corazón", siempre será su secreto; pero esa noche cada alma, cada espíritu tuvo su personal código con su corazón. Un concierto que merecíamos porque también lo amamos.  

Imagen: La Jiribilla

La Habana lo sabe de memoria y él a ella. Una ciudad son sus gentes, los seres que la habitan, sus amigos, su mar, y por eso siempre regresa. Lo que Fito quizá no sepa es que cuando él está La Habana, cual mujer enamorada, se abre, se enciende, ríe y llora con la misma pasión que baila y se entrega. La Habana camina  coqueta  y disfruta cuando él está,  por eso le pide y le da siempre más porque aquí lo espera a vivir.   

 

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