La escuela del buen decir

Mario Aguirre • La Habana, Cuba

Siempre recuerdo una anécdota que tiene mucho que ver con el espíritu combativo de Raquel contra las injusticias. A finales de los años 60, Olga Andreu fue expulsada de la Biblioteca Nacional donde trabajaba porque había exhibido como libro del mes un volumen que alguien había considerado contrarrevolucionario. Entonces, Raquel la llevó como productora para Teatro Estudio.

Alguien le preguntó un día por qué había contratado a Olga si era contrarrevolucionaria. Raquel respondió con gran tranquilidad: “Si fuera contrarrevolucionaria estaría presa, si no lo está es porque, evidentemente, no se lo han probado. Y si no es revolucionaria depende de nosotros que llegue a serlo”.

Aquello me pareció una respuesta no solamente inteligente, sino totalmente orgánica, porque ella —podía equivocarse o no— siempre era consecuente con lo que pensaba, y con su manera de ver la vida, la obra artística, la obra social.

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