Artes Plásticas en el 2012

Hacia una mayor presencia en el espacio público

Mabel Machado • La Habana, Cuba

Una manada de elefantes invadió la vía pública y una colonia de cucarachas trepó por una de las fachadas del Museo Nacional de Bellas Artes. Era La Habana de 2009, una ciudad muy distinta de Tikal, el paraje guatemalteco con aspecto alienígena a donde asisten por estos días peregrinos de todas partes, para hacerse testigos del fin del mundo según el presagio maya. La irrupción de los animales gigantescos en las calles de la Capital cubana, la transfiguración del paisaje urbano y el desconcierto del caminante, no auguraban, sin embargo, una versión criolla del Armagedón o el comienzo de la nueva era. Los elefantes y las cucarachas, inertes e incrustados en el asfalto y las estructuras de concreto, fueron un ardid, un engaño, una provocación de un grupo de artistas para transeúntes agitados. José Emilio Fuentes y Roberto Fabelo, como lo habían hecho ya otros pintores, instalacionistas o escultores en distintos momentos de la historia de las artes plásticas en la Isla, se valieron, durante la Décima Bienal de La Habana, de la monumentalidad de las piezas y de su ubicación fuera del espacio convencional de las galerías, para llamar la atención de los paseantes. Con esta estrategia, ambos artistas lograron que sus piezas fueran reconocidas entre las más populares de las expuestas en el evento, y, por otro lado, contribuyeron a la gestación de un clima creativo y de recepción distinto, de cara a la siguiente edición de la Bienal habanera.

Imagen: La Jiribilla

Siendo así, en el 2012 que cierra el plazo definitivo para el acaecimiento de las peores catástrofes, los habaneros recorrieron sin sobresaltos las avenidas este verano, a pesar de que una jaula de leones cayó abierta a los pies del Paseo del Prado y de que una colonia de hormigas ocupó por completo el lateral del teatro Fausto. La Oncena Bienal de La Habana convocó a los creadores de la plástica a aportar proyectos bajo el lema “Prácticas artísticas e imaginarios sociales” y los autores encontraron en el espacio público una de las mejores plataformas para presentar sus obras ante receptores que no tienen costumbre ni posibilidades de acceso frecuente a los circuitos tradicionales de exhibición del arte. Revisada desde esta perspectiva, la Bienal, que proponía acercarse a los imaginarios como “lugares donde toman cuerpo las nociones de lo público, del espacio ciudadano y de los diferentes aspectos que posibilitan la interacción comunicativa”, cumplió con uno de sus objetivos más importantes. Proyectos como Detrás del muro, un extenso corredor artístico con obras de Esterio Segura, Florencio Gelabert, entre otros, se extendió desde el Castillo de La Punta hasta la zona del Parque Maceo a la orilla del transitado Malecón capitalino. Asimismo, los performances de María Magadalena Campos Pons, Los Carpinteros y Manuel Mendive, se desarrollaron en plena vía pública, despertando la curiosidad de decenas de personas.

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Desde su primer llamado, la Bienal fijaba la atención en el agotamiento de modelos de representación y mecanismos institucionales que atraviesa el universo de las artes plásticas en nuestra época, por lo cual, invitaba a proponer a través de la creación artística, el encuentro con nuevas conexiones culturales y formas de socialización basadas en relaciones más horizontales y propiciadoras de la participación. En ese sentido, destacaron acciones como el lanzamiento del primer prototipo de museo dedicado al arte contemporáneo en Cuba en la comunidad de San Agustín, La Lisa. Al ocupar un inmueble sin paredes y proponer intervenciones fuera de ese espacio físico, los promotores de MAC SAN (nombre del proyecto) cuestionaron los rasgos que deben tipificar a las instituciones museísticas en el siglo XXI y pusieron en perspectiva el valor actual del estilo occidental utilizado para el coleccionismo de arte. Bajo esta premisa, construyeron obras e idearon performances en los que la población del lugar se incluiría espontáneamente, y que, de manera general, contribuirían al desarrollo cultural y económico sustentable de la zona.

Por su parte, El Premio Nacional de Artes Plásticas René Francisco y sus alumnos de la IV Pragmática Pedagógica en el Instituto Superior de Arte (ISA), presentaron para el evento el proyecto Ciudad generosa en el área que ocupara un edificio demolido de la barriada del Vedado. A partir del espíritu restaurador que animó acciones anteriores de este grupo, el espacio fue modificado en una urbe con edificaciones construidas según las inquietudes y gustos de cada uno de los artistas participantes. La “ciudad ideal” fue creada para propiciar la reflexión en torno a las posibilidades de transformación individual de los sujetos sobre su entorno inmediato.

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Desde la Universidad de las Artes se gestó también otra de las exposiciones medulares de la Bienal: Lo inédito viable permitió que, por primera vez, una selección de trabajos de los estudiantes más sobresalientes de la escuela se incluyeran de manera oficial en un evento de este tipo en la Isla. Cerca de 25 proyectos individuales y grupales llamaron la atención sobre los procesos pedagógicos y su influencia en el terreno de las artes. La muestra se trazó como objetivo demostrar la necesidad de la relación dialógica estudiante-profesor y de la potenciación de la libertad expresiva entre el alumnado. El académico de la Facultad de Artes Plásticas Ramón Cabrera explicaba en las palabras introductorias, que la exposición no buscaba “adscribirse por principio a ningún territorio de lo visual, sino dúctil y maleable para asumir cualquiera de los múltiples medios con que pueda estructurarse una idea o hacer cristalizar un sueño o una intención”.

A partir de un principio similar a este se estructuró la muestra Creaciones compartidas, una compilación de obras de artistas cubanos y extranjeros en el Pabellón Cuba que, como la exhibición que ocupó por los días de la Bienal los espacios del Centro Hispanoamericano de Cultura, se valió de los llamados nuevos medios (video proyección, maping, etc.) para ofrecerle la posibilidad al espectador de participar como co-creador de la obra de arte. Según lo plantearon sus curadores José Manuel Noceda y Rewell Altunaga, el objetivo fundamental de la muestra fue invitar al público a relacionarse de una manera más activa con el arte, y fungir como una vía para que los individuos reconozcan también la importancia de su papel activo en la sociedad.

Las bóvedas de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña sirvieron también de escenario para conocer una representación significativa de la producción artística cubana de los últimos años. Los artistas, entre los que se pudieran mencionar a Jorge López Pardo, Tamara Campos, Julio Neira, Michel Pérez, Choco y Lorena Gutiérrez, se expresaron de manera individual ya bien inspirados en la consigna de la Bienal y la función del arte en la esfera pública, o bien desde la reafirmación de sus propuestas ideoestéticas.

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Entre las exposiciones que mayores resonancias tuvieron dentro del máximo evento de las artes plásticas en Cuba llegó a la Isla CIFO: Una mirada múltiple, compendio de 85 piezas de la Fundación Cisneros-Fontanals. Con este proyecto, por primera vez, se mostraba fuera de los EE.UU. una selección tan amplia de los fondos de la institución miamense. La mayor parte de la muestra estuvo constituida por piezas de gran formato de artistas de tres continentes, representantes de corrientes tan diversas como el arte povera y la escuela de Dusseldorf.

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Como parte de la selección de CIFO, se mostró en Bellas Artes una pieza que recoge la memoria del primer performance de la serbia Marina Abramovic y otra obra del mexicano Gabriel Orozco, dos de los invitados extranjeros más sobresalientes en la Bienal habanera. Ambos ofrecieron talleres y conversatorios en la Universidad de las Artes durante su estancia en Cuba. Abramovic presentó en esta capital el documental The artist is present, basado en una intervención reciente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, al tiempo que Orozco trabajó con estudiantes de la escuela en la edificación de la antigua Escuela de Ballet.

En el marco de la Bienal, el ISA le otorgó a Marina Abramovic el doctorado Honoris Causa, título que le fuera conferido también a otro de los genios del performace contemporáneo, el austriaco Herman Nitsch. Este último presentó, especialmente en La Habana, una versión de su famosa pieza Aktion 5 con la colaboración de alumnos de diferentes especialidades de las escuelas de Cubanacán.

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Invitados por la Bienal, también presentaron lo más reciente de su creación artistas de amplio reconocimiento internacional, como el fotógrafo Andrés Serrano y los rusos Ilya y Emilia Kavakov, quienes presentaron en el Castillo de la Fuerza, y con la participación de niños de la comunidad de la Habana Vieja, El barco de la tolerancia, una obra que ha viajado ya por varios países del mundo.

Alrededor de 400 proyectos fueron inaugurados en la Capital cubana con motivo de la Bienal, un evento que pugna por adaptarse a las exigencias de un entorno cultural en constante cambio a partir de los nuevos acercamientos y retos que impone el avance de las tecnologías. No obstante, la masividad de las propuestas —dentro de las que se incluyen, además, numerosas acciones independientes de otros artistas en sus estudios, talleres, etc.— ha sido uno de los filones más polémicos de este evento. Un espectador común, incluso un espectador avezado, no es capaz de consumir una cantidad tan abrumadora de propuestas, según advierten algunos críticos y especialistas.

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II

Aunque en la Oncena Bienal enfocaron sus esfuerzos la mayoría de los artistas radicados en la Capital, el movimiento de las artes plásticas no se ciñó solamente a lo acontecido durante el evento. Entre las exposiciones de mayores resonancias del año estuvo Mímesis, muestra antológica del pintor y crítico Manuel López Oliva, que ocupó a partir del 27 de enero hasta el 13 de abril una de las salas transitorias del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). La exposición, que reunió las piezas más importantes creadas por el artista en las últimas dos décadas, trascendió la sala de exhibición, para propiciar el intercambio del pintor con el público y la reflexión sobre el arte cubano. De este modo, se estima que Mímesis haya sido una de las muestras de un autor cubano más visitadas este año y una de las que mayores ecos tuvo en la prensa local.

De las exhibiciones personales acogidas por el Museo, la de Ernesto Fernández, Premio Nacional de Artes Plásticas 2010, resaltó como otra de las más importantes este año. Bajo el título La fotografía y la memoria, el artista reunió un conjunto de las piezas emblemáticas de su quehacer durante más de cuatro décadas en el país.

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Las muestras del arte extranjero en el MNBA tuvieron también gran impacto y acogida de público, sobre todo a partir de una estrategia desarrollada por la institución que incluye el trabajo con la comunidad, la concepción de una serie de actividades para la etapa estival y la programación de visitas guiadas y encuentros con curadores. Además de la presencia en Cuba de los dibujos de Vladimir Velicovik y las esculturas de Pascal Maíz, tuvieron enorme aceptación las muestras de Pintura holandesa y belga del siglo XIX, la exposición Los pintores de Artal, la selección de pintura tradicional china y la dedicada a la naturaleza muerta como motivo en las obras de arte, con la cual cierra el 2012 el Museo.

A las puertas de conmemorar los cien años de su creación, Bellas Artes acogió la celebración de otros centenarios importantes para la historia de la plástica en Cuba. El pintor René Portocarrero fue homenajeado con la muestra La ciudad, sus mujeres y las fiestas populares, cuya curaduría tuvo en cuenta algunos de los temas medulares en la obra del artista que pertenecen a su producción menos conocida. Asimismo, recibió el agasajo de la institución la escultora Rita Longa con una retrospectiva conformada a partir de 28 piezas de diferentes formatos y materiales, así como la exposición Rita Longa, esa imponente mujer, una recopilación de sus objetos personales organizada por el centro de información del propio Museo. De la magia y el color, fue el título de la exposición dedicada al pintor Ruperto Jay Matamoros, una compilación de 30 piezas, entre óleos y dibujos, pertenecientes a la colección de arte popular del Museo. La obra de Mariano Rodríguez, el pintor de los gallos, puede apreciarse todavía a principios de 2013 en la sala transitoria de la institución, que organizó la muestra Vuelo y arraigo.

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En la programación de las galerías este año, resultaron significativas, las muestras organizadas por Villa Manuela de la UNEAC, entre las que podrían mencionarse Hoy mi voz tiene sonido, de la joven artista Mabel Poblet; Muros reales. Muros Virtuales, de Abel Barroso, y la colectiva Ellas sí hablan (Rachel Valdés Camejo, Katiuska Saavedra Leyva, Deborah Nofret, Marlys Fuego González, Adriana Marmorek Arango, Rocío García).

Por su parte, Galería Habana abrió sus puertas a un grupo de proyectos personales, uno de ellos la exposición No somos animales, conjunto de piezas de gran formato del Premio Nacional de Artes Plásticas Roberto Fabelo. En el mismo espacio exhibió su trabajo más reciente la pintora Rocío García, quien trabajó esta vez escenas donde las mujeres figuran como contrapartida esencial de los personajes masculinos, inspirados en la historia de Jack el Destripador. La segunda parte de Fonemas y Morfemas, proyecto de los exitosos hermanos Yoan e Iván Capote, fue inaugurada también este año en el salón de la propia galería.

Esta institución celebró, además, en noviembre la décima edición de Subasta Habana, en la cual fueron muy demandadas y vendidas a precios considerables las piezas de Cundo Bermúdez, René Portocarrero, José María Mijares y Servando Cabrera. El Arte Cubano, con 44 lotes de 33 artistas (3 académicos, 22 modernos y 8 contemporáneos) estuvo representado por significativas obras correspondientes a las décadas del 50 y 60 del siglo pasado, así como por autores consolidados más recientemente, como el fotógrafo Carlos Garaicoa.

La galería Servando Cabrera Moreno presentó, entre las muestras personales, 3 Monos, un grupo de cuadros gigantescos del artista René Peña, al tiempo que organizaba la exhibición de un conjunto de carteles del brasileño Fernando Pimenta, como parte de las actividades colaterales del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano.

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En diálogo con los eventos principales del Festival de Nuevo Cine fue abierta además, en el Pabellón Cuba, la amplia muestra Latinoamérica: imágenes de una colección, a partir de los fondos del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Casi tres décadas de la historia y el arte en el Continente pudieron apreciarse en las 70 obras de unos 50 autores de la región.

La institución dedicada al arte contemporáneo en la Isla organizó, además, en su sede de la calle Empedrado de la Habana Vieja, muestras como Disiring the real, una de las más abarcadoras representaciones de la creación contemporánea austriaca que se ha presentado hasta la fecha en Cuba. Para diciembre, coincidiendo con la conmemoración del natalicio del más internacional de los pintores cubanos, Wifredo Lam, el Centro desarrolló presentaciones de audiovisuales, conversatorios y la exposición Entre la pintura y el grabado, con 72 obras creadas entre 1941 y 1976, de las cuales 68 proceden del tesauro del MNBA y  cuatro de la colección privada del artista