La película de Ana: Aplauso de crítica y público

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba

Entre los tantos proyectos que ha acariciado (y acaricia) el cineasta Fernando Pérez, hay uno que se iba a filmar tiempo atrás. En aquel momento, el director de Clandestinos (1988) me dijo: “Es para Laurita, se lo debo”. Le respondí que ya le había dado los largometrajes Hello Hemingway y Madagascar, y me replicó: “No, quiero un personaje para ella que pueda lucir todo lo que vale como actriz”.

Imagen: La Jiribilla

Quizá la vida le jugó una trastada a Fernando y fue su amigo Daniel Díaz Torres quien puso en manos de Laura de la Uz, con La película de Ana, un fragmento de la historia de una mujer (tomado de un hecho real) que le permitió a la actriz lucirse al dar vida a un ser frustrado, que sueña con actuar y lo logra de una forma singular: haciéndose pasar por una prostituta.

El premio de actuación femenina en el último Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana fue a manos de Laura y, realmente, no tenía competencia, porque la gama de matices que ofrece —tristeza, melancolía, furia, alegría— resulta tan creíble que nadie discutió su Coral en ese apartado. Pienso que esa es hasta ahora —¡quién sabe lo que interpretará mañana!— la “película de Laura”.

Sin embargo, la interpretación de la reconocida actriz, no puede opacar la dirección de Daniel Díaz Torres (Alicia en el pueblo maravillas, 1995; Quiéreme y verás (1997); Kleines Tropicana, 2000 y Lisanka, 2009) quien, por primera vez, alcanza un aplauso casi unánime de crítica y público. La película de Ana ocupó el segundo lugar en el premio de la popularidad, una altísima votación si se tiene en cuenta que la cinta no se proyectó en el cine Payret, un lugar que le concedería muchísimos votos. Mereció, además, el premio de distribución en territorio venezolano por parte de Amazonia Films y el que concede el Círculo de Periodistas Culturales de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

Con mano certera, el director logró una impecable actuación de   Yuliet Cruz y muy buenas interpretaciones de Paula Alí, Tomás Cao, Blanca Rosa Blanco, Enrique Molina, el austriaco Michael Ostrowski y el alemán Tobias Langhoff.

Imagen: La Jiribilla

El guion, también merecedor de un Coral, fue elaborado a cuatro manos por Eduardo del Llano y el propio Daniel. Se adentra con una mirada profunda, y a la vez hilarante, en asuntos complejos muy abordados —y no siempre con suerte— en la cinematografía cubana más contemporánea.

La cinta es una coproducción de Cuba, Austria y Panamá. La fotografía corrió a cargo de Raúl Pérez Ureta, la edición de Manuel Iglesias, la dirección de arte de Aramís Balebona, el sonido de Esteban Vázquez, Osmany Olivares se encargo del diseño de banda sonora y la música original es de Lucía Huergo. La composición del staff garantiza que cada rubro de la película esté lleno de momentos logrados.

Para mí, el mayor mérito del largometraje está en que logra despertar la risa no con el chiste fácil, sino con acciones que hacen pensar. Esta vez Daniel, uno de los cineastas más gentiles de Cuba, logró redondear una historia y entregarla a un público que se reconoce en la pantalla, y cuando abandona el cine sigue pensando en propuestas éticas logradas desde el arte, no a partir del didactismo que tanto daño hace al buen cine.

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