La película de Ana
(Fragmentos del guion)

Eduardo del Llano, Daniel Díaz Torres • La Habana, Cuba

SEC. 3  EDIFICIO PELUQUERÍA DE MAGALI. EXT. DIA.

Un garaje adaptado como vivienda y peluquería. Un anuncio, bajo un tubo de luz fría coloreado: “Magali, peluquería de peinados finos”, y una pintura de dudoso aire naïf publicita los cabellos de una morena criolla. Ana entra a cuadro, se detiene y escucha voces. Va a tocar en la puerta entreabierta y se apaga la luz. Exclamaciones. Pero es solo dentro del local. El resto del edificio sigue alumbrado, incluido el anuncio, que queda parpadeando. Ana da unos pasos atrás y entonces sale de espaldas Magali, la vecina de Ana, de unos 40 años. Calza unas chancletas con plataforma alta y lleva un palo de escoba en la mano, mientras se dirige a alguien que permanece en el local a oscuras...

Magali: Esto es un segundito... ¡No se pueden poner las dos secadoras juntas! (se vira y tropieza con Ana) Ay, Anita, la misma salación con la corriente (la examina cariñosa pero críticamente) Tienes que hacerte algo en ese pelo.

Ana: Yo venía por los pomos de agua, Maga...y el yogur.

Desde dentro del garaje llega la voz de una muchacha.

Flavia (Off): ¡Magali! ¡Que estamos apuradas!

Magali (a Ana): Es un segundito... deja que cambie los tapones.

Y con el palo de escoba, golpea el tubo de luz fría, arreglándolo. Corre hacia un pasillo.

Ana se asoma al garaje. Dentro, en la penumbra, está Flavia, una muchacha de unos 25 años. Su belleza no la opaca el gorro plástico que envuelve su cabeza. Lleva un ajustado pulóver rojo que muestra a un canguro saltando y un letrero que dice: Austria. Conversa con  otra chica de su misma edad, aunque de aspecto más vulgar.

Flavia: Ella es buena, pero ¡qué lenta es, por tu vida! Bueno, lo que te decía: apenas el tipo empiece a vestirse, corres y te enjuagas bien la boca, con miel y limón, como si tuvieras gripe. Pero enseguida, porque si no, te queda ese mal gusto, y luego la comida no te sabe a nada.

Flavia se fija en Ana, achica los ojos y la saluda, moviendo la mano. Ana la imita, reticente; las mira con educación, pero manteniendo distancias. Flavia va a seguir su diálogo con la amiga (Katia), que no deja de mirar de reojo a Ana… hasta que se dirige a ella.

Katia: ¿Quiénes ganan al final, los españoles o los indios?

Ana no contesta. Parece incómoda con la situación.

Flavia (a Ana): Perdónala.

Katia: ¿Qué dije? Porque yo la Aventura la he visto salteada...

Flavia: Los indios siempre perdieron con los españoles, mi amor,  por culpa de una india jinetera, la Malinche, ¿verdad o mentira, Annia?

Ana: Ana...y la Aventura es también para niños, así que esa no sale.

Flavia: Ah... (a Katia) Pero hay que estudiar, mi vida. Conozco a una que se fue para un país árabe, y se embarcó: onda de harén que tú conoces. Las hay que ni saben dónde queda Grecia, tú, que vergüenza (mira el reloj y grita: “іMagali!”)

Se escucha a Magali discutiendo. Flavia se asoma, seguida por Katia. Magali regresa.

Magali (a Ana primero): Ahora te doy lo tuyo (a Flavia) ¿Tú sabes que yo no podría? A mí si me filman, me entra un tembleque.

Katia: Pues mira, que es pá pensarlo, según lo que den, ¿no?

Magali entra. Ana se queda como testigo incómodo del diálogo de las amigas.

Flavia: No seas fuera'e vista, niña. Tú nunca sabes pá qué van a coger eso. Que me coja yo parándome alante de una cámara. ¿O se te olvidó lo de Patty la Bella, que la enmarañaron con una película de relajo? Quinientos fulas no valen que te zumben pa´Manto Negro o te devuelvan a Cacocum.

Katia: Yo soy de Aura, en Holguín; pero tengo unos tíos ahí mismito, en Alquízar…y si es una entrevista, como en el noticiero…

Flavia (paciente): Aprende que lo de abajo es para el marketing, pero esto (le da unas cachetadas en la mejilla) ni se compra ni se vende (A Ana) La artista sabe de lo que hablo. Yo desde lo de Varadero estoy más señalada que un prieto en una orgía sueca

Flavia mira a Ana, con complicidad, quien devuelve una rígida sonrisa de compromiso. La luz vuelve. Magali se asoma triunfal, con un pomo plástico grande y una bolsa, que le entrega a Ana. Operativa, se dirige a Flavia, quitándole el gorro. Tiene el pelo corto, teñido de rubio con una veta azul. Y entran de nuevo al garaje.

Flavia (Off): Así se pela Angelina Jolie...

Ana queda fuera, sola, contemplando el anuncio, que vuelve a parpadear…cada vez más…

 

SEC. 4  SALA DE LA CASA DE ANA. INT. DÍA.

Reloj de pared avanza con su “tic-tac”. Hay risas y murmullos alegres. Tostadas, tazas de café con leche, frutas, pozuelos con natilla: es un desayuno tardío y fuera de lo común. Se escucha a alguien mencionar que se llama brunch, mezcla de breakfast con lunch. Es Richard, de unos 40 años, algo pasado de peso, pero aún con buena presencia. Hay ahora una cama extensible en la sala. Ana se concentra en mordisquear una tostada; trata de ignorar a su cuñado, que le dirige miradas intencionadas. Vergara besa a Ana, apresurado.

Ana: ¿No puedo ir contigo? No tengo Aventuras hasta pasado mañana.

VERGARA (coge un plátano): Muñuñi, la filmación es en una cooperativa de Melena del Sur...y el yipi va repleto.

El cuñado va a abrir el refrigerador, pero atiende a lo que ha dicho Vergara.

Richard: Melena del Sur...qué casualidad (abre el refrigerador) Ah...perdón.

Dulce: Desde hace como un año es el guardarropa de la diva.

Vergara sale, con esquivo apuro, tras un “operativo” beso final a Ana.

Carmita: Dulce, ve donde Magali y trae dos pomos de agua fría...

Richard: Oigan, a mí me da igual tomar agua del tiempo...me recuerda cuando fui becado... allá por Melena del Sur...

La mamá hace un gesto de insistencia con Dulce.

Dulce (a su hijo): Riki, dale a casa de Magali... son los pomos de dos litros... (y ante un gesto de protesta del niño...)¡Dale!                                  

El niño obedece, gruñendo. Y Richard le sonríe complacido a Ana, a quien se dirige.

Richard: Hace dos años la compañía para la que trabajo en Miami me mandó a Honduras para instalar unas bombas de agua. Colometa de Guachinango...el culo del mundo. Fueron tres dias de cantimplora y agua caliente...Y eso sí era miseria...y un racismo con los indígenas…

El secundario del reloj se estanca… el “tic-tic” parece repercutir sobre todo en Ana…

Ana (aparta su taza, lentamente): ¡Qué interesante!

El “tic-tic”… Hay un silencio incómodo... que decide aliviar Richard.

Richard: Yo no estoy de acuerdo con esto… y ustedes lo saben. Pero allá afuera se exagera mucho, es la verdad. Miren... yo quisiera ayudar... y por favor, no me digan que no... Yo quisiera ayudar a la compra del refrigerador…

Nuevo silencio, contaminado de alegría en la madre y la hermana. Y de rabia en Ana.

Carmita: Ay, que pena, Richard... pero es que...como estamos, la ayuda va a tener que ser completa.

Ana hunde la cucharita de postre en un pozuelo de natilla. El “tic-tic” parece subir de volumen.

Ana: No hace falta, mamá.

Dulce: Ah, ¿no? ¿Y entonces quién lo va a comprar? ¿Tú?

Ana vacila. Ha hablado con orgullo, y ahora se siente emplazada.

Dulce (cont'd): Es que lo de ella es de película en película: miles de dólares...

Sin saberlo, la hermana ha proporcionado la idea salvadora…

Ana: Pues resulta que sí. Voy a trabajar en una película.

Hermana: No me digas. ¿Cine pobre?

Ana: Una coproducción. Con... Francia y Alemania. Ya hice el casting… Y en unos días me van a pagar un adelanto. Quería darles la sorpresa.

Madre: Ay, mija...

La madre la abraza. A pesar de sus ácidas palabras, la hermana está impresionada. Y Richard también… Ahora suena el “tic-tac” del reloj, que ha retomado su marcha.

 

SEC. 5  PELUQUERIA DE MAGALI. INT. DIA

Una máquina cortadora de caña en plena actividad, avanzando hacia cámara en un campo; pero solo se escucha el ocasional chasquido de unas tijeras y la voz de Magali.

Magali (Off): No sufras con lo que otros gozan y ocúpate de ti, mira esas greñas… te has abandonado mucho. Yo no te puedo ayudar con dinero, pero tú vas a ver cómo te cambia la suerte con el pelo arreglado... eh, ¿eso no es de Vergara?

Ana “recortada” contra la pantalla del televisor, mientras Magali le trajina el cabello.

Ana: No, creo que no.

Pero la mente de Ana está en otro lado... Mira la TV, donde de pronto aparecen tres breves entrevistas (en blanco y negro) a mujeres con rebuscados peinados recién hechos…

Mujer 1: ...y en cuanto me hice esto, se cayó el Muro de Berlín…

Mujer 2 (tocándose el peinado): ...y al otro día, me llegó el Bombo y me fui pa´l Norte…

Mujer 3 (sonriente): Mi marido me dejó y me cambió la vida!

Ana (contempla en el espejo su pelo): Magali, esa muchacha, Flavia...

Magali: Esa ahora es que se está cuidando el pelo.

Ana: Ella… ¿no estaba por Alemania…?

Magali: Sí, y viró hace como un año. Para que veas: el marido alemán era un bruto y le caía a gaznatones y la dejó sin un quilo. ¡Cómo habrá sido la cosa, ella que estaba loca por irse! Si se hubiera arreglado antes conmigo... Pero no te preocupes. Yo aquí lo esterilizo todo.

Ana: No, no es eso... ¿me pareció oír que la querían filmar?

El documental está en los créditos finales. Se lee REALIZACIÓN: ORESTES VERGARA

Magali (parte off): ¡Era de tu marido..! Chica, ¿y ya no pinta? (señala un cuadro abstracto que cuelga en la pared, entre anuncios y fotos de modelos) Yo, aunque no entiendo nada, quiero cantidad ese cuadrito. Pero me imagino que los materiales están carísimos, peor que los tintes…

Ana (mira inexpresiva hacia el televisor): Magali…¿Tú sabes donde ella vive?

Magali pone cara de “¿Quién..?”              

              

SEC. 6  PARQUE HABANERO  EXT. DÍA.

Un parque, a pleno día. Hay niños jugando, montando bicicletas. Y se ve aparecer a dos mujeres caminando. Son Ana y Flavia. Esta última no está vestida de puta; pero por contraste, los que pasan le silban a ella.

Ana: …Pero, ¿la cosa no es solo hablar en una entrevista? Porque…no hay que acostarse con nadie, ¿no?

Flavia (con sorna): Bueno, lo puedes hacer sentada (...) Además, ese tipo no se acuesta conmigo.

Ana: Pero yo creía...

Flavia: Tengo que decir que es mi novio porque si no las otras me cogen la baja. Al tipo le interesan mis contactos, hablar conmigo, llevarme a comer... pero de aquello nada. Si yo hasta creo que es maricón. Maricón maricón, no bisexual.

Ana: Mejor así.

Flavia: Para mí, seguro… después de mi experiencia nazi… que me la busqué, porque algo me decía que el tipo era un bestia y además, vivía en casa del carajo, por allá por la Selva Negra…de cuentos de brujas fue eso…

Ana: Entonces, ¿qué me dices?

Flavia: Ahora ando con el lío de mi tía enferma... ¡Oye, que una también tiene sus problemas personales! Y Katia también me dijo que estaba  interesada en la filmadera esa.

Ana: Katia es muy bruta. Va a dar una imagen muy negativa. Y yo... estoy segura de hacerlo mejor.

Unos niños cruzan jugando con una pelota. Las dos muchachas se sientan en un banco.

Flavia (inspeccionándola): La verdad es que Dios no te bendijo con un buen tipo de puta. En eso Katia te gana de calle.

Ana: Pero yo soy actriz…

Flavia (la mira con ironía): Sí, sí… Pero lo más importante, ¿qué saco yo de toda esta historia bizca?

Ana: Mira, Flavia, no tienes idea… Si me ayudas, haré lo que me pidas. Además de parte del dinero...

Flavia (mira a Ana…y piensa): Lo del money, lo daba por sentado… pero, ¿lo que te pida dijiste? ¿Estás segura?

Ana duda... pero acaba asintiendo. La otra la mira, disfrutando el momento.

Flavia (cont'd): Entonces, quiero que me prometas... que me resolverás actuar en algo, en la televisión. Lo que sea.

Ana (que no esperaba esto): Eso es difícil... yo... no te creas, allí no tengo influencia, más bien lo contrario. Y mira Flavia, ser actriz  no es así como así, empezando por… la presencia.

Sobre Ana cae la pelota de colores. Se la devuelve seria a los niños.

Flavia: ¡Como si todas las que actúan fueran buenas actrices!  Yo conozco a más de una que entró en la televisión de espaldas. ¿Y de qué “presencia” me hablas? ¿Tú te crees que yo no puedo hacerme “la distinta”?

Ana la mira…y asiente con reticencia.

Flavia (cont'd): Trato hecho. Y me conformo con 150 de los 500...si se da la cosa...es justo, ¿no?

Ana (vacila): Es que...el refrigerador más barato vale 425...

Flavia: Mi niña, con esa miseria, ne. Pero podemos analizar otras formas de pago. Por el momento, yo llamo al austriaco. En una semana...

Ana: ¿No puede ser antes?

Flavia: Tenemos que trabajarte la imagen, mi vida. Con tu presencia, nadie se traga el cuento.

 

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