Entrevista con Yuliet Cruz

Flavia, la compañera de lucha

Flavia no vino de una familia disfuncional, su padre no la golpeaba, su mamá jamás fue alcohólica y ella sacaba notas brillantes en la escuela. Sin embargo, un buen día, se hizo jinetera. De alguna manera había que salir de aquel pueblito en medio de la nada y de una vida que la ahogaba. Ese es, en pocos trazos, el personaje que interpreta Yuliet Cruz en La película de Ana, de Daniel Díaz Torres.

Imagen: La Jiribilla

Yuliet ya es una actriz bastante reconocida entre los espectadores cubanos. Aparece cada semana conduciendo un musical en la televisión, ha trabajado en varios filmes y cortometrajes y, aquellos afortunados que alcanzamos a entrar en la angosta sala de Argos Teatro, pudimos verla desgarrarse como Luz Marina.

Justo en esa época, cuando actuaba en la puesta de Aire frío, el realizador Daniel Díaz Torres la llamó y le ofreció el guion de una película que tenía en mente: “Daniel es una excelente persona —asegura Yuliet—, ha hecho buenas películas, pero cuando lo conoces te enamoras de él mucho más. No obstante, al leer el guion, me di cuenta de que el personaje tenía muchos elementos en común con otro que yo había interpretado en Habana Eva y estuve a punto de rechazarlo”.

Evidentemente, no lo hizo. Ella y el director llegaron a un acuerdo: harían todo lo posible porque Flavia, la prostituta, no fuera un remedo de aquella que había interpretado en Habana Eva. Así acabó dando vida a la Flavia que vemos en la pantalla: una mujer desenfadada, simpática, divina, con la fortaleza que da el ambiente; pero, allá en el fondo, frágil y sensible como todas. Una especie de escudera, traductora y asesora en el falso documental que pretende filmar Ana, protagonista y actriz fracasada que finge ser jinetera para timar a unos documentalistas austríacos.

Eso también la sedujo, saber que Laura de la Uz estaría en el protagónico: “Hasta ese momento la admiraba mucho como actriz pero no tenía el placer de conocerla personalmente. Terminamos siendo grandes amigas. Nos llevamos muy bien e hicimos un buen binomio, siempre nos apoyamos una a otra, las escenas que hicimos juntas fluyeron gracias a la empatía tan maravillosa que tuvimos Laura y yo.

“Mi personaje, obviamente, es la contraparte del de Laura. Por tanto, había que crear toda una dinámica que realzara la historia de Ana, pero que al mismo tiempo le diera una identidad a Flavia y no quedara solo como un anexo de esta. A mí me interesaba deslindar esa caracterización de la que había hecho en Habana Eva y otros personajes en cine y televisión. Por suerte, Daniel me dio la libertad para que, a partir de la historia, yo conformara la sicología y la manera en que se proyectaba Flavia. Entonces, le fui sugiriendo cómo se veía, cómo hablaba, cómo se movía y qué me interesaba defender del personaje. Daniel aceptó la idea y entre él y Laura me ayudaron a crearlo”.

Luego, me cuenta la historia de la escena en la azotea. Aquella en la que Laura de la Uz —Ana o Ginette la falsa jinetera, como prefieran— le cuenta a la cámara de los documentalistas austríacos cómo se hizo prostituta. Y habla de los 90, del hambre, los apagones, el calor, la asfixia, la vida cotidiana de muchísimos cubanos. Pero mientras esa cámara grababa, otra registraba las reacciones del resto de los actores en el set, Yuliet entre ellos, sin que ninguno lo supiera:

“Laura le había pedido a Daniel que no me dijera que me estaban filmando. Mientras ella hablaba, para mí fue muy fuerte porque recordé todo lo que pasé durante esos años: personas como la propia madre de Laura, que padecieron de neuropatías por la mala alimentación, otros que bajaban de peso en cuestión de días, algunos solo comíamos una vez al día, mi mamá lloraba porque no había con qué vestirse. Fue un instante muy personal, muy triste, en el que cada cual expresó sus emociones desde su subjetividad, metidos en la piel de los personajes. Es uno de los momentos más bonitos de la película”.

   Imagen: La Jiribilla

 

Poco después añade: “La experiencia con Laura fue muy bonita, no siempre se tienen experiencias así con todos los actores. Por su parte, Daniel es una persona tan maravillosa, simpática, inteligente, cortés, que nunca llegas a sentir que el trabajo es algo difícil. Aunque esté bajo mucha presión, siempre tiene una sonrisa y está disponible para los actores con toda la paciencia del mundo, eso se agradece. La película de Ana fue un viaje que disfruté muchísimo”.

Aquella, como ocurre cíclicamente en la vida de todo artista, fue una etapa de gran intensidad creativa. Pues también trabajó en otras tres películas: Melaza, Se vende y el último largometraje de Ernesto Daranas, a estrenarse en este año, Conducta, en el que interpreta a una drogadicta. Ni siquiera ella misma es capaz de explicar, a ciencia cierta, cómo pudo lidiar con tantos proyectos en tan poco tiempo.

“Me dejo llevar y trato de hacer algo que me enseñaron hace mucho tiempo: el actor tiene que solucionar el momento, lo que sucede aquí y ahora, la escena. Aunque hayas investigado y aprehendido la sicología del personaje, tienes que lidiar con lo que va a pasar a continuación, esa es la parte concreta y práctica de esta profesión. La clave está en eso, en no quedarte en la idea de lo que pudo ser o quisieras haber hecho, sino solucionar la escena en el momento que tienes para ello. También hay que tomar lo que te dan los demás, aprender a no trabajar solo, cuando logras estar en un buen equipo, este te ayuda a concretar lo que estás haciendo. Tanto en la obra Aire frío como en casi todas las películas que he hecho, tuve la suerte de contar con un equipo muy unido y con muy buenos directores. Esa es la clave, defender el personaje y resolver la situación que se le plantea en cada momento”.

Por si fuera poco, mientras grababa, también participaba en el proceso de la puesta en escena de Aire frío por Argos Teatro. Allí, cada noche de función, con un cigarro en la mano, mirando a través de una ventana que le quedaba estrecha al calor, Yuliet se miraba desde los ojos de Luz Marina.

Imagen: La Jiribilla

“Luz Marina me cambió la vida, hay un punto de giro importante en mi carrera profesional después de haberla interpretado. Carlos Celdrán me propuso hacer un personaje que otros directores jamás se hubiesen atrevido a darme, ese fue un voto de confianza que le agradeceré toda la vida. No hubo una función de Aire frío que fuese igual a la anterior, en cada una me encontraba más a mí misma, descubría cosas de mí, como por qué sigo viviendo en Cuba, rememoraba a mi madre en cada parte del proceso en aquellos momentos difíciles del periodo especial. La obra me demostró que la familia cubana siempre ha sido la misma, más allá de todo, seguimos siendo los mismos, esencialmente. Aire frío me dio la posibilidad de acercarme un poco más a la grandeza de ese intelectual que fue Virgilio Piñera, nadie puede imaginar cuánto sufrió ese hombre.

“Por eso, es una obra que quiero hacer toda la vida, quiero volver al teatro cada cierto tiempo para poder darle a Luz Marina toda la vida y la experiencia que se merece el personaje, porque es la esencia de la mujer cubana, de mi mamá, la tía o la abuela de alguien. Esa mujer que se echa la casa sobre los hombros y se destruye, pero al mismo tiempo saca a la familia adelante. Es muy fuerte mi experiencia a nivel humano y profesional con Luz Marina. Me tocó demasiado profundo”.

Ahora, mientras prepara una nueva puesta en escena con Argos Teatro, se siente conforme con el resultado de La película de Ana. Una película que no trata sobre la prostitución, al menos no como la entendemos tradicionalmente, como el oficio más antiguo del mundo. Sino acerca de una que va mucho más allá de vender el cuerpo, aquella que tiene que ver con hacer algo en lo que uno no cree o no siente, obligado por la necesidad y el dinero. O, lo que es igual, traicionarse a sí mismo.

Imagen: La Jiribilla

“Muchas personas se obsesionan con la idea de no prostituirse —opina Yuliet—, pero a la larga, la vida en algún momento te obliga a hacer concesiones. Unos les llaman concesiones, otros prostituirse. Pero no siempre podemos hacer lo que queremos y no debemos ser tan estrictos, porque esas personas tan rígidas en cuanto a las cosas que creen, al final, acaban cediendo. Todos hemos hecho concesiones alguna vez”.

Comentarios

Considero a Yuliet Cruz una de las actrices más talentosas del cine actual cubano, sus dotes histriónicos son innegables. Sin caer desmedidamente en ese personaje que a veces nos acostumbra el cine cubano de utilizar una muchacha joven bonita al aparecer en una escena de sexo y ya, Yuliet en cada presentación nos muestra más de esa gran actriz, que lleva por dentro.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato