Mirtha Ibarra:

Las escuelas no hacen al artista,
pero le ayudan a encontrarse

Abel Sánchez • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Uno no sabría decir bien por qué, pero desde que entra a esta casa, siente la presencia de Titón. En los estantes de libros, en los cuadros sobre las paredes, en los retratos, en los ojos de la mujer que tengo delante. Los mismos que le sonreían tímidamente al personaje del realizador en Hasta cierto punto, enamoraron a David en Fresa y chocolate o hicieron que Jorge Perugorría bajase de su camión en Guantanamera. Junto a ella, sobre una mesa, hay un libro enorme de Jorge Luis Borges. Borges, con su cara de ratón de biblioteca, me mira desde la cubierta. Pero no lo atiendo, no puedo apartar la vista de esta mujer que me cuenta donde empezó todo.

Porque todo esto que ahora contemplo, los libros, la actuación, Titón, la vida de Mirtha Ibarra, comenzó en la Escuela de Arte. O quizá un poco antes, en un pueblito que hoy es la capital de la provincia Mayabeque —ella se enorgullece al decirlo—, pero que en su niñez no era más que un punto perdido en las áreas verdes que rodean a La Habana: San José de las Lajas. Sin embargo, aunque la esencia ya estaba ahí, dentro de aquella muchacha, fue la Escuela de Arte quien la ayudó a sacarla fuera.Sus padres, una torcedora de tabaco y un fundidor, se oponían de lleno a que Mirtha fuese actriz, porque los artistas eran vistos como personas demasiado licenciosas. Pero ella, asegura, siempre tuvo esa fortaleza de espíritu que le ha permitido alcanzar casi todo lo que se ha propuesto. Como mismo fue la primera de su familia en irse a alfabetizar, aunque era la más pequeña de todos y los padres tampoco estaban de acuerdo, acudió a la primera convocatoria de las Escuelas de Arte.Había una atmósfera de mucha creatividad en todos los sentidos. Junto a la alfabetización, es una de las etapas más lindas de mi vida. Podías salir a caminar bajo los framboyanes y encontrarte a alguien tocando un violín o ver a un grupo leyendo un poema”.

“En aquella primera convocatoria había un ambiente muy heterogéneo —me cuenta—, sobre todo en cuanto a estratos sociales. Había gente de todo tipo, incluso había personas muy marginales que no tenían ningún interés por el arte. Por eso los primeros meses fueron muy duros. Pero la primera evaluación se hizo bastante pronto, porque la dirección de la escuela se dio cuenta de que allí había personas que no tenían condiciones artísticas ningunas, y allí esas personas quedaron eliminadas. Solo quedamos aquellos que de veras teníamos ganas de estudiar y hacernos artistas. Después de que se normalizaron las clases todo cambió.

“Había una atmósfera de mucha creatividad en todos los sentidos. Junto a la alfabetización, es una de las etapas más lindas de mi vida. Podías salir a caminar bajo los framboyanes y encontrarte a alguien tocando un violín o ver a un grupo leyendo un poema. Los estudiantes se agrupaban por afinidades intelectuales, los de plástica y de dramaturgia se acercaban unos a otros porque eran los que más leían, mientras que los músicos y los bailarines lo hacían por lo contrario”.

Imagen: La Jiribilla

Cuando llegaron, la escuela estaba en plena construcción, así que los albergaron en las casas de muchas personas ricas que habían abandonado el país. De modo que, al principio, incluso muchachos campesinos que visitaban la capital por primera vez, comían con los cubiertos de plata de la burguesía habanera. Solían jugar ping pon en una mesa que estaba afuera del edificio principal del antiguo Country Club. Mientras adentro, Ricardo Porro, Vittorio Garatti y Roberto Gottardi, proyectaban los planos de lo que serían las Escuelas.

Los alumnos de teatro anualmente hacían exámenes que consistían en llevar a escena obras clásicas, en representaciones a las que asistía toda la escuela. Tenían, además, profesores de la talla del dramaturgo Ugo Ulive o la profesora de literatura Irene Campodónico. Una noruega les enseñaba modales: a caminar, a comer, a usar los cubiertos, a sentarse correctamente. Practicaban esgrima, expresión corporal, ballet clásico y gimnasia. Y recibían lecciones de Historia de la Sociedad, Historia de la Filosofía, Literatura Universal, Literatura Cubana, así hasta completar una formación casi equiparable a un nivel universitario.

“Tenía un grupo de amigas que nos levantábamos a leer después de las 12 de la noche —recuerda—, cuando todos se habían acostado. Algunas nos escondíamos dentro de un closet, otras en la bañadera o el garaje, para que no vieran la luz con la que leíamos. A la mañana siguiente conversábamos sobre lo que habíamos leído. Antes de entrar ahí yo ni siquiera había leído a Corín Tellado.

“También pasamos momentos muy duros. Por ejemplo, en el 64 cuando vino la purga de los homosexuales. Para nosotros fue muy terrible porque personas de mi grupo con excelentes calificaciones y mucho talento fueron separadas. Algunas amigas y yo nos opusimos a eso, es uno de los momentos de mi vida que recuerdo con más orgullo, porque aun siendo una guajira de San José de las Lajas, pude darme cuenta de que aquello era muy injusto y de que se iba a rectificar. En los grandes procesos históricos se hacen cosas muy bellas, pero también se cometen injusticias”.

Después de graduarse impartió clases a estudiantes de primer año, paralelamente a su trabajo como actriz. Algo realmente extenuante porque los dos trabajos demandan bastante tiempo y sacrificio, al menos si uno quiere hacerlos bien. Por eso, luego de que sus alumnos terminaron el primer curso, comprendió que no podía llevar las dos actividades al mismo tiempo y decidió dedicarse por entero a su carrera en la actuación, a fin de cuentas, eso era lo que siempre había querido. Le debo mucho a la Escuela de Arte .
Ante todo, mi rigor disciplinario, todavía hoy soy una persona estrictamente puntual, siempre llego media hora antes a los lugares.
Eso se debe a que allí cerraban las puertas a las ocho menos cinco y si te quedabas afuera perdías la clase, por tanto, sufrías mucho si llegabas tarde.”

“Le debo mucho a la Escuela de Arte —confiesa. Ante todo, mi rigor disciplinario, todavía hoy soy una persona estrictamente puntual, siempre llego media hora antes a los lugares. Eso se debe a que allí cerraban las puertas a las ocho menos cinco y si te quedabas afuera perdías la clase, por tanto, sufrías mucho si llegabas tarde. En segundo lugar, le debo mi gran amor por la cultura y le agradezco que hiciera de mí una actriz.

“En mi época no se evaluaba a los aspirantes a la escuela de actuación por su belleza, sino por su talento y sensibilidad. No estoy segura de que algunos parámetros usados actualmente sean los más fiables. Lo digo por experiencias que he tenido. Por ejemplo, yo preparé a Laura de la Uz, una muchacha con muchísimo talento pero que en aquel momento no era una mujer bella como ahora, y sin embargo, en el examen la suspendieron”.

Aunque las escuelas no hacen actores, Mirtha lo sabe muy bien, esta les enseña las vías para encontrarse, pero el camino depende de ellos, en la medida en que se descubran. Porque, asegura, cuando un actor caracteriza a sus personajes también hay una búsqueda de la propia identidad. Cada nuevo personaje lo enfrenta a un ser humano desconocido y, en el proceso de llegar a conocerle, también se descubre a sí mismo. Por eso es una carrera de constante aprendizaje:

“La escuela te proporciona la técnica que te ayudará a encontrar ese equilibrio y coherencia que debe existir entre: lo emocional, la intuición, la improvisación y la inspiración, por una parte; y lo racional, el cálculo y la técnica, por otra. Este equilibrio va a fluir de forma inconsciente, sin proponérselo, cuando el actor logre encontrar la esencia del personaje”.

Comentarios

Mirta siempre encuentra las palabras exactas. Muy bonito su relato. Desde aquí la seguimos admirando, una gran actriz y valiosísima persona. Ojalá siga triunfando.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato